martes, 26 de agosto de 2014

Dos poemas de Mario Ortiz


ESCRITO CON UNA HEBRA DE LANA MARRÓN QUE ENCONTRÉ POR AHÍ

Tomá el hilo y extendelo.
Colocá en uno de sus extremos a una madre junto a unas agujas.
Distribuí cuatro paredes y formá una habitación con un amplio ventanal que dé a un patio con plantas y una parra.
¿Es la tarde? ¿Ya anochece y es otoño? Desplegá con tu mano el color del cielo, de las cosas y de la luz. Cuidá esos detalles.
La madre comenzará a tejer. Soltá el hilo a medida que lo demande.
Aprovechá ese momento porque la hebra es extremadamente corta, apenas unos centímetros.
Cuando ya no sientas en la yema de tus dedos el cosquilleo de la lana que va corriendo, cerrá los ojos por un momento hasta que todo haya desaparecido.

Ese pulóver hubiese sido para vos.


PEQUEÑO TRATADO DE GEOLOGÍA DOMÉSTICA

     Tengo en mis manos una piedra de canto rodado que encontré en Sierra de la Ventana.  Su interior seco y compacto permanece imperturbable acaso desde la extinción de los últimos grandes reptiles, sin recibir el sol que iluminó la aparición de los primeros cazadores nómades y sus pinturas rupestres, la construcción de la gran pirámide, el ascenso y caída de Roma, el nacimiento de Jesús, los trovadores y Shakespeare, las correrías de los tehuelches por la meseta patagónica, la Revolución de Mayo, las esperanzas y desdichas de esta ciudad que está sobre un mar que no es un mar sino, apenas, una entrada de ría de barro pegajoso y gris.
  Si la partiese con un martillo, recibiría directamente el resplandor de una tarde calurosa, mis miradas, los ruidos ahogados de la calle, los ladridos del Yago. Me pregunto qué entendería de todo esto, si es que una piedra pudiese tener algún pensamiento.
   La dejo junto a la maceta, intacta.
   Si no sufre algún accidente, los días y las noches, el viento y la lluvia la erosionarán muy lentamente.
   En algún momento, desaparecemos el Yago y yo, los lugares y rostros de siempre. 
   Partícula a partícula se desgranará hasta que, devenida un pequeño cascotito, exhiba por fin lo que fue ese interior seco y oscuro ante un mundo completamente desconocido.
   Para ese entonces, estas palabras y esta tarde habrán sido, apenas, menos que imágenes fugaces en un sueño interminable.

   La piedra está a la sombra de la maceta.
   Almacena frescura.


De Cuadernos de Lengua y Literatura. Volumen IX, de próxima aparición en Ediciones Liliputienses, España.

viernes, 15 de agosto de 2014

Michael Longley - Autocuración

AUTOCURACIÓN

Yo quería enseñarle los nombres de las flores,
autocuración y centaura; en la gran finca
donde nunca pasta el ganado, asfódelo de ciénaga.
¿Acaso podría yo haber amado a alguien tan fuera de quicio
y, como dicen, haberle dado alas?
Había dormido en cuna hasta los doce
por ser tan infantil, me supongo,
o por falta de cama: ¿acaso su padre no había
perdido todo en el juego menos el pastizal juncoso?
Parecía tener el cráneo cincelado como una cuña
sobre los hombros, y la espalda jorobada,
lo cual le daba un aire casi académico.
Pero no podía recordar las cosas que le había enseñado:
cada nombre flotaba sobre su flor
como una mariposa incapaz de posarse.
Ese día desfloré una tragontina
para dejar en libertad a los mareados insectos.
Con delicadeza deslizó la mano entre mis muslos.
Me dio miedo; y aún no sé por qué
pero salí corriendo, bañada en lágrimas, a contárselo a todos.
Me enteré de que todos los días de aquella semana
lo azotaron con una vara de endrino, y luego lo amarraron
en el henar. Yo podría haber sido la vaca
a la cual habría descolado después con cizallas,
y él el carnero enredado en alambre de púas
que mató a pedradas cuando lo dejaron libre.


