miércoles, 18 de enero de 2017

Robert Creeley - Cuevas



Gran parte de mi niñez parece
haber transcurrido en cuartos–
al menos en la memoria, las persianas

bajadas para hacerla más oscura, el
haz de luz en la orilla de la ventana.
Podía escuchar las abejas reunirse

afuera en las lilas, los pájaros piando
mientras el sol, aún alto, comenzaba a caer.
Era verano, en el cielo de un pueblo pequeño,

los campos de heno cercanos, crujir y rechinar
de las maderas, de las casas, de los árboles, perros,
los ancianos hablando, el solitario auto doblando en

alguna esquina distante de Elm Street
mucho más allá del amplio prado.
Excavábamos cuevas o las encontrábamos,

allá en el campo en los bosques. Teníamos
chozas que construíamos después de agitar
los árboles, para obtener ramas, hacíamos

refugios como tipis, frondosos, densos y
frágiles. La memoria es la cueva
en la que uno finalmente habita, se arrastra

sobre manos y rodillas para entrar.
Si Mamá dice, no pintes
en las paginas del libro, no colorees

a la pequeña persona en la imagen, entonces
no lo haces a menos que el impulso, la distracción
te lo manden y te vas flotando

en las alas de la fantasía, de la visión persistente
de aquello que has visto aquí, justo aquí,
en esta cautivadora página. ¿Puedo usar el verde,

cuando termines? Qué se supone que es eso,
alguien dice. Todos los niños se juntan
en lo que fue un cuarto vacío

donde al menos uno intentaba
tomar una siesta, estar tranquilo, no pensar
en nada más que en uno mismo.

*

Regresemos a la cueva, amigos,
y esta vez ¿lo haremos bien?

o tal vez apartado, era una
noche oscura y lluviosa cuando él

se alejó del grupo, puso
su magia a trabajar y  en

un abrir y cerrar de ojos lo tuvo ahí
el bisonte plasmado en la superficie rocosa.

Me gusta creer que pensaron,
aunque al parecer no lo hicieron, al menos

en algo, como, ¿dónde puso X los huesos?
¿qué pasará después? ¿en verdad ella, él o eso

me aman? Tal vez para eso son los perros
pero no han quedado pruebas

que indiquen que los perros son el mejor amigo de nadie, ¡ay!
Aún a pesar de todo aquí estamos, aguantando,

Masacrando todo lo que encontramos, dejando
huellas mucho más grandes que cualquier viejo mastodonte.

¿Te parece chistoso? ¿Ser posiblemente
la última criatura sobre la Tierra o en el mejor de los casos

compañía de ratas y cucarachas?
¡Debes tener mucho sentido del humor!

Como sea, ¿te has dado cuenta cómo hoy en día todo
es retro? Como si algo hubiera estado antes aquí–

o al menos esa es la historia. Yo pienso que una imagen vale más
que mil palabras y yo sé que una cueva se ajusta a cualquiera.

*

Casi como el ruido del motor de un avión
que se desvanece o el sonido distante de la carretera,

todo estaba aquí con suficiente claridad
y nadie entra a la ligera en una cueva,

ni siquiera para esconderse. Pero hacer esas cosas
en la pared, contra tantas limitantes,

trabajar en la oscuridad intermitente,
ni siquiera una luz temblorosa sostenida con firmeza,

todas esas persistentes dificultades.
No les pagaban, no que sepamos,

y nadie parece haberlos forzado.
Hay un grupo ahí, huellas

de toda clase de personas, viejos
y niños incluidos. ¿Estarían en un

picnic? No hay nada que indique
que se trate de un suceso cotidiano, recostado de espaldas con

las herramientas obtenidas del trueque
cerca y a la mano. Intenta recostarte en la oscuridad

en el piso de tu habitación y rueda
hasta llegar debajo de la cama y

dile a alguien que apague la luz.
Después, permanece ahí hasta que alguien llegue.


O pinta bajo el colchón la última
cosa que recuerdes, el rostro de un perro gruñendo

que casi te atrapa, o sólo lo que
piensas al pasar los minutos.

