sábado, 15 de junio de 2013

John Berryman - Dream Song 13



Dios bendiga a Henry. Vivió como rata,
con una brizna de pelo en la cabeza
desde el comienzo.
Henry no era un cobarde. No demasiado.
Nunca abandonó nada, al contrario,
se fajaba cuando cuestiones como la compasión disminuían.

Así que tal vez Henry fue un ser humano.
Lo investigaremos.
…Ya está hecho; muy bien.
Fue un humano varón americano.
Es verdad. Mi chica frena.
Mi latón quema. Ven y redúceme y traza mi camino.

Dios es el enemigo de Henry. Negociamos… Por qué,
qué negocios requieren claridad.
Curvas.
Ya no podía sentir bien aquello. —Señor Huesos,
cuando miro el cielo azafrán
me golpeas implacable.


De 77 Dream Songs

viernes, 14 de junio de 2013

Tres poemas de Tomas Tranströmer



POSTALES NEGRAS

I
La agenda llena, futuro desconocido.
El cable canturrea la canción popular sin patria.
Nieve sobre el mar inmóvil como plomo. Luchan
                sombras en el muelle.

II
En mitad de la vida sucede que llega la muerte
a tomarle medidas a las personas. Esta visita
se olvida y la vida continúa. Pero el traje
                va siendo cosido en silencio.



SOLSTICIO DE INVIERNO

Mi ropa irradia
un resplandor azul.
Solsticio de invierno.
Tintineantes panderetas de hielo.
Cierro los ojos.
Hay un mundo sordo,
hay una grieta
por la que los muertos
traspasan la frontera.



VIAJE NOCTURNO

Bulle bajo nosotros. Marchan trenes.
Tiembla el hotel Astoria.
Un vaso de agua junto al lecho
brilla en los túneles.

Soñó que era prisionero en Svalbard.
Se retorcía rugiendo este planeta.
Ojos chispeantes iban sobre los hielos.
Existía la belleza de los milagros.



De El cielo a medio hacer (Nórdica, 2010)
Traducción de Roberto Mascaró

sábado, 1 de junio de 2013

Parque Salmón - Dos poemas



LO QUE EL DIRECTOR LE DIJO A TOM

¿Poesía? Es un pasatiempo.
A mí me gustan los trenecitos eléctricos.
El Señor Shaw alimenta pichones.

Eso no es trabajo. No sudas.
Nadie paga por eso.
Podrías, por ejemplo, anunciar jabón.

Arte es la ópera, o cantar
La Canción del Desierto.
Nancy estaba en el coro.

Pero pedir doce libras a la semana
—estás casado, ¿no es así?—
es para los obstinados.

¿Cómo podrías mirar a los ojos
a un chofer de autobús
si tu sueldo es de doce libras?

Además, ¿quién puede decir que eso que haces es poesía?
Mi hijo de diez años
puede hacerlo y rimar.

Yo gano tres mil y gasto mucho,
tengo coche, vouchers 
pero soy un contador.

Ellos hacen lo que les digo,
en mi empresa.
¿ qué haces?

Sucias palabritas, sucias palabrotas,
eso no es saludable.
Me dan ganas de lavarme las manos cuando conozco a un poeta.

Ellos son rojillos, drogadictos,
delincuentes.
Lo que escribes está podrido.

El Sr. Hines también lo dice, y eso que él es maestro de escuela,
lo que quiere decir que sí sabe.
Anda, vete y encuentra un trabajo.


Basil Bunting
Versión de Sergio Briceño González.
Tomado de Parque Nandino, No. 2



LOS PAREDONES DE PRIMAVERA

No enseñaré a mi hijo a trabajar la tierra
ni a oler la espiga
ni a cantar himnos.
Sabrá que no hay arroyos cristalinos
ni agua clara que beber.
Su mundo será de aguaceros infernales
y planicies oscuras.

