lunes, 11 de diciembre de 2023

Tres poemas de Matthew Dickman

 


PROBLEMA

 

Cuando tenía treinta y seis, Marilyn Monroe se llevó a la cama

todas las píldoras para dormir. La hija de Marlon Brando

se colgó en el cuarto tahitiano

de la casa de su madre

mientras Stanley Adams se pegó un tiro en la cabeza. A veces

miras las nubes o los árboles y no se parecen

ni al suelo ni a las nubes ni a los árboles.

La artista Katy Chang

se prendió fuego y los hijos de Bing Crosby abandonaron

a los tiros su paso por la industria musical.

A veces me pregunto por la vida

interior de los osos polares. Deleuze, el filósofo,

se tiró al mundo por la ventana

para salir de él. Peg Entwistle, una actriz desconocida,

de liberó de la “H” de Hollywood,

cuando todo se veía en blanco y negro

y David O. Selznic era el rey, circa 1932. Ernst Hemingway

se llevó el caño a la sien en un pueblo de Idaho,

mientras su nieta, que era modelo, se trepó al árbol familiar

y se pasó de pastillas. Mi hermano

se pegó parches de fentanilo en el cuerpo

hasta que el cuerpo dejó de serlo. Me gusta

el sonido de los gansos en el agua. Me gustan

los jabones que te dan en los hoteles porque son lindos.

Sarah Kane se ahorcó. Harold Pinter

le dio unas rosas cuando aún estaba viva

y Louis Lingg, el anarquista, prendió un cartucho de dinamita

en su boca  

aunque tardó casi seis horas

en morir. Ludwig II de Bavaria se ahogó

y lo mismo Hart Crane, Virginia Woolf y John Berryman. Si estás

viajando y vas en tren, no te olvides de llevar

un libro. Andrew Martínez, el militante nudista, murió

en prisión, con una bolsa en la cabeza, desnudo,

y Potocki, el escritor y aristócrata polaco,

usó una bala de plata en 1815.

Sara Teasdale se tragó un frasco de pastillas

después de prepararse la bañera

en cuya agua se abrieron las venas

docenas de senadores romanos.

Larry Walters se hizo famoso

por volar con unos globos y una sillita plegable. Podía subir

miles de metros. Era un hombre que volaba.

Se disparó en el corazón. Por las mañanas al levantarme

me lavo los dientes, me lavo la cara

y me pongo la ropa que más me gusta.

Quiero tratarme bien.

 



EL REGALO


Cuando, durante una

de nuestras temibles

 

noches

juntos en el sofá

 

planeando la huida

el uno del otro

 

como marineros hambrientos

en una isla

 

donde uno quería quedarse

bajo las palmeras

 

y tomarse de la mano

y escuchar el mar

 

aunque murieran de hambre

y la otra quería

 

irse, porque para ella

lo desconocido era siempre

 

mejor que lo conocido,

me dijo

 

que una de las razones

por las que quería

 

tener un hijo, tener

uno conmigo,

 

era que en algún lugar

en su interior sabía

 

que ella se iría

y quería que yo

 

tuviera algo cuando

se fuera. Un animal

 

para mí, un amigo en la isla,

alguien a quien amar

 

que no fuera ella. Creo que dije

“ah”. Creo que debí

 

decir gracias. Gracias

por esto. Como si

 

el hijo fuera un regalo

envuelto en papel brillante

 

enviado

por el ocaso, un gesto

 

de despedida que supuestamente

haría que la despedida

 

fuera sobre la vida y no sobre la muerte.

Dije “ah”

 

pero dentro de mi cuerpo

estaba caminando por


la nieve con Owen

en mis brazos

 

tratando de cubrir

su cara del frío.

 

Estaba caminando

por un bosque

 

de noche, tomando

la mano de Owen y tocando

 

una campana para encontrar

a su hermano mayor.