*

Arrastrándose a través de la odiosa
estrechez del paisaje, la altura de
la entrada, el largo, angosto y
serpenteante pasaje, la mente oscila, la luz
de la lámpara oscila, deja que la imagen proyecte
lo que pueda, lo que quiera, ve
la guerra como deseo, ve la vida como un río,
ve árboles como un bosque, a la familia como
otros, ve el respiro de un momento,
escucha el canto oculto del ave, sigue,
sigue tímido, odiándose
explotando por dentro, arrastrándose hacia adelante
imaginando que hay más, no tiene tiempo,
tiene odio, terror, poder.
No hay luz al final del túnel.

*

El guía habla de música, de
estalactitas, estalagmitas formando
un supuesto xilófono, y un asunto
parecido a un baile de fin de semana
¿cada tres o cuatro mil años? Uno
mira y mira el tiempo
es la variable, la constante
como siempre el río, perdido en el camino,
a la deriva, gira y continúa.
El residuo es finalmente silencio,
interno, la propia mente obligada
a enfocarse, como una vieja cámara
fija en su función.

Como todas las buenas preguntas,
ésta parece no tener respuesta,
deja a un lado lo que llaman
humano. Se abre camino
y toma lo que encuentra
como propio y sigue su curso.

*

Otra vez hora de ir a la
cama, apaga la luz,
relájate, acomoda
la almohada e intenta dormir.
Mañana será otro día
como lo fue hace miles
y miles de años,
incontables generaciones, incluso
las piedras parecen haber cambiado.

Los huecos en el tiempo,
los tiempos que no puedes registrar,
el esfuerzo que tomó todo
incluso crear esas imágenes,
los significados aún confusos
aunque uno reconoce
el motivo, algo se debe haber
perdido, olvidado.

Simplemente nadie enciende la luz.
Uno mismo se convierte en imagen.
El eco vuelve,
comienza de nuevo lo que terminó
justo en el momento en que fue dicho.
Nadie puede atraparlo, encontrar
algún lugar en el que nunca estuvo
con amigos que nunca tuvo.

Aquí es donde se conecta,
ningún significado que uno pueda
conocer. Aquí es donde
uno entra y esto es lo que hay que encontrar
más allá de cualquier idea o hábito,
un espacio curvo, oscuro, la piedra
y lo que sobrevive de lo que queda.


De En la tierra (Textofilia, 2008)
Traducción de Tania Favela y Jahel Leal Merediz

martes, 17 de enero de 2017

Tres poemas de Greta Montero Barra



SE AMANECE CADA DÍA CON MEJORES SENTIMIENTOS

El polvo consumió la luz que alguna vez
entró por nuestras ventanas

Con el tiempo
se han ido haciendo pequeñas grutas
subterráneas
en las alejadas tierras infértiles
que los hostiles despreciaron

A pesar de todo fueron muchos como nosotros
los que pacientemente
socavando las convicciones de otrora
logramos salir de las mazmorras
de prueba
que mantuvieron por siglos funcionando los imperios
caídos del pasado



SERÁ UN PERRO CUANDO LA DESPEDACE EN LA PRUEBA SIGUIENTE

Una noche comenzamos la invasión
nave tras nave aterrizamos sobre la superficie
picando las rocas con nuestras mandíbulas de acero
y dientes de titanio

La dulce tierra aún expelía un aroma de azahares
y enredaderas como los jazmines de Persia

Los llevamos a rastras a través de los cercos
de alambre

Teñimos sus ropas con carbón y en su frente
sellamos un código de barras

Apilamos sus cuerpos por cientos
unos sobre otros como a nosotros nos apilaban
en las bodegas de antaño

Revoloteaban sobre sus cabezas agonizantes
las moscas verdes y gordas de los basurales
y los mataderos

Después apagamos las máquinas y dormimos
plácidamente imaginando las hermosas avenidas
por las que pasearían nuestros hijos



PARA MIS FABRICANTES EN SU EXTENSA CADENA DE FAVORES

Recordaba la señora K
cuando llegaron los primeros dummies
en un artefacto de metal
que relucía a la luz del sol
como una moneda girando en el aire

Por un costado de ese objeto de plata
se abrió una puerta y apareció un muñeco
vestido con ropajes de otro tiempo
como salido de un retrato
de la era Cenozoica muy parecido
a los mamíferos del Holoceno

El viento movió las hebras de pelo rojizo
que colgaban del cráneo semidesnudo
de la señora K

