jueves, 17 de julio de 2014

Como quien mira un auto incendiarse


Jorge Posada, La belleza son los aeropuertos vacíos, Ediciones Liliputienses, España, 2013.

 ___________________________________


habitar un país es llenar de tierra una piscina

con este espléndido verso no comienza La Belleza son los aeropuertos vacíos, lo que encontramos es una línea muy extraña que de inmediato hace pensar en una pareja de psicópatas enamorados que sale a destruir muñecos de nieve:

Página anterior: Jorge Posada

estoy convencido de que en ese verso decasílabo está la clave del libro. No la revelaré; sólo puedo utilizar las palabras del poeta sueco Lärs Thomasson en su libro de ensayos Poesía y Apocalipsis, “La belleza es todo el tiempo como un objeto en el oído, por más que intentes alcanzarlo sólo lograrás que se atasque más y más, e incluso, infligirte dolor. Ante ella sólo nos queda permanecer inmóviles y esperar que dejemos de ser el centro de su volátil atención”. Es decir, somos cervatillos que pastan tranquilamente sólo hasta que la belleza decide arrojar sus perdigones sobre nuestros cuerpos indefensos. El título, siguiendo a Thomasson, no es más que un engaño. Los aeropuertos vacíos no pueden ser la belleza, puesto que un aeropuerto vacío es inofensivo y la belleza casi siempre huele a motosierras.

¿Pero qué tal si el título es después de todo un gran acierto? Un aeropuerto vacío tiene que ser la belleza, puesto que la materialización de esa imagen podría ser una de las más grandes epifanías permitidas por las sociedades contemporáneas: una pequeña fisura en el tejido viscoso de lo real: una porción de tiempo congelado.

Ambas condiciones, irrealidad e inmovilidad, son esenciales en la obra de Posada, y reflejan claramente dos sus influencias más importantes; una es desde luego el Benedetti de Los cerezos del espacio exterior —tal vez el mejor libro del uruguayo—, con quien comparte algunos motivos y patrones rítmicos, pero sobre todo la capacidad de revestir cada atmósfera con una membrana de extrañeza que provee al poema de cierta consistencia espectral; y la otra, el artista japonés Yahiro Kobayashi, cuyas series fotográficas de pulpos y calamares vestidos de novia funcionan, al igual que los textos de La belleza son los aeropuertos vacíos, como pequeñas bengalas que iluminan brevemente un objeto o un lugar.

Teniendo en cuenta lo anterior un poema como el siguiente parece abrirse de pronto ante nosotros:

los domingos busco programas deportivos
me consuela oír alineaciones
que pronto serán un listado de fantasmas

es claro que el yo lírico mira el encuentro entre el Club Deportivo Guadalajara y el Boca Juniors, mismo que terminó 4-0 con victoria para los mexicanos, con goles de Adolfo Bautista y otros tres jugadores no identificados, todos ellos fantasmas en la actualidad.

¿Pero por qué el protagonista del poema mira fútbol y no béisbol, tenis o simplemente sale de la casa para aporrear indigentes? La explicación más certera se encuentra en otro verso de Posada:

cambiar las piezas
no mejora un sitio que debería derrumbarse  

¿para qué molestarse en mover un dedo si afuera y adentro serán víctimas del desastre? El poeta sabe, junto con uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo, el parisino Michel Galassèz, que “navegamos ya en el crucero púrpura del sinsentido”. Después de siglos y siglos de sistemas filosóficos que pretendían capturarlo todo en una gran esfera sin grietas, lo viviente se reveló similar a un tumor en el hígado: algo feo y arbitrario que no sirve para nada.

No obstante, la poesía es bonita.  

Los poemas de Jorge Posada son siempre de una liviandad onírica, o incluso, diazepámica. La sintaxis es clara y el ritmo un oleaje suave. Un par de trazos ligeros y estas postales vaporosas fluyen sin hacer demasiado ruido. Un poni. La realidad que los poemas construyen parece inofensiva o simple en exceso, o incluso un mero recuerdo nostálgico, sin embargo tarde o temprano muestra su faceta anómala o puntiaguda. Un pony con colmillos de diez centímetros. Los versos pueden ser el sonido de los columpios después de la bruma, pero también excavadoras que destrozan las arterias. Quizás ambas cosas a la vez.

No quisiera dejar de mencionar ciertas partes del libro sumamente entrañables, por ejemplo cuando  el yo lírico se da cuenta que los mejores poemas en los que participó sólo eran burdos montajes. Cuando sufre a causa de cálculos renales. Cuando pelea a muerte en una cantina. Cuando su esposa lo engaña con un enano traficante de crack. Cuando es raptado por zarigüeyas.

La belleza son los aeropuertos vacíos es un libro que cualquier ama de casa desplazada, cualquier anciano semi-destruido y cualquier joven sin ilusiones debería leer. En él encontrarán paz espiritual y consejos para ser mejores personas día con día. Incluso, los otros parecerán menos detestables y su olor y sus células muertas acumulándose a cada momento ya no molestarán demasiado.*

Uno de los aspectos más sorprendentes —y modernos— de la obra es la compra de los derechos de explotación de un puñado de personajes poco conocidos de la cultura rusa, eslovena y croata, con los cuales Posada construye algunos de los mejores textos de la temporada 2012-2013:

sus poemas son malos pero no se desanime
escriba y escriba quizá algo surja después
arseni regresa a su pueblo

durante décadas mira caballos
y la muerte de esos caballos
por las noches deja que los insectos
invadan la habitación de su mujer

en el poema anterior podemos encontrar un espléndido diálogo imaginario entre el joven boxeador y aspirante a poeta Arseni Tarkovski y uno de los grandes líricos del siglo XX: Boris Dragunov. Imaginario porque, a pesar de que en 1928 ambos hombres efectivamente se encontraron en la casa de campo de Dragunov —a las afueras de lo que en aquél entonces era Leningrado—, es imposible saber qué palabras y pensamientos cruzaron por sus cabezas esa tarde. Poco importa, ya que Posada parece haber estado escondido en algún rincón de la casa escuchando el final de la plática. Las palabras de Dragunov son un mazazo sobre la nuca de Arseni y también nos recuerdan que la escritura poética, casi todo el tiempo, es un ejercicio fallido.

Las palabras de Dragunov son bacterias en el cerebro de Arseni. Nos recuerdan que el golf es un ejercicio fallido
.
Los palabras son ejercicios fallidos.

Al final de cuentas, es imposible definir si La belleza son los aeropuertos vacíos es un libro acerca de un mundo en el que todos los aviones han desaparecido misteriosamente y ya nadie espera en sus salas enormes ni mira durante horas las bandas del equipaje o si se trata de una apología en código de los casi extintos dirigibles. Lo que nos queda es abordarlo, en palabras de Posada, “como quien mira un auto incendiarse”.   LEG





*Fragmento pagado por Jorge Posada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario