lunes, 17 de septiembre de 2012

Charles Reznikoff - Masacres


De HOLOCAUSTO:


MASACRES*

1

El primer día que llegaron los alemanes a la ciudad
donde vivía la muchacha
juntaron a los hombres judíos y los obligaron a recoger la basura de las calles
con las manos.
Los hicieron desvestirse
y tras cada judío, un soldado alemán con bayoneta
le ordenaba correr:
si el judío paraba,
recibía un piquete en la espalda.
Casi todos regresaron a sus casas sangrando,
entre ellos su padre.
Después, cuando la guardia alemana abandonó la plaza,
la invadieron grandes camiones;
de cada uno saltaron cerca de doce soldados,
con uniformes verdes y cascos de acero:
eran hombres de las S.S.
Fueron de puerta en puerta
sacaron a los hombres judíos —jóvenes y viejos—   
y los llevaron a la plaza:
ahí les hicieron poner las manos en la nuca.
Aquella vez se llevaron unos treinta judíos;
entre ellos, su padre.
Los subieron a un camión y se los llevaron.
La muchacha quiso alcanzarlos,
corrió hasta llegar a un bosque vecino.
Ahí los encontró a todos—
muertos.

Les habían disparado
y con cierto orden
estaban tendidos en la tierra:
judíos y polacos
en grupos de cinco
pero judíos y polacos separados.
Besó a su padre:
estaba frío,
apenas se lo habían llevado una hora antes.


2

Cuando llegaron los alemanes
Su padre era dueño de una tenería
Y hombre prominente dentro de la comunidad judeo-polaca.
Metieron a sus caballos a la sinagoga y la convirtieron en establo.
Una tarde de sábado, campesinos de las aldeas vecinas
llegaron a decir que
los alemanes estaban matando judíos: tenían que escapar, esconderse.
Pero el rabino y otros ancianos del pueblo
dijeron que escapar era inútil;
pensaron que los alemanes se llevarían algunos muchachos para obligarlos a trabajar
pero no creyeron que mataran a nadie.

Al día siguiente, antes del amanecer, un judío de una aldea vecina
entró al pueblo gritando:
“¡Sálvense, judíos!
Los alemanes nos están matando.”
Y la gente del pueblo vio llegar a los alemanes.
El abuelo de la muchacha dijo: “Corran a esconderse, hijos, pero yo me quedo:
no me harán daño.”
Quienes pudieron se ocultaron en el bosque.
Durante el día oyeron balaceras—
gritos y tiros aislados;
pero al anochecer pensaron que los alemanes se estarían yendo del pueblo
y, en efecto, al cruzarse con ellos los campesinos
decían: “Regresen.
Los alemanes mataron a todos.”

Cuando regresaron,
vieron que los alemanes habían concentrado unos ciento cincuenta judíos,
entre ellos al rabino y otros notables
y los habían reunido en el centro del pueblo.
Le dijeron al rabino que llevara su manto ritual—
le ordenaron que se lo pusiera y con él cantara y bailara. Se negó
fue golpeado, igual que los otros judíos.
Luego los condujeron al cementerio.
Ahí les habían cavado una fosa poco profunda.
Los obligaron a acostarse
y dispararon. Pero su padre permaneció en el pueblo, vivo:
había dicho que estaba en su tienda cortando cuero para hacer zapatos
y fue registrado como zapatero.

Después, los alemanes entraron al pueblo para llevárselo todo;
el lugar hormigueaba de alemanes —cuatro o cinco por cada judío.
Muchos fueron llevados a un camión;
quienes no pudieron subir por sí mismos
fueron aventados; y aquellos que no alcanzaron lugar
recibieron la orden de correr siguiéndolo.
Los alemanes contaban a los judíos y buscaban a cada faltante de su lista.
La muchacha estaba entre los que corrían,
con su hijita en brazos.
Había quienes, también, cargaban dos o tres niños
llevándolos en brazos conforme corrían tras el camión.
Fusilaban a los que caían en el lugar mismo de la caída.