La sombra del señor K se dibujaba
inmensa en el marco de la puerta

Es hora de ir al pueblo le dijo él
con voz imperativa

La señora K se quedó mirándolo en silencio

Sus ojos amarillos húmedos y dulces
evocaron el lejano y pálido fondo del mar
antes de ser expulsados de su casa

También las canciones que le cantaba
su madre cuando tenía fiebre y la nieve
que caía se quedaba enredada
entre los ganchos de los abedules

De Dummies (Ediciones Inubicalistas, 2013)


martes, 3 de enero de 2017

Tres poemas de Keijiro Suga



“Vamos, escapemos” –decía mi padre cada madrugada
y saltábamos a una bicicleta con imán y armónica de equipaje.
Las cuatro bicicletas al oeste, cruzando el silencio del amanecer,
porque sólo podíamos vivir en la región de la oscuridad,
donde las letras desaparecen y justo antes, con sus siluetas,
apenas pude construir mi corazón, pieza a pieza.
Para mi familia, tribu minimalista, había que viajar sin carga.
Poseer libros fue una paradoja, más bien, alta traición.
Renunciamos a palabras largas y frases elaboradas,
hicimos todo canción.
Juramos transformar lo abandonado, los bienes y el corazón,
y retener todo aquello en palabra y melodía.
En una canción que hasta un burro pueda aprender.
En una canción que hasta una ballena pueda cantar.
En una canción cuyo olvido (a) nadie deba avergonzar.
Una canción que sea imagen y reverberación del hogar y la tierra que no volverán.




Es importante distinguir
lo que se origina en uno mismo de lo que nos arriba
y cada cabra seguirá un camino correcto.
Origen y arribo.
A mi lado siempre otro Yo lejano
compartimos el alma bajo existencias separadas
siente el mismo sol y la misma lluvia y sonríe.
El hombre ve su vida fraccionada en etapas
mas la sola división es una forma verdadera de síntesis.
La cabra real y la ilusoria seguirán su camino
hasta coincidir en un mismo lugar, sin distinciones.
Una unión imaginaria que no deja de ser una unión.
Yo soy síntesis de escombro de carne real y sustancia imaginaria,
una calle de recuerdos desmoronados, dispersos como excremento de cabra.
Origen y arribo.
Encontrar orden en esa dispersión es una tarea de la poesía.




La de mayor potencial como cantante fue la cactácea de dos siglos de edad.
Una Señora atisba el diente azul cuando la luna cruza el meridiano.
Construyó un altar de muertos con 32 bloques de lego.
El traje es tan holgado y tan de gángster que un sacerdote arruga las cejas calcinadas.
Fue necesaria una frontera nacional y un nubarrón para liberar al grupo del rebaño.
Las hormigas anhelan teología y negocian con abejas ciertas condiciones.
Al comparar el deseo y la leche, siempre cayó el reloj de sol.
Con domar un trueno, inocente, trata de alimentar a un trébol.
Para estudiar de nuevo la teoría económica, el pastor salió del país en secreto.
Los cerros oscilantes pasean por el mercado nocturno, la economía colapsa.
Fui tras las rocas en busca de peces y sólo vi delfines calcinados.
A veces, al percibir el mar, el ahorro de sal se convierte en material de discusión.
Al quemar con un cerillo la página de un libro, las letras se tornaron fluorescentes.
El huevo duro expresa libertad con la rotación del trompo terráqueo.
Un volcán presumió a un girasol: “yo soy más duradero que tú”.
El girasol en un instante se multiplica por un millón y cerca la falda del volcán. 




De Agend'ars (Cuadrivio, 2015)
Versiones de Cristina Rascón y Eiko Minami

domingo, 1 de enero de 2017

Tres poemas de Morten Søndergaard


Dinamarca es el país más feliz, Dinamarca
tiene los más felices paracaidistas y artillería

recogedores de botellas y carniceros y tamborileros y guardianes,
los asistentes sociales más felices, los suicidas más felices,

los más felices duros de oído, pilotos, bedeles, políticos,
curas, pedófilos, los más felices consumidores de antidepresivos.

En Dinamarca se tienen los orgasmos más felices y se dan
los besos más felices. Dinamarca tiene las previsiones meteorológicas
más felices.

Dinamarca tiene las más felices putas, ganadores de lotería, los más felices
por debajo del umbral de la pobreza, los pacientes de cáncer más felices,

los divorcios más felices, Dinamarca tiene los poetas más felices
los dementes más felices, Dinamarca tiene los más felices

infelices.



