lunes, 24 de septiembre de 2018

Tres poemas de Deborah Miranda




CARTOGRAFÍA INDÍGENA

Mi padre abre un mapa de California
—traza con el dedo sierras, ríos, límites de condados
como linajes. Tuolomne,
Salinas, Los Ángeles, Paso Robles,
Ventura, Santa Bárbara, Saticoy,
Tehachapi. Lugares donde fue feliz,
o donde la tragedia lo saludó
como un familiar viejo y desagradable.

Un pequeño punto azul marca
el lago Cachuma, creado cuando
reposaron el Santa Ynez, inundaron
el valle, dividieron
la niñez de mi padre: los días
en que aprendió a nadar de mala manera,
y los días en que caminó sobre las escamas plateadas,
las barrigas hinchadas de los salmones que volvían
a un río que no estaba allí.
El gobierno pagó a esos indígenas para que se mudaran,
dice, no sé a dónde fueron.

En sueños, mi padre,
después del solaz de una caja de cerveza,
persigue un deseo, una profundidad.
Cuando llega al valle
que ahogara un río desplazado
se tira al agua, boca abajo flota
con los ojos abiertos, mira hacia tierras
que no aparecen en ningún mapa. Quizá vea sombras,
un pueblo líquido,
que fluye en el agua oscura, cuerpos
largos que destellan con joyas de bordes filosos,
y bocas que todavía se abren y cierran
sobre las historias de nuestro hogar.




CIERVA

La cuelgan en el granero, cabeza abajo, la lengua gruesa,
goteando sangre. Me quedo sola
por un momento, me atrevo a acercarme para acariciar la piel oscura,
ya áspera del invierno; es cuando aún está entera,
indemne antes de ser destazada. No estoy segura
si le dispararon o le arrollaron
con la camioneta, pero viene de las montañas
fuera de estación, así que es la oscuridad lo que importa, no
cómo moriría. A lo largo del invierno, la comeremos
secretamente: bistec, guisos, huesos hervidos para el caldo
y los perros.  Pero lo que recordaré es
la manera en que las manos de los hombres le quitan el cuero, jalando
duro para separarlo de su carne. Un cuchillo de cazar
sin filo fractura y descoyunta la carcaza.
La desmiembra pedazo por pedazo.
El cuero desaparece —dejado sin curtir, tirado
al basural. Años más tarde camino
al granero, me raspo el pie contra
el piso manchado bajo la barra,
nunca le digo a nadie
                                               que me han tratado así.




LENGUAS

Mi hija no puede hablar. Le pido que abra la boca. Muestra una pequeña hoja de papel afilado incrustada en el costado de la lengua. Cuando empiezo a arrancarla, la lengua se abre en dos; al jalar, una hoja entera emerge. Espero que ella grite de dolor, pero no lo hace. Jalo más y más. Al fondo de la lengua, el papel se enraíza en el músculo. Debo usar las dos manos para desgarrar la hoja de la carne de la lengua. Aun así a ella no le duele. Cuando quito la hoja, doy un paso atrás, sin palabras, sin respiración. Mi hija y yo nos miramos. Ella tiene la boca abierta ligeramente; se ve la separación en la lengua. Yace abierta como un lenguado, como un filete. No puedo imaginar cómo podrá hablar. No me puedo imaginar qué idioma necesitará aprender, ni el que ya sabe.  



De En esa roja nación de sangre. Poesía indígena estadounidense contemporánea (La Cabra Ediciones, 2011).
Traducción de Katherine M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Bernardino de Sahagún - Fauna de Nueva España (fragmentos)




De las bestias fieras

Hay un animal en estas partes que se llama mazamiztli, quiere decir ciervo-león, el cual no sé si le hay en alguna otra parte; es del tamaño del ciervo y tiene el color del ciervo, y tiene sus uñas como ciervo, y los machos tienen cuernos como ciervo; pero tiene pesuños como león, muy agudos, y los dientes y colmillos como león; no come hierbas, anda entre los otros ciervos, y cuando quiere comer abrázase con un ciervo y con el pesuño ábrele por la barriga , comenzando desde las piernas hasta la garganta , y así le echa fuera todos los intestinos y le come; en ninguna cosa le conocen los otros ciervos, sino en un mal hedor que tiene.