 

Qué regalo tan extraño,

pensé

 

“Ah”, pensé

y ese ‘ah’ significaba

 

ah, por supuesto, ¿quién

querría estar

 

conmigo?

Los chicos son

 

milagros, dice la gente.

Los chicos son

 

regalos, dice la gente.

Y sobre la muerte

 

algunos dicen que somos

comida para gusanos, mi amor,

 

somos comida para gusanos.

Pero yo creo

 

que somos sobras de miel

para mapaches.

 

Quería que tuvieras

algo, dijo ella,

 

y entonces

como Cristo

 

haciendo girar el agua

con sus largos dedos

 

para convertirla en vino

ella milagrosamente

 

se llevó todo

y me dio todo.

 



EL REINO ANIMAL

 

Cuando Owen nació

tenía miedo,

 

como todos los padres

primerizos tienen miedo,

 

de que se me cayera

y se rompiera     

 

la cabeza, todavía

con forma de cono,

 

la forma que su cabeza

inteligentemente tomó

 

para escapar

del cuerpo de su madre

 

y entrar al mundo.

Empecé a tener sueños

 

larguísimos donde el cielo

se rompía y el alma

 

del cielo se escapaba

y se movía como un gigante

 

calamar rosa sobre

la galería de atrás,

 

la calle, el pasto.

Cuando me despertaba

 

me acercaba a él

y lo levantaba

 

y lo acunaba y pasaba

mis dedos por

 

su nueva columna vertebral

como un arpa. Yo tenía

 

algo que podría llamarse

ansiedad. No dejaba de pensar

 

en lo que pasaría

si le pisaba

 

la cabeza mientras estaba

acostado

 

en su mantita de lana,

cómo se sentiría mi pie

 

bajando y atravesándolo,

su piel de bebé,

 

su cráneo flexible.

Cómo el mundo entero

 

se convertiría en

un ataúd caleidoscópico

 

repitiéndose para siempre.

No dejaba de pensar

 

qué pasaría

si lo dejaba

 

en el auto, al sol

mientras paseaba

 

en el aire

fresco de algún sinuoso

 

pasillo de supermercado,

cómo las piezas de plástico

 

de su silla

se derretirían sobre él

 

y él sobre ella, cómo

su pañal estaría

 

cargado y caliente.

Y pensé en todos

 

esos padres

en el reino animal

 

que se comen a sus crías,

arrancan sus corazones

 

de sus pechos,

no porque tengan hambre,

 

o celos, no,

no por alguna antigua

 

secuencia atrapada

de ADN que aún no ha evolucionado,

 

sino porque no

saben cómo comerse a sí mismos,

 

que es lo que realmente

quieren, devorar

 

lo que más

odian, el vagón lleno de estrellas

 

del Yo, esa

bolsa de carne y huesos

 

que no pidieron ser.

Yo no pedí ser.

 

Pero acá estoy, enamorado,

acunando a este animal

 

humano sin pelo que viene

de un reino

 

de hormigas erguidas

con dedos en las manos y los pies.

 

Y mi único trabajo ahora,

en todo el mundo,

 

es no quebrar a mis hijos,

y a la vez,

 

enseñarles a no

quebrar a los demás,

 

aunque, claro,

lo voy a hacer y ellos también,

 

atrapados como estamos

y libres como cualquier otro animal.

 

 

De Café en la nieve (Zindo & Gafuri, 2023)                                                                    Traducción de Patricio Grinberg y Sebastián Urli

 

 

 

 

 

 

 

martes, 5 de diciembre de 2023

Cuatro poemas de Martín Gambarotta

 



Dan a entender que podrías llegar

a ser como ellos, te alientan a que

intentes ser como ellos, te tratan

como si fueras igual a ellos

porque saben que nunca

serás uno de ellos.

 



Terminó el día

sin pedirle nada

 

tampoco el día

pidió nada

 

se consumió

su llama un poco

sucia

 

nadie tuvo nada

para dar salvo dar

 

otro día por perdido

 

el sol es una yema

 

llega la noche

cada uno hace su pedido.