Cuando la muchacha alcanzó el camión,
todos estaban abajo, desnudos y formados,
entre ellos su familia.
Había una pequeña colina y al pie de la colina una zanja.
Los judíos recibieron la orden de pararse a lo alto de la colina
y cuatro hombres de la S.S. dispararon, los mataron uno a uno.
Cuando la muchacha llegó a la cima y miró hacia abajo
vio tres o cuatro filas de cadáveres sobre la tierra.
Algunos jóvenes intentaron huir
pero fueron alcanzados
y muertos ahí mismo.
Los niños se despedían de sus padres;
la hija de la muchacha dijo,
“Mamá, ¿qué esperamos? ¡Vamos a correr!”

Su padre no quiso desvestirse por completo
y se quedó en ropa interior.
Los hijos le pidieron que lo hiciera
pero no quiso y fue golpeado.
Luego los alemanes le desgarraron la ropa
y lo mataron.
También mataron a su madre,
y mataron a la madre de su padre;
tenía ochenta años
y llevaba dos niños en los brazos;
la hermana de su padre
también cargaba niños,
fue fusilada en el acto.
La hermana más joven y otra muchacha, amiga de su hermana,
se dirigieron a uno de los alemanes,
desnudas ante él,
le suplicaron misericordia.
El alemán las miró a los ojos
y las mató —a su hermana y a su joven amiga;
cayeron
abrazándose una a la otra.
El alemán que había matado a su hermana menor
se volvió havia la muchacha
y le dijo “¿a quién mato primero?”
Tenía a su hija en brazos y no quiso contestar.
Sintió que le quitaba a la niña;
la niña gritó y fue ejecutada.
Luego se dirigió hacia ella: la tomó de los cabellos
y le volteó la cabeza.
Permaneció parada y oyó un disparo
pero siguió de pie.
Volvió a voltearle la cabeza y le disparó;
cayó a la fosa
entre los cuerpos.

De pronto sintió que se ahogaba;
otros cuerpos habían caído sobre ella.
Trató de tomar aire
y empezó a trepar hacia el borde de la zanja,
y sintió que la jalaban
y mordían sus piernas.
Por fin llegó al borde.
Yacían cuerpos en todas partes
pero no todos estaban muertos:
agonizaban, pero no morían;
y los niños gemían, “Mamá!, ¡Papá!”
Quiso erguirse pero no pudo.
Los alemanes se habían ido.
Estaba desnuda,
cubierta de sangre y tierra con el excremento de las víctimas,
y notó que tenía un disparo atrás de la cabeza.
La sangre chorreaba
por todas partes;
y oyó gritos y lamentos de los sobrevivientes.
Comenzó a buscar entre los cuerpos a su hijita
gritando su nombre;
queriendo unirse a los muertos,
y llamando a su padre y a su madre;
“¿Por qué no me mataron a mí también?”

Estuvo ahí toda la noche.
De pronto vio alemanes a caballo
y se sentó en el campo
y escuchó la orden de amontonar los cadáveres;
y los cuerpos —muchos estaban heridos pero vivían—
fueron amontonados con palas.
Había niños que corrían.
Los alemanes los atraparon
y los fusilaron también;
pero no se acercaron a donde ella estaba. Los alemanes se fueron
y con ellos los campesinos de los alrededores
—obligados a ayudar—
y con ellos las metralletas y camiones.   

Se quedó tirada en el campo.
Los pastores trajeron sus rebaños;
y le tiraron piedras,
creyendo que estaba muerta o loca.
Después un granjero que pasaba la vio,
le dio de comer
y le ayudó a reunirse con los judíos en un bosque cercano.


3

Las tropas ocupantes formaron a las mujeres judías,
les ordenaron desvestirse,
y ellas permanecieron en ropa interior.
Un oficial, viendo la fila de mujeres,
Se detuvo a mirar a una joven—
Alta, de largas trenzas y ojos radiantes.
Siguió mirándola, luego sonrió y le dijo:
“¡Da un paso adelante!”
Atónita —todas lo estaban— no se movió,
él volvió a decir: “¡Da un paso adelante!
¿No quieres vivir?”
Ella dio ese paso
y entonces él dijo: “Qué pena
enterrar a semejante belleza.
¡Vete!
Pero no mires atrás.
Hay una calle que lleva a la avenida.
Síguela.”
Ella dudó
y luego empezó a caminar.
Las otras la miraron
—sin duda con envidia—
y ella avanzó, lentamente, paso a paso.
El oficial sacó su revólver
y le disparó por la espalda.