Hay un animal que se llama tzoníztac; críase hacia la mar del sur, en la provincia de Toztlan y llámanle tzoníztac porque tiene la cabeza muy blanca tan solamente; es del tamaño el tigre o casi, es bajo de pies y de grueso cuerpo; come carne de las bestias silvestres. Cuando quiere cazar regaña como gato, y luego arrebata la caza; tiene las manos y los pies como tigre; es muy negro de todo el cuerpo y tiene la cola larga. Este animal muy pocas veces parece, y si alguno se encuentra con él y le ve la cabeza amarilla, es señal de que morirá presto; y si alguno le encuentra, y la parece con la cabeza blanca, es señal que vivirá mucho, en pobreza, aunque mucho trabaje: este agüero se tenía acerca de este animal. Mátanle con saeta.


Hay otro animal al cual llaman itzcuinquani, quiere decir comedor de perros; […] llámase comedor de perros porque de noche llega hacia las poblaciones, y desde cerca del lugar comienza a aullar y todos los perros que le oyen, le responden aullando, y van corriendo a donde él está, y en estando juntos con él los perros, mata los que ha menester para comer y cómelos, y los demás vanse; su comer son los perros, hállalos muy sabrosos este animal; según esta relación parece ser lobos.  





De las aves

Hay unas avecitas en esta tierra que son muy pequeñitas, que parecen más moscardones que aves; hay muchas maneras de ellas, tienen el pico chiquito, negro y delgadito, así como aguja; hacen su nido en los arbustos, allí ponen sus huevos y los empollan y sacan sus pollos; no ponen más de dos huevos. Comen y mantiénense del rocío de las flores, como las abejas, son muy ligeras, vuelan como saeta; son de color pardillo. Renuévanse cada año: en el tiempo del invierno cuélganse de los árboles por el pico, allí colgados se secan y se les cae la pluma; y cuando el árbol torna a reverdecer él torna a revivir, y tórnale a nacer la pluma, y cuando comienza a tronar para llover entonces despierta y vuela y resucita. Es medicinal, para las bubas, comido, y el que los come nunca tendrá bubas, pero hace estéril al que los come.


Hay otra avecilla que se llama yollotótotl; críase en la provincia que se llama Teotlixco, es hacia la Mar del Sur; es ave pequeñuela como una codorniz. Llámanse yollotótotl porque los habitadores de aquella provincia dicen que los corazones de los difuntos, o sus ánimas, se vuelven en aquella ave. Su canto es dulce y suave, la cabeza y el pecho y las espaldas son entre pardo y amarillo, la cola tiene negra, las plumas de las alas tiene ametaladas y las puntas blancas; es de comer.





De los animales del agua

Hay un pescado en la mar que se llama totomichin, quiere decir ave pez; dícese ave porque tiene la cabeza como ave, y el pico como ave y pica como ave, y tiene las alas largas como pez y la cola como pez.


Hay un pez en la mar que se  llama huitzitzilmichin; llámase así porque tiene el piquito muy delgado como el avecilla que se llama zinzon, que anda chupando flores.




De otros animales del agua que no son comestibles

Hay un animal en esta tierra que vive en el agua, nunca oído, el cual se llama ahuítzotl; es tamaño como un perrillo, tiene el pelo muy lezne y pequeño, tiene las orejitas pequeñas y puntiagudas, tiene el cuerpo negro y muy liso, tiene la cola larga y en el cabo de la cola una como mano de persona; tiene pies y manos, y las manos y pies como de mona; habita este animal en los profundos manantiales de las aguas; y si alguna persona llega a la orilla del agua donde él habita, luego le arrebata con la mano de la cola, y le mete debajo del agua y le lleva al profundo, y luego turba el agua y le hace vertir y levantar olas, parece que es tempestad del agua y las olas quiebran en las orillas y hacen espuma; y luego salen muchos peces y ranas del profundo del agua y andan sobre el haz del agua, y hacen grande alboroto en el agua. Y el que fue metido debajo del agua allí muere, y dende a pocos días el agua echa fuera el cuerpo del que fue ahogado, y sale sin ojos y sin dientes y sin uñas, que todo se los quitó el ahuízotl; el cuerpo ninguna llaga trae sino todo lleno de cardenales.




