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lunes, 29 de octubre de 2018

Dos poemas de Charles Simic





MENÚ DEL DÍA

Señor, sólo nos queda
una cuchara y un cuenco vacío
del que servirse
grandes sorbos de nada

y pretender que eso que come
es una sopa espesa, oscura
un potaje humeante
en el cuenco vacío.




LA MÉDIUM

Esta mesa redonda era de una mujer
que convocaba a visitantes fantasmales
y transmitía sus crípticos mensajes
a los presentes, que se daban la mano en círculo,
con los rostros iluminados vagamente por una vela,

esperando sentir al ser amado
o al menos escuchar esa voz familiar
saludarnos de nuevo, revelar un secreto
desde el otro lado de la tumba,
hacer que algún oyente se tape los oídos
otro rompa a llorar,

mientras al otro lado de las gruesas cortinas
comienzan a caer copos de nieve
sobre la noche oscura, fría y silenciosa,
cada cual decidido a enterrar algo,
no importa cuán pequeño ni cuán grande.




De El lunático (Vaso Roto, 2017)
Traducción de Jordi Doce.

viernes, 24 de agosto de 2018

Charles Simic - Tres fragmentos



Uno querría escribir un poema tan bien acabado que hiciera honor a la tradición representada por Emily Dickinson, Ezra Pound y Wallace Stevens, por nombrar tan sólo a algunos maestros.

Por otra parte, uno espera superar esa tradición, revolucionarla, ponerla del revés, y encontrar un espacio vital propio.

Uno querría también entretener al lector con ayuda de deslumbrantes metáforas, arrebatos de imaginación y declaraciones desgarradoras.

Por otra parte, la mayor parte del tiempo uno no tiene ni idea de lo que hace. Las palabras hacen el amor en la página como moscas en el calor del verano, y el poema le debe tanto a la casualidad como a la intención. Probablemente incluso más.




El consejo del realista es: abre los ojos y mira. Los defensores de la imaginación aconsejan: cierra los ojos para ver mejor. Hay una verdad que se percibe con los ojos abiertos y otra a la que se accede con los cerrados, y a veces estas dos verdades no se reconocen cuando se cruzan por la calle.




Estamos en el año 1942 o 1943 y éste es uno de los primeros recuerdos que conservo. Creo que era invierno. Mi madre me llevó a la ópera, a una representación de Las bodas de Fígaro, de Mozart. En el primer acto, Susana y Fígaro se encentran en un salón dieciochesco, paseando de un lado para otro. En algunas mesas hay candelabros con velas encendidas. En un momento dado, Susana roza una de las largas velas y el largo chal que lleva sobre los hombros se incendia. El público grita. La cantante deja de cantar y se lleva las manos a la cabeza horrorizada, mientras las llamas se propagan cada vez más. Fígaro, sin alterarse, tira del chal, lo deja en el suelo y lo pisotea como si fuera un bailaor flamenco. Y en ningún momento deja de cantar esa preciosa música...



De Una mosca en la sopa. Memorias (Vaso Roto, 2010)
Traducción de Jaime Blasco

viernes, 26 de febrero de 2016

Charles Simic - Donde el azar y la necesidad coinciden



EL HOMBRE DEL BASURERO

Su aspecto era como el que imagino tendría Bartleby el día en que renunció a su trabajo para mirar la pared desnuda frente a la ventana de la oficina.
     Siempre hay hombres así en las ciudades. Vagabundos solitarios con gabardinas pasadas de moda hace mucho, sentados en los restaurantes modestos y en las cafeterías de calles laterales comiendo un pedazo de pastel blando. Son mortalmente pálidos, de ojos cansados, con las solapas llenas de migajas. Alguna vez fueron otra cosa; pero ahora trabajan como mensajeros. Suben diez pisos por las escaleras eléctricas si los levadores no funcionan, con sobres amarillos bajo el brazo. Aun en el verano meten las manos en los bolsillos. Y Cornell podría ser cualquiera de ellos.
Era descendiente de una vieja familia holandesa de Nueva York, venida a menos tras la muerte prematura del padre. Vivía con su madre y su hermano inválido, en una casita prefabricada en Utopia Parkway, en Queens; y vagaba por Manhattan de manera, al parecer, despreocupada. Devoto de Christian Science, era un recluso y un excéntrico admirador de los escritos de los románticos franceses y de los poetas simbolistas. Su gran héroe fue Gérard de Nerval, famoso porque caminaba por las calles de París con una langosta viva amarrada a una correa.