 

 


El que se quiere matar

no es que crea

que no tiene futuro

 

proyecta el futuro en exceso

hasta volverlo

mercancía de su muerte

materia que mataría

 

en mente tiene

demasiados proyectos

que se condensan

en un solo proyecto

inmediato

 

su único fin

es proveerse un final

 

reducir todo a nada

para que

con un apagón definitivo

eso sea todo.

 


 

Todo sistema comienza

                estafándose a sí mismo

para así poder idear la manera

más eficaz de estafar a los demás

hasta que los demás sientan

el ansia por estafar como el modo

más natural de estar en el mundo.




De Sangría (Rapallo, 2023)

Cuatro poemas de Piedad Bonnett

 


BIOGRAFÍA DE UN HOMBRE CON MIEDO

 

Mi padre tuvo pronto miedo de haber nacido.

Pero pronto también

le recordaron los deberes de un hombre y

le enseñaron

a rezar, a ahorrar, a trabajar.

Así que pronto fue mi padre un hombre bueno.

(“Un hombre de verdad”, diría mi abuelo).

 

No obstante

—como un perro que gime, embozalado

y amarrado a su estaca—, el miedo persistía

en el lugar más hondo de mi padre.

De mi padre,

que de niño tuvo los ojos tristes y de viejo

unas manos tan graves y tan limpias

como el silencio de las madrugadas.

Y siempre, siempre, un aire de hombre solo.

De tal modo que cuando yo nací me dio mi padre

todo lo que su corazón desorientado

sabía dar. Y entre ello se contaba

el regalo amoroso de su miedo.

Como un hombre de bien mi padre trabajó cada mañana,

sorteó cada noche y cuando pudo

se compró a cuotas la pequeña muerte

que siempre deseó.

La fue pagando rigurosamente,

sin sobresalto alguno, año tras año,

como un hombre de bien, el bueno de mi padre.

 

 


ORACIÓN

 

Para mis días pido,

Señor de los naufragios,

no agua para la sed, sino la sed,

no sueños

sino ganas de soñar.

Para las noches,

toda la oscuridad que sea necesaria

para ahogar mi propia oscuridad.

 

 


FOTOS

 

Al otro lado del teléfono

mi hermana habla de fiordos, de glaciares,

de rías, de bahías,

de “sastrugis”

 (que son dunas de nieve).

No puedes —dice— ni imaginar los matices del blanco,

su belleza.

Y anuncia fotos, muchas fotos.

Yo no la decepciono:

también me agito, muestro mi deseo

de ver a su regreso

lo que no alcanzan a decir sus palabras.

 

No le digo a mi hermana lo que en su fondo sabe:

que lo que quiere atar allá se queda;

que en su maleta

ya se comienza a derretir la nieve;

que no hay segundos tiempos,

que escribimos historias

con flores disecadas y mariposas muertas

que asfixian con su polen nuestros días.

Le digo en cambio

que aquí estoy, esperando su promesa

 

 


LECCIÓN DE SUPERVIVENCIA

 

Nada hay de bello en el pepino o carajo de mar.

Es, en verdad, un animal sin gracia,

como su nombre.

En el fondo de los grandes océanos,

inmóvil, blando, amorfo,

permanece

condenado a la arena,

y ajeno a la belleza que encima de su cuerpo

despliega el mar.

Se sabe que

cuando el pepino de mar huele la muerte

en el depredador que lo amenaza,

expele

no sólo su intestino

sino el racimo entero de sus vísceras,

que sirven de alimento a su enemigo.

Con un limpio ritual

huye el pepino de aquello que amenaza con dañarlo.

Para sobrevivir queda vacío.

Liviano ya de sí y libre de otros

muda de ser.

 

Y poco a poco

sus entrañas

se recomponen.