De las serpientes y otros animales de tierra de diversas maneras

Hay una culebra que se llama zolcóatl, quiere decir las culebra enemiga de las codornices, porque las engaña con su canto y las come. Es mediana, ni es muy gruesa ni muy larga; es pintada como las codornices, tiene el pecho blanco y la boca amarilla. Es muy ponzoñosa, a quien pica no tiene remedio; es fraudulenta, engaña con su canto a las codornices y a las personas; canta como codorniz, y las codornices que la oyen piensan que es codorniz y  vanse a ella, y entonces arrebátalas y cómelas; y algunos indios bobos, como oyen su canto, piensan que es codorniz, y van hacia donde está ella y pícalos, y mátalos. Los que son avisados, cuando oyen que canta esta culebra escuchan si responde otra codorniz, y si no la responde otra, ella torna a silbar o cantar en el mismo lugar que antes; entiende que esta es culebra zolcóatl, y guárdanse de ella; dicen que vuela esta culebra.


Hay una culebra en esta tierra que tiene dos cabezas: una en lugar de cabeza, otra en lugar de la cola, y llámase maquizcóatl; tiene dos cabezas y en cada una de ellas tiene ojos, boca y dientes y lengua; no tiene cola ninguna. No es grande, ni es larga, sino pequeña; tiene cuatro rayas largas por el lomo, y otras cuatro coloradas en un lado y otras cuatro amarillas en el otro. Anda hacia ambas partes, a veces la guía la una cabeza, y a veces la otra; y esta culebra se llama culebra espantosa, raramente parece; tienen ciertos agüeros acerca de esta culebra, como están en la letra. A los chismeros llámanlos por el nombre de esta culebra, que dicen que tiene dos lenguas y dos cabezas.   


Hay una culebra que se llama mazacóatl y es pequeña, tiene cuernos, es prieta, no hace mal ni tiene eslabones en la cola. De la carne de ésta usan los que quieren tener potencia para tener cuenta con muchas mujeres; los que la usan mucho, o toman demasiado de cantidad, siempre tienen el miembro armado y siempre despiden simiente, y mueren de ello.


Hay una culebra en esta tierra que se llama tetzauhcóat; ni es gruesa ni larga, tiene el pecho colorado, y el pescuezo así como brasa; pocas veces parece, y el que la ve cobra tal miedo que muere de él, o queda muy enfermo, y por eso la llaman tetzauhcóat, porque mata con espanto.


Hay otra culebra que se llama xicalcóatl, que quiere decir culebra de jícara. Hay unas grandes y otras pequeñas; críanse en el agua; cuando son grandes tienen en el lomo naturalmente nacida una jícara, muy pintada, de todos colores y toda labor. Esta culebra, cuando quiere cazar personas, llégase a donde pasan caminantes y demuestra la jícara sobre el agua, que anda nadando, y ella escóndese debajo de ella, que no parece; y los que pasan por allí, como ven la jícara, éntranse en el agua a tomarla, y ella poco poco se va llegando hacia lo hondo, y el que va a tomarla vase tras ella, y llegando a donde está hondo, comienza a turbarse el agua, y hace olas, y allí se ahoga el que iba tomar la jícara. Dicen que esta culebra es negra; sólo la jícara es de diversos colores.
  


De Fauna de Nueva España (Fondo de Cultura Económica, 2005)


viernes, 24 de agosto de 2018

Charles Simic - Tres fragmentos



Uno querría escribir un poema tan bien acabado que hiciera honor a la tradición representada por Emily Dickinson, Ezra Pound y Wallace Stevens, por nombrar tan sólo a algunos maestros.

Por otra parte, uno espera superar esa tradición, revolucionarla, ponerla del revés, y encontrar un espacio vital propio.

Uno querría también entretener al lector con ayuda de deslumbrantes metáforas, arrebatos de imaginación y declaraciones desgarradoras.

Por otra parte, la mayor parte del tiempo uno no tiene ni idea de lo que hace. Las palabras hacen el amor en la página como moscas en el calor del verano, y el poema le debe tanto a la casualidad como a la intención. Probablemente incluso más.




