lunes, 12 de octubre de 2015

Dos poemas de William Bronk


EL MUNDO

Pensé que tú eras un ancla en la corriente del mundo;
pero no: no existe ancla en ninguna parte.
No existe ancla en la corriente del mundo. Oh, no.
Pensé que eras tú. Oh, no. La corriente del mundo.


EL SOSTÉN DE LA VIDA

La vida me mantiene vivo: todos sus tubos
y cables están conectados a mí y me sostienen
en formas que la vida determina para mis necesidades.
En una cama de tierra, en su casa, sus calendarios
y relojes están programados para mí: los variados aires
matinales, vespertinos, cenitales, dentro y fuera;
las estaciones cambian y vuelven, cambian
y vuelven otra vez. Asunto tras asunto las noticias
circulan, describiendo sucesos y no–sucesos,
reportes a veces míos o de otros que conozco.
Comida, desde luego, frecuente. Salada y dulce,
Soluble, y otras soluciones a veces
—fluidos correctivos necesarios para restaurar algún balance
quizá perdido. Estoy al tanto aunque
parezca no estarlo. Difícil de creer la oleada
de corriente a través de mis iras, éxtasis,
y temores a veces en las crisis: un tubo defectuoso,
poder–intemporal, aunque no por mucho, lloraba
por ser restaurado. Marcadores e interruptores aguardan.
Ningún dios se me acerca. Estoy solo.


Traducciones de Ángel Llorente

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