DONDE EL AZAR Y LA NECESIDAD COINCIDEN

En algún lugar de la ciudad de Nueva York hay tres o cuatro objetos aún desconocidos que embonan uno con otro. Cuando estén juntos serán una obra de arte. Tal es la premisa de Cornell, su metafísica y su religión; la deseo entender.
     Sale de su casa e Utopia Parkway sin saber qué busca ni qué encontrará. Hoy, podría tratarse de algo tan común e interesante como un viejo dedal. Tal vez pasen años antes de que encuentre compañía. Mientras, Cornell camina y busca. La ciudad tiene un número infinito de objetos interesantes en un número infinito de lugares inusitados.



TERRA INCÓGNITA

América está aún por descubrirse. Sus vagabundos y poetas son parecidos a los antiguos navegantes cuando emprendían viajes de exploración. Hasta en sus ciudades hay espacios que los cartógrafos dejaron en blanco.
     Esta tarde se trata de un cine donde, por alguna razón, pasan dos películas de horror en blanco y negro. En ellas siempre anochece. Alguien está completamente solo en un lugar donde no debería estarlo. Si hay alguna casa debe ser la única, ni una más alrededor. Si hay algún camino debe estar desierto. Los árboles son desnudos o, si tienen hojas, se agitan tenebrosamente. El cielo tiene todavía un poco de luz grisácea. Es esa luz donde aun las propias manos parecen ajenas, de algún extraño.
     Al salir de nuevo a la calle, el hombre de traje blanco que dobla la esquina podría ser el fantasma del difunto poeta Frank O’Hara.   



LA VERDAD DE LA POESÍA

Un juguete es una trampa para soñadores. Un verdadero juguete es un objeto poético.
     Hay una escultura temprana de Giacometti llamada Palacio a las 4 A.M. (1932). No consta sino de unos cuantos palitos acomodados sobre un andamiaje limpio; el título la vuelve más fantasmagórica e inolvidable. Giacometti decía que era la casa soñada, para él y la mujer que amaba.
     Un niño conoce tales sueños. Sueños donde los objetos se renombran y a los cuales se inviste de vidas imaginarias. Un guijarro se convierte en ser humano. Dos palitos apoyados uno contra otro forman una casa. En ese mundo se juega a ser otro.
     Eso es lo que busca Cornell, también. Cómo construir un vehículo para el ensueño, un objeto que enriquezca la imaginación del espectador y lo acompañe siempre.



NUESTRO ANGELICAL ANCESTRO

Rimbaud debió haber viajado a Estados Unidos y no a Lago Chad. Tendría  cien años y exploraría las tiendas de descuento. ¿No dijo acaso que le gustaban las pinturas estúpidas, los letreros, los grabados populares, los libros eróticos con faltas de ortografía, las novelas de las abuelas.
     Arthur, pobre chico, habrías caminado a lo largo de la Calle 14 y escrito muchas más “Illuminations”.

     Poesía: tres zapatos distintos a la entrada de un callejón oscuro. 



CAJA DE CERILLOS CON MOSCA ADENTRO

Caja de sombras
caja de música
caja de píldoras
caja con rompecabezas dentro
caja con pequeños cajoncitos,
caja de navegación
caja de alhajas
caja de marinero
caja de mariposas
caja llena de recuerdos de un viaje por el mar
prisión mágica
caja vacía



De Alquimia de tendajón (UNAM, 1996)
Traducción de Elisa Ramírez Castañeda




sábado, 12 de diciembre de 2015

Charles Simic - Ars Poetica



Ariadna toca las teclas del piano una por una, como en un funeral bajo la lluvia. Teseo quiere algo que se pueda bailar. El Minotauro, a quien todo el mundo llama zopenco, asiente alegremente con la cabeza.



La historia es un libro de recetas. Los tiranos son los chefs. Los filósofos redactan las cartas. Los curas hacen de camareros. Los gorilas son gente del ejército. Los cantos que oyes son los poetas lavando los platos en la cocina.



