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jueves, 2 de marzo de 2023

Cinco poemas de Roberta Iannamico



CADA VEZ QUE SALGO

 

Una pared

que da justo

a la puerta de mi casa

dice te amo

cada vez que salgo

la leo

en diagonal

está

la esquina del chapista

con el chapista

siempre

en el medio del portón

las partes de arriba de la pared

tiene puntas

de botellas rotas

para que los gatos

no hagan nido entre los fierros

parece un palacio

 


 

PIEDRAS

 

Había unas piedras

grandes y bestias

en un camino

en la montaña

las piedras son tan duras

que no necesitan piel

aunque el agua les imprime

una piel suave

y el viento

cierta piel de gallina

a la sombra son frías

y son calientes al sol

hay una con forma de zapato

o de cabeza de perro

y otra con forma de sapo

que es una de las formas más comunes

entre las piedras

un árbol creció sobre una piedra

se adhirió a ella

tomó su exacta forma

la raíz no podía penetrar

como en la tierra

era un árbol que vivía de la lluvia

o del aire

o del amor a su piedra.

 

 


INVIERNO

 

Hoy cuido del fuego

actividad por la que puteo

pero que también

me tiene enamorada

lo alimento

aprendo a darle cada vez más

lo que lo hace arder.

 

 


LLUEVE

 

Hoy llueve finito

sin parar

es un día de invierno en medio del verano

una lluvia de invierno

con ese recogimiento

esa serenidad resignada

adentro de la casa

laten las vidas

de todos los que la habitamos

late la casa viva

calentita por dentro

mojada por fuera

como una semilla

que va a germinar

 

 


DANZA

 

Tenía cientos de árboles

en frente mío

de distintos colores

de distintos tamaños

de distintas formas

todos moviendo sus copas

por el viento

el viento demostraba su poder

y ellos respondían

cantando y bailando

devotos.




De Rosa. Poemas 1997-2021 (Gog & Magog, 2021)

viernes, 30 de octubre de 2020

Cuatro poemas de Roberta Iannamico

 


UN CUENTO DE NIEVE

 

Un día de nieve

pueden pasar

muchas cosas

por ejemplo

ir caminando por la nieve

en un campo abierto

dejando huellas

y ver que desde un cerro

completamente blanco

viene bajando alguien

vestido de un color hermoso

imperial

caminan el mismo camino

desde distintas puntas

en un punto

se juntarán.

 


 

EL VIAJE

 

Para ir

a ese lugar del mar

subiste rápida al remís

y qué infantil tu alegría

cuando viste que el aire

del interior del auto

era en realidad

agua transparente

liviano y blando

tu cuerpo en el agua

descansabas

veías moverse como peces

tus zapatillas rojas.

 

 


SIN TÍTULO

 

Dejamos la ventana abierta

para que entre

el ruido del mar

el aire del mar

la vibración del mar

nos cantaba

su grave canción

mientras dormíamos

entraba por nuestros poros

y nuestros oídos

de caracol.

 

 


TARDE

 

Serenidad de la tarde

dos pájaros conversan

uno arriba y otro abajo

como viejas

el que está abajo se acerca

me hace la pasadita

es un hornero

galante paisano

se va

caminando como llegó

está dando

un paseo por la tierra.



De Muchos poemas (Ediciones Neutrinos, 2017)

lunes, 7 de agosto de 2017

Tres poemas de Roberta Iannamico




Vinieron el zorro blanco, el zorro gris, el zorro colorado.
Me olisqueaban Los dedos de Los pies.
Yo levantaba una pata y la otra como una flamenca.
Entonces vinieron el zorro azul, el zorro plateado, el zorro verde.

No sabían hablar pero se hacían entender clarísimo
con movimientos de sus colas.
Después aparecieron el zorro naranja, el zorro overo y el zorro violeta.
Se acercaban con falsa timidez.
Más atrás el zorro negro, el zorro púrpura, el zorro de agua.
Hacían pis para marcar el territorio.
Yo me senté en el pasto y, antes de que empezaran a comerme
poco a poco, me puse a tejer una cola para igualarlos en belleza.
Vino la tormenta y los zorros empezaron a correr en círculos.
No podían pasar las fronteras que ellos mismos habían marcado.
Me agaché, agarrándome las rodillas hice pis, y se abrió una puerta.
Salieron los zorros.
Me llevaban en andas sobre sus lomos como una princesa.
La lluvia los desconcertaba. Los ponía loquitos.



De tanto cruzar el océano los nadadores se destiñen.
Les crecen naufragios en la espalda.
Desde una punta de la isla la mujer arroja una media de red.
Cansados se dejan pescar: tienen los dientes hermosos.
Sonríen y ella toca el xilofón con una ramita de tamarisco.
Estirando la media arma un tendal y los pone a secar al sol.
Pálidos se balancean.
Cantan igualito al mar.
Ella les peina las algas y los cubre de tatuajes.
Juega todo el día con los nadadores.
A la noche los tira al mar amarrados de los tobillos.



Un tío gordo me dice te saqué la nariz
y yo lo vi jugando de dedo en dedo con mi nariz
por el borde de las cosas.
¿Y ahora qué hace mi tío gordo con una nariz que no es suya?
El tenía nariz de higo y le daba miedo
que algún pájaro se la comiera.
Había pandulces para la navidad.
En el verano tenía el patio lleno de árboles.
Yo iba a la siesta y me probaba narices.
Una semilla de jacarandá,
un limoncito, una ciruela, una aceituna.


De 53/70: Poesía argentina del siglo XXI (EMR; Espacio Santafesino; Centro Cultural Parque de España AECID, 2015)