El consejo del realista es: abre los ojos y mira. Los defensores de la imaginación aconsejan: cierra los ojos para ver mejor. Hay una verdad que se percibe con los ojos abiertos y otra a la que se accede con los cerrados, y a veces estas dos verdades no se reconocen cuando se cruzan por la calle.




Estamos en el año 1942 o 1943 y éste es uno de los primeros recuerdos que conservo. Creo que era invierno. Mi madre me llevó a la ópera, a una representación de Las bodas de Fígaro, de Mozart. En el primer acto, Susana y Fígaro se encentran en un salón dieciochesco, paseando de un lado para otro. En algunas mesas hay candelabros con velas encendidas. En un momento dado, Susana roza una de las largas velas y el largo chal que lleva sobre los hombros se incendia. El público grita. La cantante deja de cantar y se lleva las manos a la cabeza horrorizada, mientras las llamas se propagan cada vez más. Fígaro, sin alterarse, tira del chal, lo deja en el suelo y lo pisotea como si fuera un bailaor flamenco. Y en ningún momento deja de cantar esa preciosa música...



De Una mosca en la sopa. Memorias (Vaso Roto, 2010)
Traducción de Jaime Blasco

martes, 7 de agosto de 2018

Tres poemas de Robert Hass



ESA MÚSICA

La plata de la cala bajo el sol de agosto,
la luminosidad del aire seco, los últimos regueros de nieve fundida
filtrándose a través de las raíces de hierba de montaña,
el vinagre de la maleza, el humo dorado, o la roya de la pradera.

¿Otorgan los cuerpos de los amantes
al oscurecer en verano, la respiración de él, el rostro dormido de ella,
otorgan la leve brisa entre los pinos?
Si tú fueras el intérprete, si esa fuera tu tarea.



ALADA Y ACRE OSCURIDAD

Una frase que incluya “sombra moteada”.
Algo que no es decible,
se alza fugaz en el silencio dela mañana,
secreto como un tordo.

El otro hombre, el oficial, que traía cebollas
y vino y saquitos de harina,
el mayor con la rodilla hinchada,
quería conversación inteligente al terminar.
Sin opción, ella se la proporcionaba, también.

Potsdamerplatz, mayo de 1945.

Cuando el primero se alivió husmeó en la boca de ella.
Basho le aconsejó a Rensetsu evitar el material sensible.
Si el horror del mundo fuera la verdad del mundo,
decía, no habría nadie para contarlo
ni nadie a quien contarlo.
Me parece que sugería la descripción de un leve enjambre
de insectos frenéticos cerca de una cascada.

Husmea en su boca abierta y escupe dentro.
Legamos este tipo de cosas,
Probablemente, porque somos lo que podemos imaginar.

Algo no decible en el silencio de la mañana.
La mente con hambre después de los símiles. “La ternura del cielo”, etc.
curvea un rastro de golondrinas en el aire.



LA DIFICULTAD DE DESCRIBIR LOS ÁRBOLES

El álamo centellea al viento
y eso nos deleita.

Las hojas danzan, giran sobre sí mismas,
porque ese movimiento en el calor de agosto
protege sus células y no se secan. Del mismo modo la hoja
del chopo. 

De la reserva genética se elevó con rapidez un tronco tembloroso
y el árbol inició su danza. No.
El árbol capítalizó.
No. Hay límites para decir,
con el lenguaje, lo que el árbol hizo.

Es bueno a veces para la poesía que nos decepcione.

Danza conmigo, bailarín. Oh, cómo lo deseo.

Montañas, cielo,
el álamo hace algo al viento.



De Tiempo y materiales (Bartleby, 2008)
Traducción de Jaime Priede

lunes, 30 de julio de 2018

Denise Levertov - Un testamento y una posdata


Creo que los poetas son instrumentos tocados por el poder de la poesía.

     Pero también son hacedores, artesanos; al vidente le es dado ver, pero luego su responsabilidad es comunicar lo que ve a aquellos que no ven ya que somos “miembros unos de otros”.

     Creo que cada espacio y cada coma son partes vivas del poema y tienen una función, del mismo modo que cada músculo y cada poro del cuerpo realizan una función. La manera como se dividen los versos es una función esencial para la vida del poema.

     Creo que el contenido determina la forma; no obstante, ese contenido sólo se descubre en la forma. Como todo lo que vive, es un misterio. La revelación de la forma en sí misma puede significar una alegría profunda; pero pienso que la forma como medio no debería nunca interponerse, ya sea por intención o por descuido, entre el lector y la fuerza esencial del poema; debe fundirse por completo con esa fuerza.

     No creo que concierna a la poesía la imitación violenta de los horrores de nuestro tiempo. Los horrores se dan por supuestos. El desorden es lo común. En general la gente se pone a la altura de las circunstancias, la piel se endurece. Yo deseo poemas portadores de una armonía interior en total contraste con el caos del medio del cual viven. En tanto la poesía tenga una función social, esta consistirá en despertar a los que duermen usando otros medios que no sean la conmoción.

     Considero que Robert Duncan y Robert Creeley son los poetas más importantes entre mis contemporáneos.


*


Esta declaración, escrita en 1959 para la antología de Donald M. Allen, The new american poetry, ha dado lugar —con razón— a malentendidos, y desde hace mucho quería encontrar una oportunidad para corregirla.

     Después de leer aquellos poemas míos de los últimos años que tienen que ver con la guerra y la resistencia, la gente me pregunta a menudo en qué momento “cambié mis puntos de vista con relación al alcance de la poesía” y cosas por el estilo. No he cambiado mis puntos de vista, pero no logré aclararlo, especialmente en el párrafo que comienza diciendo: “No creo que concierna a la poesía una imitación violenta, etc.” Todos supusieron —y no los culpo, por el contrario, admito la oscuridad de la expresión— que me refería al contenido, cuando en realidad hablaba de la forma.

     En esa época reaccionaba con irritación ante la obra de algunos poetas llena de errores de ortografía, un ejemplo sería el “Frist Poem” (sic) de Peter Orlovsky; contra las loas dirigidas a los poemas de Jack Kerouac (me sacudía su prosa, pero pensaba —y aún lo pienso— que sus poemas son inferiores); y contra la publicación entusiasta, que tenía lugar entonces, de cualquier cosa que garabatease algún mal imitador de Allen Ginsberg. Siempre he admirado intensamente la poesía de Allen, con frecuencia he hecho esto público y lo he defendido de sus detractores con firmeza; pero no me gustaba esa basura inconsistente que parecía surgir de todas partes en 1959. No sé si, viéndolo retrospectivamente, aquello era peor que la basura prolija que he visto desde entonces… Al menos a veces era divertida y vivaz, lo cual es más de lo que puede decirse de la escuela de la Facultad del Medio Oeste. Sea como fuese, sentía que escribir “vomitándolo todo” era algo totalmente ajeno a mi ideal del poeta, que simultáneamente es “hacedor” e “instrumento”, y de la poesía (no de los poetas) como un poder, como algo mantenido en sagrada custodia.

     Nuestro periodo histórico fue (es) violento y lleno de horrores, pero nunca, ni por un momento, lo consideré “no poético”, ni que no fuera la misión de la poesía hablar de él, aunque entonces yo misma apenas si había comenzado a hacerlo. Pero los poemas contra los que reaccionaba tampoco trataban estos temas: parecían simplemente, por su falta de forma, por su ausencia de cuidado del lenguaje, de profundidad, de precisión, estar imitando el caos circundante. Los mejores poemas de los últimos años sobre el caos no habían sido escritos —a excepción de Howl—; pienso, por ejemplo, en Passages de Duncan, en Book of nightmares de Galway Kinnell, en algunos de los últimos poemas de Robert Bly en los poemas de LeRoi Jones sobre la ira de los negros; y todos, incluso Howl, están intrincadamente estructurados, mas no son caóticos. La fuerza está ahí, y también el horror, pero están allí precisamente porque son obras de arte, y no escupitajos autocomplacientes. Poseen la “armonía interior” que contrasta con la confusión que los rodea.