La compasión bondadosa de un solo ser humano por otro en tiempos de odio y violencia masivos merece más respeto que los sermones de todas las iglesias desde que el mundo es mundo.



No olvidemos que también Romeo y Julieta solían tirarse pedos y rascarse el culo de vez en cuando.



La religión: convertir el misterio del ser en una figura que se parece a nuestro abuelo sentado en el orinal.



Poema corto: sé breve y dínoslo todo.



Toda mi vida me he esforzado en crear una pequeña verdad a partir de infinidad de errores.



Soñé que Dios me pedía un texto de solapa para su creación.



Cada objeto un espejo.



La forma es el lado visible del contenido. El modo en que el contenido se manifiesta. Forma: tiempo que se torna espacio y espacio que se torna tiempo simultáneamente.



Vanguardismo: ver la historia del arte en términos de “progreso”. El futuro como algo superior al pasado, etcétera. Para los conservadores literarios es al revés. Hubo antaño una edad de oro…, no somos sino enanos subidos a lomos de gigantes, etcétera.



Quiero mostrarles a los lectores que las cosas más familiares que les rodean son ininteligibles.



La poesía es un modo de conocimiento, pero la mayor parte de la poesía nos dice lo que ya sabemos.



Ars poetica: me comí las gallinas blancas y dejé la carretilla roja bajo la lluvia.



En ningún otro siglo, en ninguna otra literatura del pasado, ha tenido la imagen tanta importancia. En la edad de la ideología y la publicidad también el poeta confía más en los ojos que en el oído.



Ser poeta es sentirse un poco como un monociclista en un desierto, un mago pornográfico actuando en un rincón de la iglesia durante la misa, una drag queen asistiendo a clases nocturnas y lanzando besitos al profesor.



Mi alumno Jeff McRae dice: "La vida en el mejor de los casos es una hermosa tristeza".



Las factorías de huérfanos y las granjas de cabezas de turco constituyen la industria principal de los Balcanes.



El nacionalismo es amar el olor de nuestra mierda colectiva.



Ser bilingüe es darse cuenta de que el nombre y la cosa no están ligados de manera intrínseca. Es posible caer en un agujero oscuro entre lenguas. Me pasa con el serbio, que he dejado de hablar con fluidez. Sigo esperando encontrar una palabra, pues sé que allí hubo una palabra alguna vez, pero en su lugar encuentro un agujero y un silencio.



Lo que el poeta lírico quiere es convertir su fragmento de tiempo en eternidad. Es como ir al banco y esperar que te den un millón de dólares a cambio de tus cinco céntimos.



De El monstruo ama su laberinto (Vaso Roto, 2015)
Traducción de Jordi Doce


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cuatro poemas de Charles Simic


PREGUNTA A TU ASTRÓLOGO

Mis estrellas son culpables de negligencia benigna.
No me procuran riquezas
pero tampoco incendian mi casa.
me han dejado a medio camino
entre la buena y la mala suerte.

Es una situación que no puedo tratar con ligereza.
Estoy nervioso. Miro sobre mi hombro.
Allí va un aprovechado
pisando las sombras de los peatones
como si fueran ratones escurridizos.

Tengo que entrar en una iglesia para evitarle.
A Dios, que se ha retirado
con sus heridas a un rincón,
ahí afuera el mundo es un enigma
que ni siquiera tú puedes resolver.

Después, sin peligro a la vista, corro a comprar
el periódico y leo mi horóscopo:
una ración de disgustos menores y pequeñas
satisfacciones, eso es lo que me toca esta semana,
a no ser, por supuesto, que mi astrólogo lo arruine.



EL BLUES DE LA MAÑANA NEVADA

El traductor es un lector atento.
Lleva gafas gruesas
mientras echa un vistazo por la ventana
hacia los campos y los arbustos nevados
que son como una hoja de papel
cubierta con rápidos garabatos
en un idioma que conoce lo suficiente
sin entender una palabra,

solo lo que los ojos ven
y el corazón en su lengua intuye.
Es tanto el silencio, ni siquiera el débil
susurro de una página volteada
en un diccionario blanco y sin palabras
para que el traductor aproveche
antes de que cualquier palabra
se vuelva oscura al llegar la noche.



