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jueves, 8 de diciembre de 2016

Tres poemas de William Carlos Williams



EL POETA Y SUS POEMAS


I

Esto es el poema:
un matiz sonoro
que opera, delicado
sobre una catarata de sentido.

Vaga. Qué imagen
estúpida. ¿Qué opera
sobre qué?
¿Cómo puede un matiz

operar sobre algo?
Todo está 
en el sonido. Una canción.
Acaso una canción. Ha de ser

una canción, hecha de
detalles: avispas,
de una genciana; algo 
inmediato, como unas tijeras

abiertas, como los ojos 
de una dama; detalles
de una canción que despierta
sobre un lecho sonoro.



II

Poetas entumecidos,
o con mentes
dubitativas, que persiguen
imágenes vagas y piensan

–tan solo porque perciben
encantadores movimientos 
en los instrumentos
de su corazón–

que poseen un don
olvidan lo que hay
que entregar a cambio, cuánto hay
que pagar y qué poco

resulta, cuando lo cuentas,
lo que el mercado
te da, a cambio,
más tarde. Hay

un misterio constante
lo mismo en la escritura
de imaginativos versos
que en el amor.



DEFENSA

Mira qué deberías hacer
tú, que me imputas placeres ilícitos a causa de la nueva poesía,
que sugieres que soy un desviado,
un marica del sentido,
tú, que me acusas
de buscar el chasquido del látigo, por
ser incapaz de gozar lo normal.
Haz lo siguiente:
admira unas mejillas rojas
con arrugas y manchas hepáticas, unos dientes amarillos
o unos falsos, si quieres, relucientes;
saca a aquella belleza a pasear
un domingo en la tarde
a un tranquilo rincón
del parque: bésala,
entrelaza tu mano trémula
con la suya, discute con ella
de las intimidades del corazón,
y deja que yo me burle, con los niños insolentes,
oculto entre los arbustos.



A MANERA DE CANCIÓN

Que la serpiente espere
bajo su cizaña
y la escritura
sea de palabras, lenta y rápida, afilada
para golpear, sosegada para esperar, insomne.

...con metáforas reconciliar
a las personas y las piedras.
Componer. (No ideas,
sino cosas.) ¡Inventar!
Saxífraga es mi flor
que parte las rocas.



De La invención necesaria (Ediciones Universidad Diego Portales, 2013)
Traducción de Juan Antonio Montiel

jueves, 21 de julio de 2016

William Carlos Williams - La flor amarilla



Si debo hablar, ¿qué diré?
                ¿Qué he encontrado cura
                               para los enfermos?
No hallé ninguna
                cura,
                               más que esta flor torcida:
con solo
                mirarla
                               los hombres sanan.
Es a esta flor
                a la que todos cantan
                               secretamente
sus himnos. ¡Esta es aquella
                sagrada
                                flor!

Y ¿cómo es posible?
                ¿Una flor retorcida
                               y oscura? Es una
flor de mostaza,
                y aun menos:
                               apenas un ramillete
sobre el tallo deforme
                y de hojas carnosas,
                               detrás del vidrio,
en este tiempo helado.

Una flor desgarbada
                e impropia
                               del clima;
¿cómo es que ha
                conseguido tenerme
                               aquí, boquiabierto
inmóvil frente a esta ventana,
                en medio del frío,
                               sin más
voluntad, sin ojos
                para que no sean
                               sus torcidos
pétalos amarillos    .    ?

Que esta apariencia
                aunque extraña
                               para mí
es común está claro:
                existen flores como esta,
                               con hojas así, que crecen
en sus climas
                originarios.