De gritos y gemidos.
De sequedad en los ojos y la garganta.
De martirizados cuerpos que ya no podrán verlo ni oírlo.
Sabrá que no es bueno oír las voces de quienes exaltan el color del cielo.

Lo llevaré a Hiroshima. A Seveso. A Dachau.
Su piel caerá pedazo a pedazo frente al horror
y escuchará con pena el pájaro que canta,

la risa de los soldados
los escuadrones de la muerte
los paredones en primavera.

Tendrá la memoria que no tuvimos
                              y creerá en la violencia
                             de los que no creen en nada.


Miyó Vestrini
Tomado de Cuaderno Salmón, No. 2

miércoles, 29 de mayo de 2013

Jerome Rothenberg - La historia de Dada como mi musa



la historia de los padres
es sólo tiempo Dada    apenas ayer
apenas el día anterior
la mañana después, tiempo
gastado en este siglo
un tren vacío
culebreando su camino a París
catedral donde un viejo sumidero se desborda
que los deja mareados
mierda pegada a sus bastillas
sin planchar pero con el gusto de los padres
por vivir     chalecos y monóculos
proclaman una vanguardia
en ausencia una vanguardia se proclama
a sí misma      los jóvenes
padres de la historia de Dada
todavía se trepan a sus rieles
suben más allá de mis torres eiffel
a cada traqueteo
cada deseo anal los impulsa
“este es el corazón de la cultura”
ellos proclaman
el corazón de la guerra
el corazón del dios Dada
en el mundo que sus poemas hacen
las musas tamborilean en las paredes
en sillas de montar
musas masturbándose al viento
oh Dada oh musa mía
los jóvenes debajo del celofán
duermen con la historia de los padres
en las cabezas de los padres
una muchacha llamada Schopenhauer baila
el tren que va a París llega a Zanzíbar
versos vienen de cabeza
a liberarnos     versos
inversiones de la historia del lenguaje
voz
divina
pie
soledad
el rey de islas en un árbol
un violín en cada mano
su sexo implantado en medio de las ramas
avienta sus mesas, vuelca
sus sueños a lo largo del piso
los sonidos de las reinas en libros
jóvenes —los padres—andan
cada uno es la musa del otro
esperan con una dama sombría
a su lado
balones de fútbol tirados entre
los padres
flotan más allá de los vacíos talleres de trenes
apenas ayer
en el sueño de alguien más
la voz desencerrada, volteada
la figura metida a medias en la ventana
partida en dos
el tren en la boca del revólver
angustiado por otros trenes
por engranajes
un amontonamiento de partes sueltas
nunca puede dar gusto
                                   a los padres
los padres nunca pueden darse gusto
golpeando      cada hombre
es la musa del otro
cada uno es su propio balón de fútbol
sobre París      haciendo señas
desde una percha sobre la ópera
sosteniendo un pez caballa en cada mano
luces azules sobre ellos
los gelatinados colores de sus dioses
oh Nostradamus
¿es tu primer nombre Jerome
como el mío?
¿es sagitario nuestro hermano?
¿dónde están los orgullosos apaches
ahora?      ¿los hijos
de Dada?
en un gran anuncio
París espera
la historia del siglo
iluminada, gris
en luz de luna
acoge a mi musa como Dada
bandas militares embarran la estación
ellos jodieron a mi musa
septiembres de papel oh arco voltaico
cierto y azul
eléctrico
choque
vida gris
el Dadaísta sube un elevador
con el Papa
los padres a la deriva como musas
bajando una torre eiffel
subiendo a la siguiente
oh ruedas de luz atestadas de hormigas azules
lo que empezó como Dada termina
como Dadaidad
como mi mano termina, la mitad
haciendo señas
la mitad desprendida de sus dedos
donde la calle termina
donde otra calle da vuelta a la mitad
hacia otra calle