Y vuelve a ser, en letargo de sal,

una entidad en paz que vive a su manera.




De Poesía reunida (Lumen, 2016)

 

martes, 7 de noviembre de 2023

Mary Ruefle - La mujer que no podría describir una cosa si pudiera

 

Tenemos una casa. Hay un techo y hay ventanas. Creo que son cuadrados. Puedes ver a través de ellos, eso es seguro. Hay una puerta para entrar y salir de la casa. Funcione en ambos sentidos. ¡Y un piso!

Salimos de la casa en un auto. El auto tenía ruedas, eran cuatro. Y había una puerta para entrar y salir del auto. En realidad había cuatro puertas, también éramos cuatro, así que cada uno tenía su propia puerta. Adentro solo había espacio para sentarse, y una correa que cruzaba tu cuerpo en caso de que hubiera un accidente.

Un accidente es cuando sucede algo que se supone que no debe suceder y no quieres que suceda, pero sucede de todos modos. Ese día no tuvimos ningún accidente. En cambio, fuimos a un restaurante.

El auto se quedó afuera del restaurante y nosotros nos quedamos adentro. Un restaurante es un lugar que cocina para ti. Les das dinero para que cocinen. O para comer, no estoy segura.

Probablemente ya lo sepas, pero comer es cuando la comida entra en tu cuerpo. Luego sale por otra puerta de otra manera. (Cuando dije que el auto tenía cuatro puertas se me olvidó la quinta, la puertita por donde entra la gasolina).

Así que los cuatro estábamos en el restaurante. Parte de la comida era buena y parte de la comida era mala, pero cuesta lo mismo. Mientras comes tienes una conversación. Una conversación es hablar entre personas. Una persona dijo: “Estoy cansada del calor”, y otra dijo: “Yo también”. Yo dije: “A mí me gusta”. El último de nosotros dijo: “¿Podríamos hablar de algo más que del clima?”. Pensé que era algo interesante de decir.

Un pensamiento es hablar en silencio contigo mismo dentro de tu cabeza. Pero sin embargo lo puedes escuchar. Esta es la principal diferencia.

Después de comer y conversar, uno de nosotros dio dinero para estas cosas. Simplemente lo entregas y por un momento lo puedes ver, se está moviendo de una mano a otra mano y lo puedes ver, es papel. Pero no suele mostrarse, la mayor parte del tiempo mantienes tu dinero fuera de la vista. Casi nunca está en el aire. No es como un collar o algo así. Pero de tanto en tanto lo sacas y regalas un poco. Nunca regalas tu collar. Sin embargo, un collar es signo de dinero. Simplemente es. Exhibes el signo de que tienes cosas escondidas. Va y viene, como una conversación.

Dos de nosotras llevábamos collares y dos no. Ese es un hecho que agregué más tarde, para que lo supieras.

Salimos del restaurante por la puerta. Ahí estaba el auto. En el auto no conversamos. Dejamos el auto cuando estaba frente a la casa.

Dentro de la casa hubo un accidente. Los accidentes pasan tan rápido que en realidad nunca los ves, así que nadie puede hablar de ellos. Después del accidente hubo otra conversación. Fue más larga que la conversación que tuvimos en el restaurante, a pesar de que éramos cuatro en el restaurante y ahora solo éramos tres.

Entonces llegó la hora de acostarse. Una cama es el lugar donde duermes. Si tienes un collar, te lo quitas. Tanto tú como el collar pasan de una posición vertical a una posición horizontal. Pero no juntos.

Cierras los ojos, que estuvieron abiertos todo el día. Cierras la boca, que estuvo abierta todo el día. Tienes todo el día para ti mismo. Entonces empiezas a ver cosas dentro de tu cabeza que no pusiste ahí. Afuera de tu cabeza está oscuro y no puedes ver mucho, pero puedes ver las cosas “puestas” dentro de tu cabeza. Cuando eso pasa, sabes que estás dormido. Puede que no lo sepas, pero lo estás.