Y entonces, ¿por qué la tortura
                y la fuga a través
                               de la flor? Es como si
Miguel Ángel
                hubiese tomado de ella   
el tema de sus Esclavos
—y quizás así fue.
                Y ¿no hizo él
                               florecer el mármol?
Estoy triste
                como lo estaba él
                               a su manera heroica.
Pero además
                tengo ojos
                               para ver  
y si bien presienten mi ruina
                y la de todo
                               lo que amo, descubren
también
                en mis ojos
                               y mis labios
y mi lengua el poder
                para liberarme
                               y para hablar de ello, igual
que Miguel Ángel, en sus manos,
                notó un poder similar
                               si bien mayor.

En suma, he ahí los
                torturados cuerpos
                               de
los esclavos y
                el torturado cuerpo
                               de mi flor
que no es siquiera una flor de mostaza
                sino apenas una flor irreconocible
                               y extraña
que yo he de naturalizar
                y aclimatar
                               y hacer mía. 


De La música del desierto (Lumen, 2010)
Traducción de Juan Antonio Montiel

miércoles, 29 de octubre de 2014

William Carlos Williams - Fragmentos de Kora en el infierno


Los tontos tienen vientres grandes. ¿Y para los demás?— aquí tenemos poleo, para el que sepa usarla. Pero el tiempo es sólo otro farsante, así que camina un poco más allá de aquella pared: si las moras están agrias habrá hongos, hongos de aros de hada, en el pasto, los más dulces de todos.

*

En Holanda, al amanecer de una hermosa mañana de primavera, uno puede ver las criadas sacudiendo las alfombras frente a las pequeñas casas de una ciudad como Ámsterdam, barriendo, fregando los escalones de una pequeña puerta y puliendo los timbres y los picaportes. Por la noche quizás haya una vieja con una niña en sus brazos, chistando y silbando a través del canal desierto a algún vagabundo trasnochado que se arrastra sin rumbo bajo las lámparas de gas.   

 *

No hay comienzo ni final para la imaginación sino que ella se deleita con sus propios ciclos invirtiendo a voluntad el orden habitual. Con el aire de la habitación más fría parecerá construir las más ardientes pasiones. Mozart bailaba con su esposa, silbando su propia melodía para alejar el frío y Villon dejó de escribir su Petit Testament sólo cuando la tinta estuvo congelada. Pero hombres con la más extrema pobreza de imaginación compran ropa fina y atienden caprichos extravagantes para colmar con otras cuestiones lo que les falta.

*

Con frecuencia un poema tendrá mérito por algún verso en particular o incluso por una palabra meritoria. Por eso cuelga pesadamente de su rama pero se mantiene firme, el árbol no está dispuesto a soltarlo.


*

Los árboles pardos cantan por mi trigésimo cuarto cumpleaños. Las hojas comienzan a caer sobre los altos pastizales. Su frío perfume anticipa grandes revoluciones en mi vida agitada. La violencia ha traído paz, la paz se alejó volando. Un cambio desconcertante ha modificado las raíces y el beso del Príncipe, como nunca, en el mar, tan lejano.

*

Un poema puede estar hecho de cualquier cosa. Éste es un retrato de una granja de mala muerte construida con las cosas a mano.

*

Literalmente hablando la patología es un jardín de flores. La sífilis cubre el cuerpo de pétalos color rojo salmón. El estudio de la medicina es un tipo invertido de horticultura. Más allá de esto flota la filosofía de la enfermedad que es una danza implacable. Uno de sus gestos más encantadores es el de traer flores a los enfermos.


*

El truco está en no tocar el mundo en ningún lado. Dejar tu yo en la puerta, entrar, admirar los cuadros, cambiar algunas palabras con el dueño de la casa, preguntarle algo a su esposa, reunirte otra vez con tu yo en la puerta y salir agarrado de su brazo, escuchando la sinfonía de la última semana tocada por ángeles trompetistas desde los bancos de una nube curva. O si los perros se acercan demasiado y afuera hay demasiados pobres, dejar que tu amigo les responda.


De Kora en el infierno: improvisaciones (Barba de Abejas, Buenos Aires, 2014)
Traducción de Matías Moscardi