De Un cruel nirvana (El Tucán de Virginia, 2001)
Traducción de Heriberto Yépez y Laura Jáuregui





martes, 14 de mayo de 2013

Tres poemas de José Kozer


JUNIO: UNA REMEMBRANZA

Para Guadalupe, copas en alto

Junio
era la tapa de ladrillos sin revocar en el jardín y un varaseto siempre recién pintado de blanco,
          trepan
las rosas
enloquecidas de pitiminí hacia las celosías: junio
es esto, café
y rosquillas, hablamos y hablábamos como felices rotativos, metrónomos
en alto, copas
frambuesa en alto y copas lustrosas las naranjadas: eran
otra región, llovizna
casi la conversación a veces vehemente a veces de revés la rosa para que viéramos
la hebra
blanca que nos unió por debajo y viéramos junio, provisional
junto
a un plato de quesos y dos tiaras de papel de plata que caerían supongo
de Orión, tricornios
papel de plata el cartero y el telegrafista del pueblo, quizás
un hombre
tenebroso que hablaba de desórdenes y tinteros , la mano
un cono
en auge al oído para enterarse: supo y anunció la categoría azul prusia con que la muerte
sella
en toda su mayoría los organismos: supo y selló la muerte quizás
intermedia
de Adelina que vistió cambray y puntilla tal vez hacia 1920, junio
y las sombrererías, dos
asas y un sombrero redondo de paja hoy orean el jardín, humus
el plazo
que hace crecer nuestra conversación de sombra y lienzo blanco, palabras
en las enredaderas
del seto y rosas de pitiminí en el varaseto recién pintado de blanco, trepan.



MI PADRE, QUE ESTÁ VIVO TODAVÍA

Mi padre, que está vivo todavía,
no lo veo, y sé que se ha achicado,
tiene una familia de hermanos calcinados en Polonia,
nunca los vio, se enteró de la muerte de su madre por telegrama,
no heredó de su padre ni siquiera un botón,
qué sé yo si heredó su carácter.
Mi padre, que fue sastre y comunista,
mi padre que no hablaba y se sentó en la terraza,
a no creer en Dios,
a no querer más nada con los hombres,
huraño contra Hitler, huraño contra Stalin,
mi padre que una vez al año empinaba una copa de whisky,
mi padre sentado en el manzano de un vecino comiéndole las frutas,
el día que entraron los rojos a su pueblo,
y pusieron a mi abuelo a danzar como un oso el día sábado,
y le hacían prender un cigarrillo y fumárselo en un día sábado,
y mi padre se fue de la aldea para siempre,
se fue refunfuñando para siempre contra la revolución de octubre,
recalcando para siempre que Trotsky era un iluso y Beria un criminal,
abominando de los libros se sentó chiquitico en la terraza,
y me decía que los sueños del hombre no son más que una falsa literatura,
que los libros de historia mienten porque el papel lo aguanta todo.
Mi padre que era sastre y comunista.



EVOCACIÓN

Mami.
Papi.
Sylvita.
La criada de enfrente.
El negro que vende escobillones.
La mulata que asoma los pezones por la persiana.
Mi abuelo en filacterias muriéndose de cáncer.
El jardinero quitando la maleza.
La cabeza quebrada de mi abuela sobre la copa de un sicomoro occidental.
La tierra.
El Sinaí.
La diáspora y la aurora.
El bastión de una carrera.
La marcha de los guerrilleros cruzando las cordilleras.
La Habana remota que abre la puerta de sus prostíbulos,
me enfrenta a San Lázaro llagado.
Los estudios.
Las buenas noches.
El tema de la salvación.
Mi abuelo acaba de morir: lo encueran para bañarlo con alcohol.
Yo espero detrás de una ventana a que se muera,
a que abra la boca hebrea y diga adiós en español.
No hay campanas.
La familia dispersa.
Todo indica favorablemente que nos vamos de nuevo.
Y finalmente, finalmente, finalmente,
la clásica pregunta en toda evocación.