Estás dormido. El día se terminó. Ya no lo puedes describir. Así es la vida. Se acabó.


De Mi propiedad privada (Zindo & Gafuri, 2023)                                                                    Traducción de Patricio Grinberg

lunes, 23 de octubre de 2023

Félix Bruzzone - 20 consejos para escribir una novela

 


Para quien desea escribir la gran novela de su vida o la mejor novela jamás escrita: no escribir nada.

 

*

 

Comer carne picada y paladearla lentamente como si algún ser malvado le hubiera agregado vidrio molido.

Separar la carne del vidrio y tragar solo el vidrio.

 

*

 

Hablarle a un ser inanimado —un plato, por ejemplo— hasta que se lo pueda escuchar a él hablar con total nitidez.

 

*

 

Espiar a los vecinos. Mandarles cartas desconcertantes. Gritar en medio de la noche para despertarlos. Salir de tu casa con una máscara o venda que te tape la cara.

 

*

 

Tener a mano una bolsa grande para tirar todo lo que se vaya escribiendo y, eventualmente, meterse también uno adentro de la bolsa.

 

*

 

Flamear en sentido contrario al que flamea la bandera que ves desde tu ventana, pero haciendo exactamente los mismos movimientos que ella.

 

*

 

Sacarle punta al lápiz. Sacarle punta a la lengua.

Sacarle punta al rebaño de ovejas que se acunan antes de dormir.

 

*

 

Si en la novela hay un perro, no lo adiestres.

Mejor que muerda a los ancianos y haga sus necesidades en el living.

 

*

 

No aspirar a caer de pie, solo a caer.

 

*

 

No leer consejos para escribir novelas.

 

*

 

Elegir una novela mala y usarla como cuaderno para escribir la tuya.

Podés escribir entre las líneas de esa novela, en los márgenes, o donde quieras.

 

*

 

Para que la novela respire conviene detenerse a percibir cómo respira otra cosa. Un árbol. Una rejilla. Un paladar.

Hay piedras que respiran.

Escribir una novela es descubrir cómo respira una piedra.

 

*

 

Escribir con lo que tenés.

Pero, fundamentalmente, escribir a pesar de lo que tenés.

 

*

 

Si no sabés cómo seguir, si te trabaste, hacele un cuestionario —o un interrogatorio—a los objetos que pululan en tu novela. Ellos van a saber.

 

*

 

Nunca escribir una palabra que no haya venido a pedir que la escriban.

 

*

 

El sentido del gusto es muy importante. Desarrollarlo mirando comer a un canario.

 

*

 

Sacarles el polvo a novelas viejas. Fumarlo o aspirarlo.

 

*

 

Hablar mucho con extraños.

 

*

 

Contar hasta donde nunca antes hayas contado. Por ejemplo, hasta el 5048.

 

*

 

Perseguir un ciervo o un caballo o algo así hasta no alcanzarlo.



De 307 consejos para escribir una novela (La Crujía, 2023)

 

sábado, 14 de octubre de 2023

May Sarton - Acerca del poema

 


Los poemas verdaderos no empiezan con un sentimiento, no importa lo convincente que este sea, y claro que sentimos una gran cantidad de cosas que nunca se convierten en un poema. Un poema emerge cuando la tensión de que algo ha sido experimentado, sentido, o visto, de repente libera una suerte de ansiosa agitación de palabras e imágenes. En ese momento hay un misterioso cambio: la energía absorbida por la experiencia misma ahora deviene otra completamente distinta, y todo lo que importa es resolver el rompecabezas, la clase de laberinto en el que ciertas frases y cierto ritmo se encuentran dispersos, como piezas de un juego de Scrabble.  

 


¿Cuándo está terminado un poema? La respuesta es, creo: cuando todas las tensiones se han equilibrado, cuando el cambio de una sola sílaba afectaría la estructura del poema al punto de hacerlo caer como una torre de naipes.