4

Un soldado que disparaba se había sentado en el borde estrecho de la fosa,
los pies colgando;
mientras fumaba un cigarro,
con la metralleta en las rodillas.

Al llegar cada camión, sus ocupantes—
hombres, mujeres y niños judíos de distintas edades—
tenían que desvestirse
y acomodar su ropa en lugares asignados,
en grandes pilas:
zapatos, abrigos, ropa interior.

El hombre de la S.S. sentado en la fosa,
llamó a su camarada
y contó hasta veinte, ya completamente desnudos,
y les ordenó bajar los escalones clavados en las paredes de la fosa:
tuvieron que trepar entre las cabezas de los muertos
hacia donde señalaba el soldado.
Mientras se dirigían a la fosa,
una joven esbelta de pelo negro,
al pasar junto a un civil alemán que estaba observando,
se señaló a sí misma y dijo:
“Tengo veintitrés años”.
Una vieja de pelo blanco
cargaba un bebé de un año
en sus brazos,
le cantaba y lo acariciaba,
y el niño parecía gozar;
y un padre sostenía la mano de su hijito
—el niño a punto de romper en llanto—
le hablaba suavemente,
acariciando su cabeza
y señalando al cielo.

Muy pronto los cuerpos fueron apilados en la fosa,
uno sobre otro,
todavía con los cráneos visibles y la sangre corriendo por los hombros;
algunos aún se movían,
levantando los brazos y agitando las cabezas.


5

Sacaron a unos veinte jasídicos de sus casas,
con los caftanes
y los mantos rituales que llevaban
y los libros sagrados en las manos.
Los llevaron a una colina.
Ahí recibieron la orden de cantar sus plegarias
y levantar los brazos para implorar la ayuda de Dios.
Y mientras lo hacían,
los oficiales les rociaron gasolina
y les prendieron fuego.


*Basado en una publicación del gobierno de los Estados Unidos, Juicios criminales ante el Tribunal Militar de Nuremberg y en las grabaciones del juicio de Eichmann en Jerusalén.


De Una antología de poesía norteamericana desde 1950 (Ediciones del Equilibrista, 1992)
Traducción: Adriana González Mateos y Myriam Moscona

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tres poemas de Mark Strand



XVI

Es cierto, como alguien dijo, que en
Un mundo sin cielo todo es despedida.
Agites o no tu mano, es despedida

Y si no asoman lágrimas a tus ojos,
Es de todos modos despedida, y si finges no saberlo,
Detestando cuanto pasa, También es despedida.

Despedida, sin importar qué. Y las palmeras, al ladearse
Sobre la verde esplendente laguna, y los pelícanos
En picada, y los atentos cuerpos de los bañistas que descansan,

Son etapas de una quietud final, y el deslizarse
De la arena y el viento y los secretos movimientos del cuerpo
Forman parte de lo mismo, una simplicidad que vuelve todo

Ocasión de duelo, o algo digno
De celebración, pues ¿qué hacer frente
Al peso de las alas de los pelícanos

La densa sombra de las palmeras, las células que oscurecen
La espalda de los bañistas? Esto va más allá de las distorsiones
Del azar, más allá de los efugios de la música. El final

Se representa una y otra vez. Y lo sentimos
En las evocaciones del sueño, en la maduración de la luna,
En el vino que reposa en la copa.



De Elegía para mi padre 

1. EL CUERPO VACÍO

Eran tuyas las manos, los brazos eran tuyos,
Pero tú no estabas.
Eran tuyos los ojos, pero estaban cerrados y no los abrirías.
El sol, distante, estaba allí.
La luna posada en el hombro blanco de la colina estaba allí.
El viento de Bedford Basin estaba allí.
La verde, desvaída luz invernal estaba allí.
Tu boca estaba allí,
Pero tú no estabas.
Si alguien hablaba no había respuesta.
Las nubes bajaron
Y cubrieron los edificios junto al agua,
Y callaba el agua
Lo vieron las gaviotas.
Los años, las horas, que no te encontrarían
Se apoyan en las muñecas de los otros.
No había dolor. Se había ido.
No había secretos. No había nada que decir.
La sombra esparció sus cenizas.
El cuerpo era tuyo, más tú no estabas allí.
El aire se estremeció contra su piel.
Lo oscuro se asomó a sus ojos.
Pero tú ya no estabas.