AL DESTINO

Siempre fuiste para mí más real que Dios.
Montando el atrezo de una tragedia,
martilleando los clavos
con solo unos pocos amigos invitados a mirar.

Solo para parecer cercano hiciste coja a una chica guapa
y arrollaste a un niño con una moto.
Se me ocurren un montón de ejemplos similares.
Lo dicho: cómo ambos nos seguimos encontrando.

La máquina de chicles que predice el futuro en Chinatown
puede que tenga la respuesta,
una vieja y chirriante puerta abriéndose en una película de terror,
un paquete de cartas que olvidé en una playa.

Puedo sentir cómo te acurrucas a mi lado por la noche,
con tu aliento caliente –tus manos frías–,
y yo, como si fuera un piano antiguo colgado
de una ventana al extremo de una soga.



EL PAPEL DEL INSOMNIO EN LA HISTORIA

Los tiranos nunca duermen:
un apenado, severo
e imperturbable ojo
observa la noche.

La mente es un palacio
de paredes con espejos.
La mente es una iglesia en el campo
invadida de ratones.

Cuando llega el amanecer
los santos se arrodillan,
los tiranos alimentan sus perros
con pedazos de carne cruda.


De Mi séquito silencioso (Vaso Roto, 2014)
Traducción de Antonio Albors









miércoles, 20 de mayo de 2015

Cuatro poemas de Charles Simic



MOTEL PARAÍSO

Había millones de muertos; todos inocentes.
Me quedé en mi cuarto. El presidente
habló de la guerra como un filtro de amor.
Mis ojos desorbitados no podían creerlo.
En el espejo mi cara
me parecía una estampilla ya usada.

Vivía bien, pero la vida era espantosa.
Había tantos soldados ese día,
muchísimos refugiados llenaban los caminos.
Claro que todos desaparecieron
con mover sólo un dedo.
La historia se lamía la sangre de los labios.

En los canales de la televisión por cable, un hombre y una mujer
se comían a besos y se arrancaban la ropa, y yo mirando
con la televisión muda y el cuarto a oscuras
salvo en la pantalla donde el color se teñía
demasiado de rojo, demasiado rosado.




VERANO EN EL CAMPO

Una me enseña a acostarme en un campo de tréboles.
Otra cómo meterle la mano bajo su faldita dominguera.
Otra cómo besar con la mano llena de moras.
Otra cómo coger luciérnagas en una botella cuando oscurece.

Aquí hay un establo con una yegua negra
y una prueba de la existencia de Dios cabalgando en camisón rojo.
Hijita del Diablo –o lo que sea.
Sinvergüenza, me pide que vaya a buscarle un látigo.




FÁBRICA DE JUGUETES

Aquí trabaja mi madre,
y lo mismo mi padre.

Les toca el turno de noche.
En la cadena de montaje.
Dándole cuerda a los juguetes,
inspeccionan resortes.

Los siete muñequitos
del escuadrón de fusilamiento
apuntan sus rifles,
y los bajan muy rápido.

El que es fusilado
cae y se vuelve a parar,
cae y se vuelve a parar
con su vendita pintada en la cara.

Los sepultureros de juguete
no funcionan muy bien,
sus palas les pesan,
les pesan muchísimo.
¿Quizás así
debe ser?




CARNICERÍA

A veces, caminando de noche
me paro frente a la carnicería cerrada.
Con su luz solitaria
como la del condenado cavando su túnel.

Un delantal cuelga del gancho:
embadurnado por continentes inmensos
mapas de sangre,
los grandes ríos y océanos de sangre.

Hay cuchillos que brillan como altares
en una iglesia oscura
donde traen al inválido y al imbécil
para curarlos.

Ahí donde quiebran los huesos en un tablón
raspado y limpio –un río seco en su cauce
donde me alimentan,
donde en lo profundo de la noche escucho una voz.



De Desarmando el silencio (Paraíso Perdido, 2006)
Traducción de Juan Carlos Galeano

viernes, 31 de octubre de 2014

Tres poemas de Charles Simic


MENTES QUE VAGAN

Mi vecina me contaba
sobre su gato ciego
que sale por las noches.
¿Adónde va?, le pregunté.

