Mostrando entradas con la etiqueta Mary Jo Bang. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mary Jo Bang. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de febrero de 2015

Mary Jo Bang - El papel de la elegía


El papel de la Elegía

El papel de la elegía es
Poner una máscara mortuoria en la tragedia
Una cortina en el espejo.
Caer en el debate

Sobre la estetización de la pena,
De la pérdida, de la insoportable
Imagen de lo alguna vez material
Para buscar una imaginada

Consolidación del dolor
Que pueda terminarlo todo
De una vez y cierre de verdad
El gabinete de los detalles singulares.

En su lugar está el coro interminable
La reproducción que se repite
A través de la puerta entreabierta:
Algún terrible error ha sucedido.

La elegía es el intento
De arrojar vida de nuevo
Sobre aquello que alguna vez fue
Antes de que alcance la enormidad.

Ven al escenario y sé tú mismo,
Dice el elegista a los muertos. Muestren
Ahora —después de la existencia—
Lo que estaban destinados a ser:

El intérprete de una canción en vivo.
Un zapato. Ahora el arco.
Lo que queda es esto:
La compulsión para contar.

La fugaz distracción de la tinta sobre la tela
y tallar y tallar
sin poder hacer nada.
No entonces, no pronto.

Cada día, un nuevo texto en la historieta
Finaliza lo que sencillamente no puede ser.
Uno escucha repetidas veces, el papel de la elegía es.


De Elegy 

viernes, 7 de febrero de 2014

Mary Jo Bang - Dos poemas de El claroscuro del pingüino


LA METÁFORA COMO SÍNTOMA DE DESESPERACIÓN MENTAL

Tomé el autobús a casa sólo para estar cerca del vecindario:
ropas en la soga, las alas de una blusa roja,

velas de un marzo caluroso. Una casa de dos pisos—
patio y poste de luz, hombre calvo en verde oscuro

recortando un seto. La terraza es una ilusión; la casa es una ilusión.
El cielo es un paladar, lágrimas azules.

La poda invernal—todo sigue vacío, alargado. Sí, sí,
claro que el cielo también es una taza dada vuelta sobre un alambre de púas

y un corazón roto. Los fósiles permanecen en las rocas cámbricas:
el cuerpo como boca, barriga y hueso.

Una eficiencia especial, tentacular, invertebrada
¿Eso es vivir? El caballo blanco de la estepa que vemos correr

en la nieve, incitados por una gramática que no puede oírse.
Niebla en la ventanilla del coche, un velo sobre la nada más absoluta.


GRETEL

Madre, estoy desnuda en este bosque loco de neblina.
Sólo la luna me demuestra amor.

El invierno me aplastará: brazos diminutos, pies pálidos,
lengua de óxido. Tengo mil visiones:

tú planchando un enorme vestido; comiendo
chocolate y miel, salchichas

y un durazno delicioso; el sol borracho
y relajado; la primavera estallando contra un cielo crudo

y el alarido de la tormenta; alguien corriendo.
Gritas, Vete, vete. Llévatelos, ¿sí?

Y él lo hace, a través de la carretera marítima con sus
barcos anclados en un sueño profundo. En ese lugar

de belleza complicada, es el fin del otoño
y casi todo está en calma, salvo cuando

el viento celestial sacude
la rama que había atado

a un fresno blanco ya marchito. El silencio, en sí mismo, es una estrategia,
un lenguaje de signos,

lujoso, fluido entre las manos
de aquellos que lo han aprendido en su infancia.

Sabes que no fuimos hechos
para vivir aquí, solo para aprender abandono,

renuncia, para sujetar con la manos húmedas el frío
metal de la vida, y después encontrar una forma de marcharnos.


De El claroscuro del pingüino (Kriller71 ediciones, 2013)
Traducción de Patricio Ginberg y Aníbal Cristobo