6. AÑO NUEVO

Es invierno y año nuevo.
Nadie te conoce.
Lejos de las estrellas, de la lluvia de luz,
Descansas bajo la rocosa estación.
No existe hilo que guíe tu regreso.
Tus amigos dormitan en la oscuridad
Del placer sin poder recordar.
Nadie te conoce. Eres el vecino de nada.
No ves caer la lluvia ni al hombre que se aleja,
El sucio viento esparciendo sus cenizas sobre la ciudad.
No ves el sol arrastrando a la luna como un eco.
No ves el herido corazón alzarse en llamas,
Los cráneos de los inocentes tornarse en humo.
No ves las cicatrices de la abundancia, los ojos sin luz.
Todo ha terminado. Es invierno y año nuevo.
Los humildes se despojan de su piel en el cielo.
Los desesperanzados padecen el frío con los que no tienen nada que ocultar.
Todo ha terminado y nadie te conoce.
Hay una luz estelar deslizándose en el agua oscura.
Hay piedras en el mar que nadie ha visto.
Hay una ribera y gente esperando.
Y nada retorna.
Porque todo terminó.
Porque en vez de un nombre hay silencio.
Porque es invierno y año nuevo.



De La escuela de Wallace Stevens (Vaso Roto, 2011)
Traducciones: Jeannette L. Clariond

domingo, 9 de septiembre de 2012

Tres poemas de Susana Thénon


NO ES UN POEMA 

Los rostros son los mismos, 
los cuerpos son los mismos, 
las palabras huelen a viejo, 
las ideas a cadáver antiguo. 

Esto no es un poema: 
es un grito de rabia, 
rabia por los ojos huecos, 
por las palabras torpes 
que digo y que me dicen, 
por inclinar la cabeza 
ante ratones, 
ante cerebros llenos de orín, 
ante muertos persistentes 
que obstruyen el jardín del aire. 

Esto no es un poema: 
es un puntapié universal, 
un golpe en el estómago del cielo, 
una enorme náusea 
roja 
como era la sangre antes de ser agua. 


LA ANTOLOGÍA

¿tú eres
la gran poietisa
Susana Etcétera?
mucho gusto
me llamo Petrona Smith-Jones
soy profesora adjunta
de la Universidad de Poughkeepsie
que queda un poquipsi al sur de Vancouver
y estoy en la Argentina becada
por la Putifar Comissión
para hacer una antología
de escritoras en vías de desarrollo
desarrolladas y también menopáusicas
aunque es cosa sabida que sea como fuere
todas las que escribieron y escribirán en Argentina
ya pertenecen a la generación del 60
incluso las que están en guardería
e inclusísimamente las que están en geriátrico
pero lo que importa profundamente
de tu poesía y alrededores
es esa profesión –aaah ¿cómo se dice?–
profusión de íconos e índices
¿tú qué opinas del ícono?
¿lo usan todas las mujeres
o es también cosa del machismo?
porque tú sabes que en realidad
lo que a mí me interesa
es no sólo que escriban
sino que sean feministas
y si es posible alcohólicas
y si es posible anoréxicas
y si es posible violadas
y si es posible lesbianas
y si es posible muy muy desdichadas

es una antología democrática
pero por favor no me traigas

ni sanas ni independientes


OVA COMPLETA *

Filosofía significa 'violación de un ser viviente'.
Viene del griego filoso, 'que corta mucho',
y fía, 3º persona del verbo fiar, que quiere decir
'confiar' y también 'dar sin cobrar ad referendum'.
Ejercen esta actividad los llamados friends
o "Cofradía de los Sonrientes",
los fiadores -desde luego-,
los que de veras tienen la manija y los que creen tenerla
en la descomunal mezquita de Oj-Alá.