 

 

Del mismo modo en que debemos trabajar «para que la respiración sea más profunda y se tensen los bordes de nuestro corazón» cuando usamos o desechamos las metáforas que se nos cruzan durante un poema en proceso, así también debemos trabajar para profundizar, e incluso darle aspereza a la música que flota en la superficie de la conciencia.   



Una puede decir «voy a escribir una novela el año próximo», pero una no puede decir «voy a escribir un poema el año próximo». El intelecto y el deseo no controlan la poesía en la misma medida.

 


Varias décadas atrás, en la biblioteca de la Universidad de Buffalo, Charles Abbott les pidió sus papeles de trabajo a los poetas y armó una colección extraordinaria. Desde entonces, otras bibliotecas siguieron el ejemplo y ahora es posible, para estudiantes de diversas partes del país, explorar la mente de un poeta cuando trabaja, y seguir la pista hasta la fuente de aquello que Marianne Moore denominó «el sentimiento y la precisión, la humildad, la concentración y el placer» que deben intervenir en la escritura de un poema.

Pero hay algo que ningún papel de trabajo puede hacer evidente y debo empezar hablando de eso. Me refiero a la disposición que precede a cualquier escritura. Alguien quizás tensione esta idea lo suficiente como para decir que el aspecto formal de un poema, el aspecto más artesanal, es solo un juego. El uso de determinadas palabras para lograr determinados efectos no sería distinto a un crucigrama o a cualquier otro juego de ingenio. Lo que muestran las hojas de trabajo sería la jugada en sí. Lo que no pueden mostrar es que, si bien la poesía es lúdica, se trata de un juego sagrado. Y en este punto, obviamente, la poesía difiere de modo radical del crucigrama. Es algo más y algo distinto a un puro entretenimiento intelectual. ¿En qué consiste la «experiencia sagrada» del juego de la poesía? ¿No anida en la experiencia que precede a la escritura? Porque la escritura de poesía es antes que nada un modo de vida y solo de manera secundaria una vía de expresión. Una casi podría decir que es una disciplina vital, una disciplina que se mantiene para perfeccionar el instrumento experiencial —el poeta mismo—de modo que pueda aprender a ponerse en perfecto estado de apertura y transparencia y de ese modo, ir al encuentro de lo que aparece en su camino con una mirada inocente.



El primer plano del poema es la emoción específica o la imagen o el pensamiento en los que está interesado. Pero el sustrato es todo lo que eres, lo que pensaste, sentiste y viste a lo largo de tu vida. El subconsciente va a estar muy activo cuando te sientes y empieces a bocetar tu texto. Algo de lo que aparezca será incongruente, flojo o banal y es aquí donde la zona consciente de la mente comienza a trabajar, seleccionando, puliendo; es decir, formulando lentamente con la mayor exactitud posible lo que la reverberación musical nada más sugería. El proceso creativo es una alternancia entre lo que es dado y lo que se hace con ese regalo.

 


El proceso creativo […] consiste en ruptura y reconstrucción. Quizás tengas que romper tu poema para para reescribirlo. El principiante se aferra a su poemita y no lo deja crecer. No puede aceptar la destrucción inherente al proceso de crecimiento. Y, muy a menudo, es incapaz de dejar que sus herramientas intelectuales colaboren con sus dotes emotivas y sensuales.

 


Todo poeta atraviesa la experiencia de luchar durante varias horas, descomponer y reconstruir, hasta tener que admitir que todo el asunto es un estropicio. Se ha apresurado a encontrar el foco, ha forzado el ritmo, no ha sido capaz de reconocer ciertas señales que le decían «este es el verso con el que tienes que trabajar», eligiendo otro menos fructífero. Quizás haya arrojado lo valioso por la borda para quedarse con lo residual. Todos hemos tenido esta experiencia, porque el riesgo es muy grande.