Traducción de Pura López Colomé

sábado, 26 de julio de 2014

Cuatro poemas de Tu Fu

AMANECER EN LAS MONTAÑAS

La ciudad está en silencio,
lejos se escucha el drenar de un desagüe.
Las construcciones se desvanecen
en la claridad del amanecer.
La fría luz solar baja desde los picos más altos,
el polvo espeso de la noche
se adhiere a las colinas,
la tierra se abre,
los botes del río se ven borrosos,
el cielo detenido,
el sonido de las hojas cayendo.
Una enorme coneja perdida
llega hasta la puerta del jardín
buscando a sus compañeros.


OTRA PRIMAVERA

Pájaros blancos sobre el río gris.
Flores rojas sobre las lomas verdes.
Miro pasar la primavera y me pregunto
si algún día podré volver a casa.


Visita a Tsan, abad de Ta-Yun

Estoy despierto en la penumbra de la lámpara.
El corazón en paz respira el aroma de la dedicación.
Entre las paredes del templo la noche es interminable.
Las campanas del viento dorado se estremecen en la brisa.
La corte se encierra en la profunda
oscuridad de la noche de primavera.
En la tiniebla el estanque cristalino
exhala el perfume de las flores.
La constelación del norte cruza el cielo
cortada por las cúpulas del templo,
donde un fénix de hierro se arquea en el aire.
Cánticos de plegarias llegan flotando desde el salón.
Notas palidescentes de campanas remolinean por mi lecho.
Mañana en la luz del día
caminaré por los campos abonados
y lloraré ante el polvo amarillo de la muerte.


VIAJANDO HACIA EL NORTE

Lechuzas rezongan entre moreras
amarillas. Un ratón de campo se escurre
preparando sus cuevas para el invierno.
Medianoche. Cruzamos un viejo campo de batalla.
La luz de la luna brilla fría sobre los huesos blancos. 


Versiones de Daniel Durand.

jueves, 17 de julio de 2014

Como quien mira un auto incendiarse


Jorge Posada, La belleza son los aeropuertos vacíos, Ediciones Liliputienses, España, 2013.

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habitar un país es llenar de tierra una piscina

con este espléndido verso no comienza La Belleza son los aeropuertos vacíos, lo que encontramos es una línea muy extraña que de inmediato hace pensar en una pareja de psicópatas enamorados que sale a destruir muñecos de nieve:

Página anterior: Jorge Posada

estoy convencido de que en ese verso decasílabo está la clave del libro. No la revelaré; sólo puedo utilizar las palabras del poeta sueco Lärs Thomasson en su libro de ensayos Poesía y Apocalipsis, “La belleza es todo el tiempo como un objeto en el oído, por más que intentes alcanzarlo sólo lograrás que se atasque más y más, e incluso, infligirte dolor. Ante ella sólo nos queda permanecer inmóviles y esperar que dejemos de ser el centro de su volátil atención”. Es decir, somos cervatillos que pastan tranquilamente sólo hasta que la belleza decide arrojar sus perdigones sobre nuestros cuerpos indefensos. El título, siguiendo a Thomasson, no es más que un engaño. Los aeropuertos vacíos no pueden ser la belleza, puesto que un aeropuerto vacío es inofensivo y la belleza casi siempre huele a motosierras.

¿Pero qué tal si el título es después de todo un gran acierto? Un aeropuerto vacío tiene que ser la belleza, puesto que la materialización de esa imagen podría ser una de las más grandes epifanías permitidas por las sociedades contemporáneas: una pequeña fisura en el tejido viscoso de lo real: una porción de tiempo congelado.

Ambas condiciones, irrealidad e inmovilidad, son esenciales en la obra de Posada, y reflejan claramente dos sus influencias más importantes; una es desde luego el Benedetti de Los cerezos del espacio exterior —tal vez el mejor libro del uruguayo—, con quien comparte algunos motivos y patrones rítmicos, pero sobre todo la capacidad de revestir cada atmósfera con una membrana de extrañeza que provee al poema de cierta consistencia espectral; y la otra, el artista japonés Yahiro Kobayashi, cuyas series fotográficas de pulpos y calamares vestidos de novia funcionan, al igual que los textos de La belleza son los aeropuertos vacíos, como pequeñas bengalas que iluminan brevemente un objeto o un lugar.