    La otra afirmación equívoca en mi declaración de 1959 dice: “En tanto la poesía tenga una función social, está será despertar a los que duermen usando otro medio que no sea la conmoción.” Nuevamente hablaba aquí de forma, no de contenido. Hay versos en mis propios poemas —por ejemplo en el poema llamado ”Life at war“— que han provocado que la gente me diga: “¡Es una conmoción!“; también me han dicho que el poema sirvió para despertarlos de su apatía. Pero creo que este poema tiene una estructura firme. La clase de “conmoción” que rechazaba consistía, por ejemplo, en el uso de mayúsculas, vociferantes, a modo de encabezados, allí donde sentía que un poema bien construido conferiría a la voz un énfasis necesario sin necesidad de usar, salvo en muy raras ocasiones, tipos de imprenta desmesurados. También por conmoción entendía la invención de imágenes sádicas (¡como si se tratara de competir!) cuando la vida misma ya presentaba tantos ejemplos reales de dolor y crueldad. Estas son cuestiones de arte y oficio, no restricciones sobre lo apto de un tema.

     Aunque no lo pensé o escribí con suficiente claridad, estaba deplorando la conmoción como un fin en sí mismo, al tiempo que consideraba el acto de “despertar a los que duermen” como una meta (no como la meta) adecuada para la poesía. Aún hoy sostendría la idea de que la función social de la poesía es dicho acto; pero más que detenerme a indagar si tiene o no una función social daría por sentado que sí la tiene y a la vez diría que dicha función no es la meta primordial. El poema tiene un efecto social de algún tipo, quiéralo o no el poeta. Tiene una energía “cinética” que pone en movimiento (si realmente es un poema y no un simulacro de poema) elementos que de otro modo quedarían en el lector estancados. Ese movimiento, por pequeño que sea, esa puesta en juego de un elemento que de otra manera permanecería dormido o estancado, no puede carecer de importancia si uno concibe al ser humano como una unidad en las que todas las partes están tan relacionadas que ninguna cumple plenamente su función a menos que todas estén activas.    


De El paisaje interior (Universidad Autónoma de Tlaxcala, 1990)
Traducción de Patricia Gola

Tres poemas de Sharon Olds



FUERA DEL QUIRÓFANO DEL DOCTOR-DE-CAMBIO-DE-SEXO

Una bandeja de penes fuera del quirófano del doctor-de-cambio-de-sexo.
     No hay sangre. No es Vietnam, Chile, Buchenwald. Se extrajeron quirúrgicamente bajo anestesia. Se encuentran allí, en orden, cada uno en su pequeño espacio circundante.
     El efecto de la anestesia se está acabando. En la bandeja de plata, sexos amputados.
     Uno dice Soy un arma arrojada al suelo. No más asesinatos.
     Otro dice Soy un pulgar que se perdió en la trilladora. Paja brillante en el aire. Nunca más tendré que trabajar.
     El tercero dice Soy la membrana arrancada de sus ojos. Ahora él puede ver.
     En cuarto dice Quiero ser pintado por Géricault, un bodegón con un busto de Apolo, un paño de terciopelo morado y una viña con hojas de hiedra.
     El quinto dice Yo era un perrito muy sucio, sabía que él me quitaría de en medio.
     El sexto dice Estoy salvado. Nadie puede hacerme daño ahora.
     Solo uno de ellos es infeliz. Permanece allí y llora con pena terrible al grito de ¡Padre!, ¡Padre!