QUERIDA MISS UNIVERSO:

Con los años me vuelvo más inseguro. Hace tiempo que el cinismo y la ironía se han convertido en duda y un largo y doloroso silencio al teléfono.  Los libros se encienden como lámparas en paredes calentadas por la noche, crecen nuevas palabras de las viejas, una especie de clavo ardiendo el día en que todo pasa. En la noche sobreexpuesta te insinúas y te dejas fotografiar desde todos los ángulos imaginables. Enhorabuena por el triunfo querida Miss Universo, ha sido totalmente merecido. Pero perdona que te lo diga: los poemas que escribes en la bañera, con tus pechos de niña y tu vello púbico depilado, son mucho más perversos que los míos, pues tú de verdad crees que la belleza está en el interior.



SOBERANO (ESTE BULLICIO 10)

¿Hay alguna pregunta?
estoy al aire libre

y montones de imágenes hundiéndose
se inyectan en el cerebro con fuerzas cambiantes

y tenemos que ser soberanos
cada palabra es un abracadabra

que da acceso al mundo
y las estrellas son

gotitas de sudor
que iluminan la piel de la noche

increíblemente las cosas nos sonríen
y nos hacen creer

que somos nosotros
quienes decidimos

decimos
que existen lugares

donde podemos decir lo que queramos
allí estamos ahora pero

no podemos explicarlo.


De Copenhague huele París (Nórdica, 2016)
Traducción de Daniel Sancosmed

lunes, 26 de diciembre de 2016

Dos poemas de Linda Hogan



CRUCES

Hay un lugar en el centro de la tierra
en el que un océano se disuelve dentro de otro
en un amor negro y sagrado;
por eso las ballenas de un mar
conocen canciones del otro,
por eso una cosa se transforma en otra
y la arena cae en el reloj
hacia otro tiempo.

Una vez vi un feto de ballena
en un bloque de hielo brillante.
No era ballena aún, pero tenía
la sombra de una cara humana y dedos
que le habían crecido antes de desaparecer
y convertirse en aletas.
Era un hijo del curvo
mundo del agua y ahora estaba cuadrado,
frío, diminuto.

A veces, la nostalgia 
viene cuando me acuerdo
del territorio de comienzos encontrados
cuando las ballenas vivían en la tierra
y nosotros salimos del agua
hacia nuestras vidas en el aire.

A veces, de la taza derramada de un chico
que pasó a través de todos los elementos
y entró al pliegue humano,
pero cuando le di vuelta
vi que no quería vivir
en el aire. Apenas acababa de perder
las huellas de las branquias
y ya era un miembro del clan de los cruces.
Como las mareas del agua,
quería volver.
Yo hablé a través de los elementos
mientras él se iba
y le dije, Ve.
Fue como los caballos salvajes
esa noche de niebla.
Atravesaban el río a nado.
Oscura era esa agua,
más oscuros, los caballos,
y después, ya no estaban.



MAPA

Este es el mundo
tan vasto y solitario
sin fin, con montañas
que llevan el nombre de hombres
que trajeron el hambre
de otras tierras,
y el miedo
a la selva espesa, oscura de árboles
que se sostenían los unos a los otros,
y sabían  que el fuego soñaba con tragarlos
y hablaban una lengua más vieja
y la lengua de la nación de los lobos
era el viento alrededor de los troncos.
Hasta el hielo no estaba en silencio.
Gritaba su ser quebrado
hasta calentarlo.
Pero lo llamaron
hielo, lobo, selva de palos,
como si las palabras los convirtieran en algo
que pueden sostener con las manos
enguantadas,
abrir, atravesar con caminos
y seguirlos.

Éste es el mapa del mundo abandonado
éste es el mundo sin fin
donde han separado
a las selvas de los árboles altos.
Estas son las líneas que el lobo no pudo atravesar.
Este es lo que sé por la ciencia:
que un grano de polvo habita en el centro
de cada copo
de nieve,
que el hielo puede ganarle a la tierra,
que los lobos
viven dentro de un círculo
de su propio principio.
Esto es lo que sé por la sangre:
el primer lenguaje no es el nuestro.
Hay nombres que cada cosa tiene para sí misma
y por debajo de nosotros se mueve ya el otro orden.
Está ardiendo.
Está soñando.
Se despierta.


Traducción de Márgara Averbach