De Bajo este cien (FCE, 1983)

miércoles, 1 de mayo de 2013

Hans Van de Waarsenburg - Budapest, 1956



Una palabra es una palabra y luego la palabra se enrosca
Como una hoja de vid llena de piojos, escoria olvidada.
Hongos de muerte que no perdonan casa ni hogar.
La memoria grita en franca contradicción:
¿Pero qué es la memoria? ¿Un trapo para pulir cobre antiguo?
Los abuelos muertos, mientras la peste lo asolaba todo.
El Danubio lleno de sangre. Budapest colgando
De los postes de la luz. Los rusos disparando.
Mindszenty en mis sueños. Murmullos vacíos
Y siempre el rostro de aquel cardenal
De la revista. Dentro de la cabeza
No podía sino repudiar mis manos.
Cabezas sumisas. Que no sabían hacer
Nada más. Un canto coral de perdón
Y una doble marometa para todo
Lo que corriera río abajo: la sangre salpicando
Contra las márgenes como un vals vienés.
¿Por qué se veían tan grises las pantallas de los televisores?

De Azul (Trilce, 2009)
Traducción de Pura López Colomé

jueves, 18 de abril de 2013

Luis Chaves - Monumentos Ecuestres (una letanía)


Fotos mal enfocadas
frente a monumentos ecuestres.
La bruma de la droga,
anécdotas de bajo impacto
y pasajes de películas mal dobladas
Con esto llegamos a los 40,
no seamos malagradecidos,
podría ser peor.
**
Aquel año terminando
en el mes de los pericos
que a nadie dejaban dormir
con sus chillidos dementes.
Fecha cuando bajamos los brazos
creyendo que los subíamos.
**
Un brazo, el fragmento de un brazo
congelado en el borde izquierdo:
la foto donde posamos como turistas
en la ciudad más fea del mundo.
La extremidad salida de cuadro
avanzando hacia un destino
sin valor para la Historia.
Esa foto,
la mecánica de la sonrisa activada
por la señal del desconocido que la tomó.
**
La poesía es la voz del recuerdo.
Aquí, sin embargo, se habla del futuro.
No del abstracto, no de la posteridad:
en media hora saldremos de esta oficina
conscientes de que el mes entrante,
como los últimos cuarenta y nueve,
tampoco podremos renunciar.
**
Para no pensar en lo inminente
especulemos sobre el destino
del compañero de primaria
que forraba sus cuadernos de rosado.
O seamos prácticos
y calculemos los impuestos.
**
Dios guarde, piensa.
Diusguardi, dice.
**
Cada cuatro meses,
cual chequeo técnico,
mamá pregunta si soy gay.
**
Hijo (abandonando la mesa): Nos vemos mañana
Madre (entre dientes): Si Dios quiere.
**
Vacaciones del 91,
turno vespertino
digitando el catálogo
de copias piratas.
El exorcista en repeat por semanas
hasta aprender de memoria los diálogos
de los que, 15 años después, nada queda.
El ejercicio inútil
de unas vacaciones.
La crisis de los 40
a los 22.
**
La maleza crece
cuando dejamos de mirar.
Los años se acumulan
mientras nos ocupamos de la maleza.
Aprender esto nos tomó
más tiempo del que hubiéramos querido.
**
– “Nos vemos mañana”.
– “Dios primero”, me corrige.
**
Del sol, otra vez superado
por rotación y traslación,
quedan escasos minutos de luz naranja
favoreciendo las siluetas
de los viejos inmóviles del parque.
Es así o es lo que veo a través
del filtro atenuante
de 10 mg de clonazepán.
**
La bruma de la droga,
anécdotas de bajo impacto
y pasajes de películas mal dobladas.
A esa hora de la mañana
en que a los travestis
les crece la barba.
**
Vicios que explican la mirada vidriosa
de quien vio al otro que,
en una zona libre de la mesa,