Entonces mi madre muerta llama
para que entre y me lave las manos
porque la cena está en la mesa:
el ratoncito que cazó el gato.


CONVERSACIÓN EN LA RADIO

“Tuve suerte de llevar la biblia conmigo.
Cuando los extraterrestres me raptaron…”

¡América! le grite a la radio,
¡incluso a las dos de la madrugada eres un manicomio!

¡No, rectifico!
Eres un ángel de piedra en el cementerio

escuchando a los gansos en el cielo
con tus ojos cegados por la nieve.


LOS SIGLOS

Muchos pobres infelices no dejaron rastro
de haber vivido aquí alguna vez.
Esta ponchera de plata
perteneció a una casa con torreones;
sigue en pie, aunque la rosaleda
y los abedules desaparecieron hace tiempo.

En lo profundo del bosque los muros de piedra
cuentan otra historia, la manera en que todo
lo que se predijo en sueños llegó a suceder:
la joven acurrucada en su cama,
desnuda y temblando de frío,
vistiendo aún el velo que llevó en la iglesia.

Las niñas que admiran las esferas de los relojes
en el escaparate de una joyería
aún no saben decir la hora —ni yo tampoco—.
Ven primavera, nuestros senderos están embarrados.
Las noticias del mundo exterior llegan
más rápido, pero aún nos dejan confundidos.

De Mi séquito silencioso (Vaso Roto, 2014)
Traducción de Antonio Albors

miércoles, 15 de enero de 2014

Cuatro poemas de Charles Simic


   En un bosque de signos de interrogación tú no eras mayor que un asterisco.
   ¡Oh estación de brumas! Alguien hizo sonar el cuerno de caza.
   El diccionario dijo que eras un signo que denotaba una omisión; luego, de pronto, cambiaba de tema y hablaba de “asterismos”, que supuestamente tienen que ver con cristales donde aparece una figura luminosa en forma de estrella.
   No te creíste ni una palabra. Los signos de interrogación tenían corazones de San Valentín tallados en sus troncos para que no alzaras la vista y advirtieras las sogas.
   Sogas grasientas con lazos del tamaño de un niño.

*

   Todo es predecible. Todo ha sido ya predicho. Lo predestinado no se puede evitar. Incluida esta patata hervida. Este tenedor. Este trozo de pan negro. También este pensamiento…
   Mi abuela, que barre la acera, lo sabe. Dice que no hay dios, sólo un ojo aquí y allá que ve con claridad. Los vecinos están demasiado ocupados viendo la televisión como para quemarla por bruja.

*

   ¿Son los caníbales rusos peores que los ingleses? Por supuesto. Los ingleses comen sólo los pies, los rusos el alma. “El alma es un espejismo”, le dije a Anna Alexandrovna, pero siguió comiéndose la mía de todos modos.
   “¿Como un exquisito pato confitado o como una brillante almeja en salmuera?”, pregunté. Pero ella se limitó a frotarse el vientre y a sonreírme desde el otro lado de la mesa.

*

   El muerto desciende del cadalso. Lleva su cabeza ensangrentada bajo el brazo.
   Los manzanos están en flor. El muerto se dirige a la taberna del pueblo a la vista de todo el mundo. Allí toma asiento en un rincón y pide dos cervezas, una para él y otra para su cabeza. Mi madre se limpia las manos en el delantal y le sirve.
   Qué tranquilo es el mundo. Uno puede oír el viejo río, que en su confusión a veces se olvida y fluye hacia atrás


De El mundo no se acaba (Vaso Roto, 2013)
Traducción de Jordi Doce.  