Teniendo en cuenta lo anterior un poema como el siguiente parece abrirse de pronto ante nosotros:

los domingos busco programas deportivos
me consuela oír alineaciones
que pronto serán un listado de fantasmas

es claro que el yo lírico mira el encuentro entre el Club Deportivo Guadalajara y el Boca Juniors, mismo que terminó 4-0 con victoria para los mexicanos, con goles de Adolfo Bautista y otros tres jugadores no identificados, todos ellos fantasmas en la actualidad.

¿Pero por qué el protagonista del poema mira fútbol y no béisbol, tenis o simplemente sale de la casa para aporrear indigentes? La explicación más certera se encuentra en otro verso de Posada:

cambiar las piezas
no mejora un sitio que debería derrumbarse  

¿para qué molestarse en mover un dedo si afuera y adentro serán víctimas del desastre? El poeta sabe, junto con uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo, el parisino Michel Galassèz, que “navegamos ya en el crucero púrpura del sinsentido”. Después de siglos y siglos de sistemas filosóficos que pretendían capturarlo todo en una gran esfera sin grietas, lo viviente se reveló similar a un tumor en el hígado: algo feo y arbitrario que no sirve para nada.

No obstante, la poesía es bonita.  

Los poemas de Jorge Posada son siempre de una liviandad onírica, o incluso, diazepámica. La sintaxis es clara y el ritmo un oleaje suave. Un par de trazos ligeros y estas postales vaporosas fluyen sin hacer demasiado ruido. Un poni. La realidad que los poemas construyen parece inofensiva o simple en exceso, o incluso un mero recuerdo nostálgico, sin embargo tarde o temprano muestra su faceta anómala o puntiaguda. Un pony con colmillos de diez centímetros. Los versos pueden ser el sonido de los columpios después de la bruma, pero también excavadoras que destrozan las arterias. Quizás ambas cosas a la vez.

No quisiera dejar de mencionar ciertas partes del libro sumamente entrañables, por ejemplo cuando  el yo lírico se da cuenta que los mejores poemas en los que participó sólo eran burdos montajes. Cuando sufre a causa de cálculos renales. Cuando pelea a muerte en una cantina. Cuando su esposa lo engaña con un enano traficante de crack. Cuando es raptado por zarigüeyas.

La belleza son los aeropuertos vacíos es un libro que cualquier ama de casa desplazada, cualquier anciano semi-destruido y cualquier joven sin ilusiones debería leer. En él encontrarán paz espiritual y consejos para ser mejores personas día con día. Incluso, los otros parecerán menos detestables y su olor y sus células muertas acumulándose a cada momento ya no molestarán demasiado.*

Uno de los aspectos más sorprendentes —y modernos— de la obra es la compra de los derechos de explotación de un puñado de personajes poco conocidos de la cultura rusa, eslovena y croata, con los cuales Posada construye algunos de los mejores textos de la temporada 2012-2013:

sus poemas son malos pero no se desanime
escriba y escriba quizá algo surja después
arseni regresa a su pueblo

durante décadas mira caballos
y la muerte de esos caballos
por las noches deja que los insectos
invadan la habitación de su mujer

en el poema anterior podemos encontrar un espléndido diálogo imaginario entre el joven boxeador y aspirante a poeta Arseni Tarkovski y uno de los grandes líricos del siglo XX: Boris Dragunov. Imaginario porque, a pesar de que en 1928 ambos hombres efectivamente se encontraron en la casa de campo de Dragunov —a las afueras de lo que en aquél entonces era Leningrado—, es imposible saber qué palabras y pensamientos cruzaron por sus cabezas esa tarde. Poco importa, ya que Posada parece haber estado escondido en algún rincón de la casa escuchando el final de la plática. Las palabras de Dragunov son un mazazo sobre la nuca de Arseni y también nos recuerdan que la escritura poética, casi todo el tiempo, es un ejercicio fallido.

Las palabras de Dragunov son bacterias en el cerebro de Arseni. Nos recuerdan que el golf es un ejercicio fallido
.
Los palabras son ejercicios fallidos.