Una vez consumada la filosofía
se hacen presentes por orden de aparición:

la taquería el comisario el juez de la causa
el forense el abogado de oficio el reportero gráfico
el secreto del sumario Max Scheler una familia vecina
un psiquiatra dos guardias

Ya adentro, hay:

1 que perdió entrambas gambas 1 sacerdote
1 indiferente 1 sádico 1 calcomaníaco de Racing
1 (UN) ejemplar del Erasmo Ilustrado para Niños

Ya más,
ya bien adentro:

el recuerdo de una frase famosa el olvido de esa
frase famosa al que sigue el olvido de todo lo
famoso y lo que no lo es salvo tu culo.

Filosofía significa 'violación de un ser viviente'

cuando tu pena es condonada 26 años después
retomás su ejercicio o te lo ejercen.


*OVA: sustantivo plural neutro latino. Literalmente: huevos.
COMPLETA: participio pasivo plural neutro latino en concordancia con huevos. Literalmente: colmados. Variantes posibles: rellenos, repletos, rebosantes, henchidos.


De La morada imposible (Ediciones Corregidor, 2001)

sábado, 8 de septiembre de 2012

Tres poemas de Theodore Roethke


ORQUÍDEAS

Se inclinan sobre el sendero,
Bocas de serpiente,
Balanceándose cerca de tu rostro,
Creciendo, suaves y engañosas,
Flexibles y húmedas, delicadas
Como la lengua de un pájaro joven;
Sus labios vellosos palpitantes
Se mueven con lentitud,
Aspirando el aire cálido.

Y de noche,
Cuando la luna desfallece entre enjalbegados vidrios,
Y el calor desciende,
Entonces el almizclado perfume se hace más intenso,
Goteando desde sus musgosas cunas.
¡Tantos voraces recién nacidos!
Muelles dedos luminiscentes,
Labios ni muertos ni vivos,
Sueltas bocas espectrales
Que respiran.


MACABRO EPIDÉRMICO

Indecoroso es aquel que aborrece
La apariencia de su envoltura carnal,
El tejido fugaz cosido sobre el hueso,
La vestidura del esqueleto,
El ropaje ni vellón ni pelo,
La capa del mal y la desesperación,
El velo largamente violado
Por las caricias de la mano y del ojo.
Sin embargo, tal es mi indignidad:
Odio mi vestido epidérmico,
La salvaje obscenidad de la sangre,
Los andrajos de mi anatomía,
Y voluntariamente haría caso omiso
De los falsos atavíos del sentido,
Para dormir impúdicamente, como el más
Encarnado y carnal espectro.


VACIADERO DE FLORES

Cañas brillantes como escorias,
Tallos como babosas,
Enteras camadas de flores arrojadas en montón,
Claveles, verbenas, cosmos,
Abono, malezas, hojas muertas,
Raíces desventradas,
Con venas descoloridas
Entrelazadas como finos cabellos,
Cada masa con la forma de un tiesto,
Todo fláccido
Salvo un tulipán en la cumbre,
Una cabeza jactanciosa
Sobre lo agonizante, lo recién muerto.


Versiones de Alberto Girri

lunes, 27 de agosto de 2012

Tres poemas de Joaquín Giannuzzi


INFORME POLICIAL

La escena se ha enfriado bajo un pesado desorden.
Hay un olor de flores descompuestas,
de cosas hace mucho paralizadas. ¿Tenía
algún enemigo resuelto allá afuera? ¿Una falla,
un coágulo en el pasado? En cada objeto
que perturbó la ráfaga del escándalo
hay una especie de venganza inmóvil,
una avaricia que no entrega su testimonio.
Aplastado a la alfombra, mortecino
y seco, el reguero de sangre,
sordomudo y aislando una verdad, expone una cuerda
rota
en el drama de las relaciones humanas.
La mente profesional desanda el tiempo
y la estructura de los hechos
porque estas cosas ya habían sucedido:
así que nadie oyó nada cuando la pistola
simplificó la contradicción y decidió el asunto.
Si queda alguna pregunta, un rastro digital
técnicamente apto, por ejemplo,
un texto escrito en el tejido oscuro, una muesca
reciente
en superficies que se han vuelto ambiguas
los molerá la lógica hasta filtrar el pus.
Por ahora se apagan las luces
para que el muerto cierre sus perforaciones,
bulto ciego girado sobre el secreto.
Afuera el aire es clamoroso; en el sol de los días que
siguen
una culpa sólidamente encarnada
circula de azul vestida, estrecha manos y no huele a
nada en especial.