ocupada por electrodomésticos robados,
planchaba primero billetes viejos
para después, minucioso,
restaurarlos con cinta scotch.
**
Jorge (jardinero) poda la maleza.
–Nos vemos mañana.
–Que Dios lo acompañe.
**
Casa de los padres
un domingo de gordura
(pantalón desabotonado),
toda idea es pecado capital
en el sofá frente a la tele.
Pasan la peli de uno
con corazón de mandril.
O eso, desde niño, le hicieron creer.
El músculo débil
sustituido por una fantasía.
**
Entregado a la interrupción,
escribe esto:
“sobre el bar donde hubo alegría
construyeron la catedral
de todo lo que no me pertenece”.
**
Entregado a la interrupción
recita esto:
“Kyrie, rex genitor ingenite,
vera essentia, eleyson”.
**
Antes me preocupaba la muerte,
ahora el sobrepeso.
El cerebro: órgano autónomo
seducido por la frivolidad.
**
Dato estadístico:
“tengo fotos que antes tuvimos”.
Un corazón débil. Sin fantasía.
**
Años y años,
horas y horas
dedicadas a ejercitar el cerebro
que responde sólo a lo superficial.
Un órgano autónomo
dicta el dolor
—no metafórico— de corazón.
**
En mi cabeza hay una persona diminuta que pica piedras, también un cojo que arrastra su pierna muerta por la arena del Pacífico y la huella que va dejando parece la escritura de uno que te hizo daño, y las olas vienen y la borran.
**
Conversaciones en las que no puede participar.
Pilas de libros pendientes.
Llaveros con focos inútiles.
El camino de hormigas parece una grieta en la pared.
Escribir en el propio antebrazo con el borde filoso de la uña cortada a diente.
Súper: arroz, mostaza, pasta de dientes, cinta scotch, acetaminofén.
Jorge (jardinero): 224 5678
Súper: sal.
Conversaciones en las que no puede participar.
**
Fotos mal centradas
frente a monumentos ecuestres.
El brazo de León Cortés,
la sombra del brazo de León Cortés,
sobre nuestra biología de 30 años.
Todo, menos los extras de atrás,
parece un montaje en Photoshop.
**
Los hijos de la Segunda República
reprodujéronse a lo que venga,
alimentaron a estos que se afeitan
la cabeza, el pecho, las axilas.
Secretamente saben que es el 2 de agosto
el Día de la Independencia.
**
Cada cuatro meses,
cual inspector fiscal,
la madre pregunta si es adicto.
**
Diusgaurdi, piensa.
Diusguardi, dice.
**
Fotos mal enfocadas,
fotos de la gente
que consume ansiolíticos
envueltos en papel de golosina
mientras ve películas mal dobladas.
Una tarde, un cine de provincia,
tanda para desempleados.
**
Tengo esas fotos que antes tuvimos.
Si superponemos los rostros
aparece Linda Blair,
aparece aquel travesti
que conocemos desde la primaria.
**
En el lugar del corazón,
una piedra con la forma
de la Virgen criolla
que nos liberó de los españoles,
de tu mamá, tus hermanos, del sobrepeso,
de comprender el misterio de la Trinidad.
**
En la orilla del Pacífico
mirábamos atentos el fuego
como si fuera un tele inteligente.
Los brillos del gel en tu cabeza
eran estrellas mortales, diminutas,
extinguiéndose.
**
Podría ser peor,
así llegamos a los 40.
Pronto se despejará la bruma,
Dios mediante,
para tomarnos la foto de grupo, de país,
para empezar donde se detuvo el cojo.
**
Fotos mal centradas
cada cuatro meses,
billetes defectuosos
en el bolsillo del pantalón,
el sol visto desde un planeta plano,
los pericos de aquel mes
cuando bajamos los brazos
creyendo que los subíamos.


De
Monumentos Ecuestres (Editorial Germinal, 2011)