miércoles, 14 de agosto de 2013

Charles Simic - Sobre Emily Dickinson


EMILY DICKINSON :
CAJAS CHINAS Y TEATROS DE TÍTERES

La conciencia es la única casa de la que sabemos…
Dickinson


Dos imágenes me vienen a la cabeza cuando pienso en los poemas de Emily Dickinson: cajas chinas y teatros de títeres. La imagen de cajas dentro de otras cajas tiene que ver con la cosmología, y los teatros y los títeres con la psicología. Unas y otros están, por supuesto, íntimamente relacionados.
         La íntima inmensidad de la conciencia es la preocupación constante de Dickinson. La imagino sentada en su cuarto durante interminables horas, con los ojos cerrados, mirando en su interior. El hecho mismo de estar consciente ya es estar dividido, ser múltiple. Hay tantos otros yo dentro de mí. El mundo entero viene a visitarnos a nuestra recámara interna. Visiones y misterios y pensamientos secretos. “Qué extraño es todo” debe haberse dicho Dickinson.
         Todo universo está contenido dentro de otro universo. Ella abre cajas, cajas de Pandora. En una encuentra el terror; el sobrecogimiento y el éxtasis en la siguiente. No puede apartarse de las cajas. Su imaginación y su amor por la verdad conspiran contra ella. Hay tantas cajas. De vez en cuando debe haber creído que ya había llegado a la última caja, pero al mirarla con atención ésta revelaba que todavía contenía una caja más. Las apariencias engañan. Ésa es la lección. Ella era víctima de un truco como los somos todos los que deseamos llegar a la verdad de las cosas.
         “Cómo es arriba, es abajo” afirmaba Hermes Trismegisto. Emerson pensaba lo mismo. Creía que la lucidez y el incremento de nuestra comprensión serían consecuencia de esa ley fundamental de nuestro ser. La experiencia del yo que Dickinson tenía era muy distinta. Para ella el yo era el punto de encuentro con paradojas, oximorones e infinitas ambigüedades. Y a todos les daba la bienvenida de la misma manera en que Emerson acogía sus certezas. “Lo imposible, al igual que el vino, estimula”, nos dice ella.
         ¿Creía ella en Dios? Sí y no.
      ¿Quizás Dios es el ingenio creador de todas estas cajas que caben una dentro de otra? Es más probable que Dios sea sólo otra caja. Ni la más pequeña ni la más grande imaginable. Hay cajas de las que ni siquiera Dios sabe nada.
         En cada caja hay un teatro. En él vemos todas las siluetas que el yo y el Mundo y el Universo infinito proyectan. Hay una obra que se encuentra en plena representación, quizá siempre es la misma obra. Sólo la escenografía y el vestuario difieren en cada caja. Los títeres representan las Grandes Preguntas —o tal vez Dickinson les permitía representarse a sí mismos. Se sentaba a contemplarlos, hechizada.
         Algunos teatros tienen un decorado cristiano. En ellos está Dios y su hijo. Está la Inmortalidad y la serpiente en el Paraíso. El cielo es como un circo en uno de sus poemas. Cuando la carpa desaparece, lo que queda son kilómetros y kilómetros de vacío. Mientras tanto, la pasión y el martirologio de Emily Dickinson continúan representándose bajo la carpa y bajo el cielo abierto. En lo que a mí toca, no cabe duda que entre estos títeres ha tenido lugar un sufrimiento real.
         En otros teatros la escenografía podría haber sido pintada por de Chirico. En ellos vemos una obra de sustantivos abstractos escritos con mayúscula y personificados contra un paisaje metafísico de líneas rectas y puntos de fuga. Cifras y Álgebras pasan a los largo de “kilómetros y kilómetros de nada” mientras conversan. “La verdad es calva y helada”, dice ella. La Verdad es un maniquí espeluznante, como también lo sospechaba Sylvia Plath. Este es el teatro del terror metafísico.
La muerta está en todas las obras y también lo está esta mujer. La muerte es una especie de maestro de ceremonias que abre cajas mientras oculta otras en sus bolsillos. El yo está dividido. Dickinson se encuentra tanto en el escenario como entre el público, mirándose a sí misma. “La batalla librada entre el Alma y Ningún Hombre” es lo que todos miramos.
         Que ella logre que todo esto ocurra dentro de la breve extensión de un poema lírico es asombroso. En Dickinson encontramos un tipo de poema lírico que edifica y desmantela cosmologías. Ella sabía que tanto el poema como nuestra conciencia son un teatro. O, mejor dicho, muchos teatros.
         “Quién, salvo yo, sabe quién es Ariadna”, escribió Nietzsche. Emily lo sabía mucho mejor que él.



De El flautista en el pozo (Cal y Arena, 2011)
Traducción de Rafael Vargas