LA SOLUCIÓN

Finalmente controlaron el problema de los solteros, lo convirtieron en científico. Abrieron enormes Centros de Sexo, puedes ir y decir lo que quieres y con toda tranquilidad te encuentran alguien que quiera eso mismo. Permaneces bajo un cartel que dice Me gustan que me acaricien y me abracen y cuando alguien viene y permanece bajo el cartel de Me gusta acariciar y abrazar los colocan juntos.
     Al principio fue todo bien. Hubo un flujo constante de personas bajo el cartel Me Gusta Hacer Daño emparejadas con un flujo constante de personas con el cartel Me Gusta Que Me Hagan Daño. Solo Preliminares / Orgasmo No encontró a sus seguidores y Solo Orgasmo / Preliminares No encontró a sus creyentes. Un policía leal de Berkeley (California) permaneció bajo el cartel Adultos Casados, Luces Apagadas, Cara a Cara, Bajo las Sábanas porque esa era la única forma legal de hacerlo en Berkeley; se quedó allí un montón de tiempo en su solitario uniforme azul. Y el hombre bajo el cartel Me Gusta Que Me Canten y Me Amasen Pan Sobre La Panza lleva tres semanas sin respuesta alguna.
     Las cosas comenzaron a enrarecerse. Los Amor Solo / Sexo No estaban bien; Los Sexo Solo / Amor No estaban bien, una pareja tras otra caminan juntos como animalitos de madera metidos en el arca de un niño, pero la cola para la talla 38D o Más Grandes se estaba descontrolando e insultaban a la cola de 20 Centímetros o Más, y estaban apareciendo carteles aislados que se esparcían por todas partes, Profesor Jubilado y Periquito / Cuero No; Un Cuarto / Sin baño / Vistas a Fábrica de Salchichas.
     El estruendo se levantó en la enorme sala. La cola del cartel Quiero Que Me Cojan A Lo Bruto era tan larga que tuvieron que llevar baños móviles y un cura llegó para las defunciones, nacimientos y matrimonios de la cola. Donde estaba el cartel Quiero Coger a Lo Bruto, no había nada, solo un montón de armas. Un griterío descomunal llenó el enorme gimnasio. Cada vez más personas se cambiaban al cartel Quiero Que me Cojan a Lo Bruto. La cola serpenteaba alrededor del gimnasio, el estadio, la ciudad entera, se adentraba en el campo. Cada vez más personas se unían a ella, hasta que Quiero Que Me Cojan a Lo Bruto se extendió por todo el país en un cinturón enorme y anchísimo como la Vía Láctea y como tenían que ponerle un nombre, le pusieron un nombre y lo llamaron el Modo de Vida Americano.



VUELVO A MAYO DE 1937

Los veo en pie, en la puerta principal de sus universidades,
veo a mi padre saliendo
bajo el arco de arenisca ocre, los
baldosines rojos brillando como
placas de sangre dobladas detrás de su cabeza, veo
a mi madre con unos cuentos libros ligeros junto a la cadera
en pie ante una columna  hecha de ladrillos diminutos,
la puerta de hierro forjado está todavía abierta detrás de ella, las
puntas de flecha brillan en el aire de mayo,
están a punto de graduarse, están a punto de casarse,
son unos niños, son tontos, todo lo que saben es que son
inocentes, jamás harían daño a nadie.
Quiero alcanzarlos y decirles, Alto,
no lo hagan; ella no es la mujer adecuada,
él no es el hombre adecuado, van a hacer cosas
que no se podrían imaginar que harían,
van a hacer cosas terribles a los niños,
van a sufrir de maneras completamente desconocidas,
van a querer morir. Quiero llegar
hasta allí con esta luz de finales de mayo y decírselo,
la cara bonita y hambrienta de mi madre volviéndose hacia mí,
su lastimoso cuerpo precioso y puro,
la cara arrogante y bella de mi padre volviéndose hacia mí,
su lastimoso cuerpo precioso y puro,
pero no lo hago. Quiero vivir. Los
alzo como muñecos de papel
macho y hembra  y los junto
por las caderas, como pedacitos de sílex, como si
fueran a salir chispas de ellos y digo
Adelante, háganlo, que yo lo contaré.



De La célula de oro (Bartleby, 2017)
Traducción de Óscar Curieses

miércoles, 18 de julio de 2018

Alexander Theroux - Los colores primarios (fragmentos)



Las madres iraníes cosen abalorios azules en todas las prendas de los niños, para repeler a los espíritus malos que podrían ponerlos en peligro.


Existe el oro azul, que contiene según consta un setenta y cinco por ciento de oro y un veinticinco por ciento de hierro.


Jack Benny organizó una vez un concurso radial para ver quien podía describir mejor el azul de sus ojos. La papeleta elegida como ganadora decía: "Tan azul como el pulgar de un autoestopista ártico".


Las trufas, durante el inicio de la descomposición, adquieren una tonalidad azulada.


La práctica de pintar de azul las casas de las vírgenes que están a punto de casarse persiste aún en las costumbres populares polacas.