Al final de cuentas, es imposible definir si La belleza son los aeropuertos vacíos es un libro acerca de un mundo en el que todos los aviones han desaparecido misteriosamente y ya nadie espera en sus salas enormes ni mira durante horas las bandas del equipaje o si se trata de una apología en código de los casi extintos dirigibles. Lo que nos queda es abordarlo, en palabras de Posada, “como quien mira un auto incendiarse”.   LEG





*Fragmento pagado por Jorge Posada.

lunes, 14 de julio de 2014

Tres poemas de Allen Ginsberg

ELEGÍA PARA NEAL CASSADY

OK Neal
            Espíritu etéreo
                        Brillante como el aire en movimiento
                                azul como el amanecer de la ciudad
                 alegre como la      luz liberada por el día
                        sobre los nuevos edificios de la ciudad—

Los Gigantescos ladrillos de Maya se alzan reconstruidos
                                    en la parte baja del East Side
      las ventanas brillan en medio del lechoso smog.
     La apariencia es ya innecesaria.

Peter duerme solo en la habitación de al lado, triste.
¿Estás reencarnado? ¿Puedes oírme hablar?
Si alguien tenía fuerza para oír lo invisible,
y atravesar la Pared Maya
            tú la tenías—
                                    ¿Qué eres ahora, un Espíritu?
Que fuera Espíritu en un cuerpo—

El cuerpo está incinerado.
                        junto a la vía férrea
            el desierto de San Miguel Allende,
                        al exterior de la población
            El Espíritu se convierte en Espíritu,
                        o en robot reducido a cenizas.

Tierno Espíritu, gracias por tocarme con tiernas manos
cuando eras un joven con un bellísimo cuerpo,
Un toque tan puro que era Esperanza más allá de la carne Maya,
Lo que eres ahora,
            Impersonal tierno—
me mostraste tus músculos/calor/hace más de veinte años
cuando yo yacía temblando en tu pecho
                     ponías tu brazo en torno a mi cuello
—de pie juntos en una habitación desnuda en la calle 103
Escuchando una Radio de madera,
                                               con los ojos cerrados
Eterno color rojo de Shabda
                        lampareando en nuestros cerebros
en Illinois El Saxofón de Jaquet Temblando
            profético Honk de Louis Jordan,
            Músicas acarameladas, Abre la Puerta Richard
                        Al Apocalipsis de Cristo—
Los edificios son insustanciales—
Esta es mi visión de Nueva York
                             afuera, oficinas-apartamento del este
            donde sonó el teléfono anoche
                            y una amigable y desconocida Voz de Denver
me preguntó, ¿había oído las noticias del Oeste?

Algún alboroto en marcha, Eugene Oregon o Hollywood Amenzador
                        Tuve una premonición.
“No” dije —“he estado fuera toda la semana”
                  “no has oído las noticias del Oeste,
                        Neal Cassady ha muerto—“
Un ¡Oh! como de paloma, Peter en la otra línea escuchando.

Tu foto mira con expresión alegre, llorosa, tensa,
                                   una vela se consume,
            verde palo de incienso junto a los dioses de la casa.
La Tiranía Militar desborda las Universidades, tu Profecía
            Acercándose a su sentido más amable no echa
                                                           Abajo
                        al despertar del Gran Año.

Kesey está en Oregon escribiendo lenguaje de novelas
                                               la granja de la familia sola.
¿No tenías ya nada que hacer? ¿Estaba hecho ya tu trabajo?
            ¿Habías visto tu primer hijo?
                        ¿Por qué nos dejaste aquí a todos?
            ¿Se ha ganado ya la batalla?

Soy un esqueleto fantasma con dientes, calavera
            reposando sobre una almohada
                 llamando a tu espíritu
            dios eco conciencia, murmurando
                         tristemente para mis adentros.

El lamento en la luz del alba es innecesario,
                                    el mundo queda liberado,
            el deseo queda satisfecho, tu historia terminó,
                 historia contada, Karma resuelto,
                                   oraciones concluidas
      visión manifiesta, nueva conciencia lograda,
                 espíritu devuelto en un círculo,
mundo abandonado vacío, autobuses rugiendo por las calles—
            basura dispersa por los pavimentos—
Grandeza solidificada, destino familiar fantasmalmente
                        devuelto al Auto-amanecer,
                             Tu destino caído sobre una vía de ferrocarril
Mi cuerpo respira con facilidad,
                                   yazco solo,
                                               viviendo
Después que la amistad se disuelve de las formas carnales
del corazón cuelga una pesada felicidad,
                        podría estar hablándote siempre,
                                   El placer inagotable,
                                        discurso de espíritu a espíritu.  
Oh, Espíritu
Señor espíritu, perdona mis pecados,
Señor espíritu, vuelve a darme tu bendición,
Señor Espíritu, perdona las exigencias de mi cuerpo fantasma,
Señor Espíritu, gracias por tu pasada bondad,
Señor Espíritu, que estás en los Cielos, ¿Qué más daba tu forma mortal,
                        Que continúa este gran show del Espacio?
                        ¿Veloces pasiones generaciones de
                                   Pregunta? ¿agónicos viajes Nocturnos en Texas?
                                   ¿hégira-jazz psicodélica en autobús—
                        Verdes poesía de auto, carreteras inspiradas?
Triste Jack en Lowell  fue el que más vio el fantasma—
                  más solo que ninguno, excepto tu noble Yo.
Señor Espíritu, y vago solitario:
                                               Oh, profundo suspiro.