CAÍDA CON ENIGMA

El hombre cayó en la calle.
Completamente muerto.
La especie se desploma así,
verticalmente, sin mayores
complicaciones de estilo.
El drama es hasta allí
mecánicamente neutro, de tres
dimensiones generales.
Pero sopla el viento sobre el difunto
y le arranca papeles inexplicables.


SUSURRO PERSONAL

Por alguna razón,
mi corazón late como una ametralladora.
El cardiólogo me ha dicho:
controle su vida emocional. Me pregunto
si no habrá allá adentro una verdad
que intenta abrirse paso. Vuelvo una mano al pecho
buscando una fe en la oscuridad
de mí mismo. La pulsación interna del yo
parece apresurarse
hacia una descomposición indescifrable.
El ritmo cardíaco es un tiempo en estado impersonal. Esta es
la única certeza que encuentro.
Los golpes sanguíneos de un tambor
cerrado sobre el vacío.
No hay noticias profundas de mí mismo
sino este susurro fisiológico, el zumbido
que hoy fui dejando a mi paso
a través de calles, edificios y cuerpos cerrados,
Un rastro de baba que recorrió el mundo
y está de regreso en esta habitación.

sábado, 11 de agosto de 2012

Guido Ceronetti - Fragmentos de El silencio del cuerpo



La colilla de un cigarro a medio fumar aplastada en el lavabo de un aseo es como una película del retrato moral de un hombre.  Ahí está: vulgar, prepotente, estúpido, falto de generosidad, que en el coito no piensa más que en sí mismo, lleno de dinero que arrambla o estafa, indiferente a las desgracias de los demás, destructor de animales y plantas, cazador, lector de periódicos deportivos, ávido, pesadísimo en todo, ruidoso, vocinglero, innoblemente práctico, comedor de carnes rojas, salador, bebedor de café, vestido con trajes caros, perfumado, respetuoso de la potencia, adorador de los coches. Ha ido allí a mear y ha dejado su fotografía; el nombre no importa. 


*


El hombre ya no puede cambiar, ni tomar otro camino; sólo puede acabar mal.


*


Después de la epidemia de peste de 1665, en Londres, la peluca cayó en desuso, por temor de que los cabellos procedieran de apestados.


*


Una amiga enferma de cáncer nos cuenta lo que es quedarse sola , ante la máquina que irradia sobre su pecho el Cobalto 60. Es una máquina que habla: un zumbido extraño que a veces se alza, a veces cesa. En un aislamiento completo, con una puerta pesadísima a la espalda, surge ese compañero ambiguo, que se sabe mortífero, rehuido y temido por todos, que contigo debiera siempre mostrarse lleno de benevolencia y, a cambio de dinero, curarte. ¿Pero qué lengua habla ese monstruo? ¿Qué advertencias murmura? ¿Qué cuenta? Tal vez habla de otros que han pasado por allí, y que han muerto, y te recomienda que no te hagas ilusiones, honestamente te ruega: "No me creas capaz de vencer a la muerte."


*


El excremento, mientras está en el cuerpo, es aceptado: no está separado de de la unidad del miscrocosmos; aislado, horroriza y repugna, por el olor del alma desnuda y anónima que exhala.


*


Susan Atkins asegura que Sharon Tate, de tanto implorar y suplicar que no la mataran, parecía una máquina de la IBM: "Cansada de oírla, la apuñalé." Ludismo.


*


Lo sagrado da miedo. Pero también su ausencia, también el mundo desacralizado, sin reglas, sin prohibiciones. Libres, no podemos existir. Hay que elegir aquello que más consuele.


*


El misántropo es, necesariamente, el más denodado negador de un Dios antropomorfo.