 


El poema te hace mientras haces el poema, y ese hacer requiere toda tu capacidad de pensamiento, sentimiento, análisis y síntesis.

 


Los enemigos de la creación son y siempre han sido la facilidad, el mero ingenio, la autoindulgencia y sobre todo, el malentendido en torno a qué es la inspiración. Sé que estoy inspirada cuando me transformo en una furia con suficiente nivel de autocrítica como para cavar hacia aquello que quiero decir, podando muchas irrelevancias que florecieron en la página durante la excitación del comienzo.

 


A veces una debe esperar un tiempo largo antes de encontrar la forma. «No es la métrica», dice Emerson, «sino una forma determinada de musicalidad intrínseca, haciendo de un poema un pensamiento tan apasionado y tan vivo, que, como el espíritu de un animal o planta, tiene su propia arquitectura». Algunos poemas son gestaciones internas, nos persiguen, nos abruman, hacen su propio camino a través de un lento proceso interno de refinamiento.  

 


De Sobre la escritura (Salta el Pez Ediciones, 2023)                                                                  Traducción de Ivana Romero

lunes, 14 de agosto de 2023

Valeria Mata - Post-turismo


En 1990, Joël Henry fundó el Laboratorio de Viajes Experimentales (Latourex) con la intención de reinventar el turismo con una propuesta basada en el juego, el humor y el azare. Para iniciarse en el turismo experimental, basta elegir y ejecutar alguna de las sugerencias que se plantean a continuación.

Aeroturismo: Pasar un día entero en un aeropuerto sin tomar ningún vuelo. Disfrutar de las comodidades del lugar, las ofertas sanitarias, comerciales y gastronómicas, el ballet de viajeros en tránsito y el vals de los destinos en la pantalla de “salidas”.

Arqueoturismo: Repetir de manera idéntica un viaje realizado tiempo atrás.

Turismo de final de línea: Tomar un autobús, metro o tren de una ciudad y viajar hasta que acabe la línea. Bajar, encontrar alojamiento para pasar la noche y explorar la zona en la que se encuentra.

Turismo paparazzi: Seguir con discreción a algunos amigos cuando salgan de vacaciones, no perderlos de vista. Tomarles muchas fotos con un teleobjetivo. A su regreso a casa, darles la bienvenida con una presentación de diapositivas de sus vacaciones.

Autostopía: Ir a la carretera más próxima equipado con una mochila y un cartón reciclado, de aproximadamente 20 x 50 centímetros, en el que se haya escrito, en letras mayúsculas, el nombre de un destino lejano: ANTANANARIVO, BUENOS AIRES, SHANGHÁI, ULÁN BATOR, etcétera. Adoptar la posición de quien hace autostop —pulgar levantado— y esperar.

Turismo doble: Visitar lugares cuyos nombres tengas palabras repetidas, por ejemplo: Bora Bora, Kwe Kwe, Baden Baden.

Hiperturismo: Pasar una temporada en un supermercado realizando diversos juegos como el del “Carro monocromo”, que consiste en llenar el carrito con objetos del mismo color y fotografiar la obra producida, o el “Droplifting”, en el que se depositan a escondidas creaciones personales —textos, dibujos, fotos, platos de comida, dispositivos usb con música— en las secciones de un supermercado, con el objetivo de compartirlas gratuitamente. Cada objeto donado deberá marcarse con la frase “tómame, soy gratis”.

Lazaroturismo: Explorar una ciudad con los ojos vendados con la ayuda de una persona de confianza.

Turismo encadenado: Recorrer una serie de topónimos que formen una cadena en la que la última sílaba del nombre de uno coincida con la primera del siguiente. Por ejemplo: Zanzíbar, Chechenia, Niágara (Cataratas del), Ramallah, Lahore, República Dominicana, Nasca, Cabo verde, Detroit, y así sucesivamente.


De Todo lo que se mueve (Ediciones DocumentA/Escénicas, 2023)