                                                                                  10 febrero 1968 5-5, 30 AM   


SOBRE LAS CENIZAS DE NEAL

Delicados ojos que deslumbraban Rocosas azules todo cenizas
pezones, Costillas que toqué c/ mi pulgar son cenizas
boca que mi lengua tocó una o dos veces toda cenizas
huesudas mejillas suaves sobre mi abdomen son carbón, cenizas
lóbulos & párpados, juvenil punta del pene, caracoleado pubis
calidez del pecho, palma de hombre, muslo de estudiante,
brazo con bíceps de beisbol, ano atemperado a piel sedosa
                        todo cenizas, todo cenizas de nuevo.

                                                                                    Agosto 1968


DE NUEVO SOBRE DENVER

Grises nubes eclipsan el látigo del sol, las montañas flotan hacia el oeste, el avión
ruge suavemente sobre Denver –Neal lleva un año muerto– limpios patios suburbanos
Adecuada pensión para el homosexual, callejuela
del mensajero, Lila una década atrás, antes de la bomba atómica.
Denver sin Neal, ¿eh? Denver con crepúsculo naranja
y gigantescos aeroplanos aleteando plateados hacia San Francisco
torres de vigilancia a través de la roja y fría luz del planeta, cuando esté muerto el Ángel
de la Tierra
el planeta de materia muerta girará como un robot
y los insectos saltarán de acá para allá entre ciudades metálicas.

                                                                                  13 de febrero de 1969

Traducción de Antonio Resines

sábado, 12 de julio de 2014

Tres poemas de Edoardo Sanguineti


En ti dormía como un fibroma enjuto, como una magra tenia, un sueño;
ahora pisa la grava, agita la propia sombra, ahora chilla
deglute, mea, habiendo esperado desde siempre el sabor
de la manzanilla, la temperatura de la liebre, el ruido del granizo,
la forma del tejado, el color de la paja:
                                                                              el tiempo se vuelve
sin remedio hacia sus días, la tierra ofrece imágenes confusas;
¿sabrá reconocer a la cabra, al campesino, al cañón?
en verdad no esperaba estas tijeras ni esta pera
cuando temblaba en tu bolsa de membranas opacas.


Aferra este mercurio, esta helada encía, esta miel,
esta esfera
de vidrio árido; mide atentamente la cabeza de nuestro
niño y no le tuerzas ahora su pie
imperceptible:
                               en tu pezón debes ya convertir
un prolongado continente de lámparas, el obsesivo aliento
de los jardínes
críticos, las perezosas ballenas del vientre, las ortigas
y el vino, la náusea y la herrumbre;
                                                               porque pronto cada calle
querrá ir a su encuentro, una hernia umbilical grabarle
su perfil de humo, algún hipopótamo regalarle
sus dientes de caspa y de fósforo negro:
                                                                              evita el viento,
los sitios llenos de gente, los prestidigitadores, los insectos;
a los seis meses podrá doblar su peso, ver a la oca,
apretar la bata, asistir a la caída de los serios;
arráncalo, pues, de su existencia de glóbulos y algas, de pequeños nudos,
de lóbulos indecisos:
                               su gemido conquistará tus líquidas heridas
y sus ojos de oblicua mantequilla corregirán estos siglos sin nombre.