*


Si les quitamos a los sentimientos amorosos la morbosidad que los lubrifica, no quedarán sanos, sino estériles, atrofiados, movidos por el viento árido de la crueldad.


*


En la fase gaseosa de la putrefacción, todo hombre blanco se convierte en negroide,  e incluso un enano tiene su momento de gigantismo.


*


Quien tolera los ruidos es ya un cadáver.


*


De una descripción de la enfermedad de Parkinson: "El semblante está a menudo rígido y fijo, y cuando el paciente esboza una sonrisa, lo hace de un modo persistente." Nada debe durar más allá del instante que ha solicitado la necesidad de ser: una sonrisa que persiste se convierte inmediatamente en una lúgubre mueca, cualquier durar son motivo, aun sin rigidez o temblor, es Parkinson.


*


Si buscando una mano en la oscuridad, encuentras un culo, piensa en la riqueza y en el misterio de la oscuridad.


*


Desde el momento en que el hombre es un cáncer, no tendría que ser tan improbable, en otros planetas, su metástasis.



*


Defecando se puede pensar en la vida y en la muerte, comiendo se puede pensar en todo, pero muy mal, en el coito no se puede y no se debe pensar en nada. Es vaciamiento místico. Pero para todos.


*


La idea de tener un Dios como causa de la propia destrucción es una etiología sublime, que eleva al hombre por encima de su lecho de tortura y lo hace, en el momento de su mayor miseria, divino. "Pero ni un Dios te enferma ni un Dios te sana." Entonces, sobre este pasillo de hospital no hay más que el piso de arriba, y sobre ése, otro piso, y encima más pisos, blancos, iluminados, y sobre mí nada mas que una serie de pisos blancos, iluminados, recorridos por camillas, donde se mueven agujas y tijeras, gasas y termómetros, y manos de hombre cogen y sueltan manos de hombre, y abajo una fila de ataúdes, cámaras frigoríficas, un infierno aseótico, infinito, sin esperanza.


*


Fornicar viene de fornice [cimbra, curvatura interior de un arco], porque bajo las bóvedas era donde se encontraban en Roma las putas. Sólo el que fornica al aire libre, bajo la bóveda del cielo, es un verdadero fornicador.


*


Opiniones. Hubo quien dijo que el ataúd de Marie des Vallées despedía un aroma de romero, y quien aseguró que era de queso echado a perder. Estaban también los neutrales, que no percibieron ningún olor. 


*


Mientras tengan ganas de matar, no perderán el gusto de engendrar.


*


El optimismo es como el óxido de carbono: mata dejando sobre los cadáveres una impronta de rosa.


*


En el punto culminante de sus arrebatos oratorios Hitler eyaculaba; era el momento en que la Muchedumbre estaba más estrechamente subyugada a él. Se cumplía así una cópula monstruosa, un incesto no previsto por los códigos sagrados. La muchedumbre fecundada, encinta de demonios que tardan poco tiempo en salir de su barriga. Así se explica cómo un solo hombre puede ser padre de tanto mal.


*


Todo lo que no se come hace bien a la salud.



De El silencio del cuerpo (Acantilado, 2006)
Traducción de J. A. González Sainz
   




Charles Wright - Retrato del artista con Hart Crane



Finales de agosto en Venecia, afuera, después de almorzar, Hart
apaga la colilla de su cigarro en un vaso de vino,
el semblante humedecido y aséptico
encierra la palidez de la muerte o la suavidad de una nube.
El brillo líquido de su porvenir se adhiere aún a la pérgola.

El tema de la poesía es siempre el tiempo.
Pienso, las pequeñas manecillas, cada noche en nuestro pecho
se desdoblan por la mañana, un dedo a la vez
bajo el renovado peso del sol.
Un día más es un día menos.

Llevo varias semanas escribiendo este poema
con un lápiz hecho de lluvia, que corre por mi cara
y la de mi amigo, creando un lenguaje donde nada permanece.
La luz del sol no tiene tal deseo.
En los pequeños estanques de nuestras palabras, el fondo es el brillo.



De La escuela de Wallace Stevens (Vaso Roto, 2011)
Traducción: Jeannette L. Clariond