En la Biblia, aunque hay más de cuatrocientas referencias al cielo o al paraíso, el color azul no se menciona ni una sola 
vez.


A los bebés que lloran los calma más fácilmente una luz azul que una roja. La luz azul retarda la frecuencia cardiaca y disminuye la presión sanguínea, mientras que la luz roja tiene el efecto opuesto, acelera el pulso y aumenta la presión de la sangre. 


La palabra islandesa para azul (bla-r) denota todos los matices de azul y de negro, y puede describir el color de un cielo claro, un puñado de carbón o el brillo de un cuervo.


Hitler tenía ojos azules.


*


Una inquietante niebla amarilla, increíblemente polvorosa e impregnada de arena, envolvió Basilea, Suiza, en mayo de 1937, azuzada a través de los Alpes desde el desierto del Sahara, según las presunciones de los científicos, luego de una tormenta feroz.


Los osos polares del mar de Beaufort, en el océano Ártico, que posan como monarcas sobre témpanos de hielo, a menudo están manchados de un oro pálido —civigniq (amarillo) en lengua yupik— por el aceite de las focas que han matado.


En la Francia del siglo X, las puertas de los criminales, felones y traidores eran pintadas de amarillo, y en la España medieval, el amarillo como parte del atuendo del verdugo representaba la traición de la víctima acusada.


En el cohete V1 o Bomba Volante —el vergeltungswaffe eines (o Arma de Represalia No.1)— de Hitler, la cabeza, que contenía cerca de una tonelada de potentes explosivos, era amarilla.


El amarillo de cromo puede ser visto a mayor distancia que cualquier otro color sobre la tierra. 


El amarillo es el color chino para la realeza. Durante la dinastía Ch'ing (1644-1911), sólo el emperador podía vestir de amarillo.


¿Algunas curas estrafalarias de la ictericia? Arañas amarillas amasadas en manteca en Inglaterra; nabos, monedas de oro y azafrán en Alemania; abalorios de oro en Rusia.


La goethita, un óxido de hierro bautizado así por el poeta alemán, Goethe, que era un estudioso y coleccionista de minerales, es también amarilla.

Los soldados japoneses ultimados con lanzallamas en Iwo Jima, Okinawa, Leyte, Saipán, etcétera, al quemarse no quedaron negros, sino abrasados de un atroz amarillo brillante.


*


El rojo es el más audaz de todos los colores. Representa la caridad y el sacrificio, el infierno, el amor, la juventud, el fervor, la vanagloria, el pecado y la expiación. Es el color más popular, particularmente entre las mujeres. Es el primer color del recién nacido y el último que se ve en el lecho de muerte.


Según la leyenda, el pecho del petirrojo se tiñó de rojo al picotear una espina de Cristo en su camino hacia el Calvario.


El tipo de sangre más raro en todo el mundo es la del tipo Bombay subtipo A-h. hasta el momento descubierta solamente en una enfermera checoslovaca en 1961 y en un hermano y una hermana de Nueva Jersey en 1968.


Después de muchas y extenuantes rutinas con Fred Astaire, los zapatos de Ginger Rogers solían quedar llenos de sangre.


En los barcos de la armada británica en el siglo XVIII, las cubiertas estaban pintadas de rojo, para que si la sangre se esparcía sobre ellas los marinos británicos no se acobardaran.


El echarpe chino que Isadora Duncan vestía y que se enredó en la rueda de su Bugatti, estrangulándola instantáneamente, era rojo.


En tiempos antiguos, especialmente en la sumeria matriarcal o, digamos, en caldea, se creyó alguna vez que las misteriosas lluvias rojas que la prensa mundial todavía reporta periódicamente como “lluvias de sangre” eran la mismísima sangre menstrual de la diosa luna.


Antares, el ojo de Escorpio, una supergigante roja veintisiete millones de veces más grande que el sol, es la más roja de todas las estrellas de primera magnitud.


La pika, el relámpago cegador de luz atómica del 6 de agosto de 1945 en Hiroshima, más brillante que mil soles, con su calor abrasador de 300 000 grados centígrados en el hipocentro, era roja.


De Los colores primarios (La bestia equilátera, 2013)
Traducción de Ariel Dilon