Llora, llora y te compro una larga espada azul de plástico, un refrigerador
Bosc en miniatura, una alcancía de barro, un cuaderno
con trece rayas, una acción de la Montecatini:
                                                               llora, llora y te compro
una pequeña máscara antigás, un frasco de jarabe reconstituyente,
un robot, un catecismo con ilustraciones a colores, un mapa geográfico
con banderitas victoriosas:
                                               llora, llora y te compro un cachalote
de hulespuma , un árbol de Navidad, un pirata con su pata
de palo, una navaja de muelle , una buena esquirla de una buena granada de mano:
                               llora, llora y te compro muchas estampillas
de la Argelia francesa, muchos jugos de fruta, muchas cabezas de madera
muchas cabezas de moros, muchas cabezas de muertos:
                                                               oh, ríe, ríe y te compro
un hermanito, para que lo llames por su nombre: para que lo llames
Michele:


Traducción de Guillermo Fernández

jueves, 10 de julio de 2014

Tres poemas de Cristián Gómez Olivares


LOS POEMAS PROMETIDOS


Estos son los poemas que Huidobro y Francisco del
Valle me corrigieron. Estos son los poemas que
el Carlitos de Rokha y Gustavo Ossorio me

corrigieron juntos. Estos son los poemas que Olga
Acevedo y Victoriano Vicario me corrigieron
después de mostrárselos al Pancho Véjar.

Estos son los poemas que Lucho López-Aliaga
me dijo en el Panamericano que mejor los
tirara por el water y me tomara a cambio

una pílsen: estos son los poemas que Germán me dijo
que mejor me los metiera por el culo porque era pésimo
como persona en primera persona. Estos son

los poemas que el David me dijo que mejor los
leyera de nuevo, que mejor volviera a respirar
y terminó pidiéndose la próxima (Cerro San Cristóbal,

más Sergio Valero): estos son los poemas que el
Javier siempre ha rechazado, estos son los poemas,
estos son los poemas, estos –y no otros: son los poemas.



LA POESÍA ES LO QUE SE PIERDE EN LOS PUEBLOS CHICOS


Vivo en un poema de Robert Frost
del que nadie ha salido todavía.

Siempre quise escribir poemas
como los de Hinostroza, pero

terminé escribiendo como los míos.
Hubiera querido que alguna muchacha

entrara a una tienda de París
para convencerla de que hiciéramos

el amor tendidos sobre los pastos
que rodean algún castillo de esos

reyes cuyos nombres desconocemos
por parejo. Pero sólo he podido

hacer clases y caer rendido
a los pies de una mesera

en el bar más torrante de
Santiago-centro, allí donde nos

confundieron con los peruanos recién llegados
que es lo más cerca que estuve alguna vez

de la poesía de Hinostroza.
Sin embargo vivo en un poema

de Robert Frost, en un pueblo
cuyo alumbrado público

ha sido el tema de otros profesores
de college, enmarañados como

el abajo suscrito en lo que pudimos
recoger de la resaca neoliberal: no debiera

poner así las cosas, pero los años
dorados quedaron tan atrás como

los años locos que alguna vez
nos ofrecieron. Los faroles

viven de la energía eléctrica
generada por el carbón de las

minas de otro estado.
Nosotros de los faroles

que en lugar de la historia
nos han absuelto.



OSCURO COMO LA TUMBA
(Acción de arte, Cine Arte Alameda,
1999)


Cuatro tipos sentados en cuatro sillas
haciendo un semicírculo.  Simulan ser una
familia.  Al frente de ellos hay cuatro cadáveres
de gatos, crucificados y conectados a un interruptor
en la mano de cada uno de los individuos.  En
cuanto la familia empieza a discutir, los ataques
mutuos se traducen en apretar el interruptor,
darle una sacudida eléctrica al gato que representa a
alguno de los aludidos, quien simula sufrir en su
propio cuerpo la descarga eléctrica.  A medida
que la conversación (y las descargas) aumentan su
intensidad, los cadáveres se van, literalmente,
quemando.  En el paroxismo de la disputa, el
padre se levanta y con una sierra –también
eléctrica– descuartiza a la madre (i.e., al
gato que la representa).  Luego
el hijo hace lo propio con
el padre.  Por último la
hermana menor completa el cuadro
asesinando al parricida –permaneciendo
como la única sobreviviente.  Al
salir, son como las dos de la mañana
pero hay mucha gente en la calle de
ese sábado, nadie entiende nada.  Algunos
en su incredulidad se van riendo.  Otros
comentan que eso no es arte y más bien
parecen indignados.  Yo fui solo y
salí solo.