lunes, 14 de agosto de 2023

Valeria Mata - Post-turismo


En 1990, Joël Henry fundó el Laboratorio de Viajes Experimentales (Latourex) con la intención de reinventar el turismo con una propuesta basada en el juego, el humor y el azare. Para iniciarse en el turismo experimental, basta elegir y ejecutar alguna de las sugerencias que se plantean a continuación.

Aeroturismo: Pasar un día entero en un aeropuerto sin tomar ningún vuelo. Disfrutar de las comodidades del lugar, las ofertas sanitarias, comerciales y gastronómicas, el ballet de viajeros en tránsito y el vals de los destinos en la pantalla de “salidas”.

Arqueoturismo: Repetir de manera idéntica un viaje realizado tiempo atrás.

Turismo de final de línea: Tomar un autobús, metro o tren de una ciudad y viajar hasta que acabe la línea. Bajar, encontrar alojamiento para pasar la noche y explorar la zona en la que se encuentra.

Turismo paparazzi: Seguir con discreción a algunos amigos cuando salgan de vacaciones, no perderlos de vista. Tomarles muchas fotos con un teleobjetivo. A su regreso a casa, darles la bienvenida con una presentación de diapositivas de sus vacaciones.

Autostopía: Ir a la carretera más próxima equipado con una mochila y un cartón reciclado, de aproximadamente 20 x 50 centímetros, en el que se haya escrito, en letras mayúsculas, el nombre de un destino lejano: ANTANANARIVO, BUENOS AIRES, SHANGHÁI, ULÁN BATOR, etcétera. Adoptar la posición de quien hace autostop —pulgar levantado— y esperar.

Turismo doble: Visitar lugares cuyos nombres tengas palabras repetidas, por ejemplo: Bora Bora, Kwe Kwe, Baden Baden.

Hiperturismo: Pasar una temporada en un supermercado realizando diversos juegos como el del “Carro monocromo”, que consiste en llenar el carrito con objetos del mismo color y fotografiar la obra producida, o el “Droplifting”, en el que se depositan a escondidas creaciones personales —textos, dibujos, fotos, platos de comida, dispositivos usb con música— en las secciones de un supermercado, con el objetivo de compartirlas gratuitamente. Cada objeto donado deberá marcarse con la frase “tómame, soy gratis”.

Lazaroturismo: Explorar una ciudad con los ojos vendados con la ayuda de una persona de confianza.

Turismo encadenado: Recorrer una serie de topónimos que formen una cadena en la que la última sílaba del nombre de uno coincida con la primera del siguiente. Por ejemplo: Zanzíbar, Chechenia, Niágara (Cataratas del), Ramallah, Lahore, República Dominicana, Nasca, Cabo verde, Detroit, y así sucesivamente.


De Todo lo que se mueve (Ediciones DocumentA/Escénicas, 2023)

martes, 25 de julio de 2023

Cinco poemas de Cecilia Pavón

 


LA CRÍTICA DE ARTE

Una vez conocí a un crítico de arte que no podía amar,

solamente decir si una obra de arte era buena o mala.

Aunque en eso también se equivocaba porque al faltarle la fe principal de todas, la llama que mueve el mundo y todas las cosas, siempre elegía obras intrascendentes.

Obras nacidas de la indiferencia y no de la empatía.

Él afirmaba que a las obras de arte no les importaba el mundo, y siempre citaba a un artista conceptual

que había enterrado una escultura para que nadie la viera.

Yo, por mi parte, no iba a museos hacía años, porque la pintura me había dejado de emocionar.

Un día que nos encontramos a tomar un café, le dije:

“Yo creo en el amor, la fe principal de todas, la que mueve el mundo y todas las cosas”.

Pero apenas terminé de pronunciar la frase me di cuenta de que mi corazón estaba helado

y mis ojos eran dos rocas enterradas para siempre en el mar. 

 


 

Porque la poesía tiene que ver con la soledad

quiero estar

perdida para siempre en la moda

recorriendo las casas de ropa que todavía

quedan abiertas.

Podría estar horas acá

sin hablar con nadie

mirando cada vestido,

cada remera en

liquidación

sin importarme que pasen

las horas o los años;

siempre esa misma euforia

(como de color magenta)

de mirar y mirar prendas e imaginarme

una vida distinta con cada

cartera, con cada par de zapatos, con cada pantalón.

 

 


VI

 

Vi en una vidriera un juego de ponche de cristal:

consistía en una gran fuente y doce tacitas colgadas alrededor.

Pensé en una fiesta con mis amigos de toda la vida

donde bebiéramos un ponche hecho de lava y agua

pensé en convivir yo sola con la ponchera en un departamento

de veinte metros cuadrados

hacer ponche de hielo y hierbas todos los días

para fantasmas, para personas que nunca vendrán.

 

 


TE MANDO UN MENSAJE DICIENDO QUE TENGO MIEDO

 

¿Pero qué importa?

¿A quién le importa que yo tenga miedo?

Hoy fui a la pileta con mi hijo y pensé:

El dolor es privado.

Miraba a un padre sumergirse en el agua con su hijo,

le sostenía por la espalda para que flotara.

Pero el otro día vi también un post en facebook de un chico

trans brasileiro que decía que el dolor era social.

Y me acordé también de un texto de Eileen Myles

que decía algo sobre compartir el dolor

con extraños en una panadería;

no lo podría citar de memoria.

Como sea,

tengo miedo de encontrarme con mi ex.

Cada vez que nos dice que nos encontremos

tengo miedo y me resulta traumático.

Me acuerdo que siempre quería ahorcarme

y pegarme para tener sexo

y eso empezó al final de la relación

y es un gran misterio

porque él empezó a querer hacer esas cosas.

Supongo que fue porque descubrió algo de sí mismo

que antes no sabía

y yo ya no quise estar ahí para que él desarrollara

esa parte de su espíritu.

Justo me mandaste un poema que habla sobre el agua.

Es febrero en Buenos Aires y me inscribí en una pileta

para obligarlo a mi hijo a salir por un rato de

su mundo de animés, por otro lado

también me pregunto:

¿qué tendría de malo vivir mirando animés?

Yo vivo pensando en escribir poemas,

¿cuál es la diferencia?

Ahora nado y pienso en el desamor.

Ayer salí rápido del agua, me sequé

y busqué mi celular para escribir todo con mayúscula:

El desamor es mi gran estrategia.

 



TRENZA

 

Y pensé que mi día es como una larga trenza de pelo negro y sedoso

y dentro de esa larga trenza está este libro en el que caen las palabras

un día tengo fe

y un día pierdo la fe

un día tengo fe

y un día pierdo la fe

y en el día se trenzan la fe y la falta de fe

la fe y la falta de fe

la fe y la falta de fe

 


De Diario de una persona inventada. Poesía reunida 2001-2023 (Blatt & Ríos, 2023)

lunes, 26 de junio de 2023

Cuatro poemas de Richard Brautigan




VICKI DUERME CON GENTE MUERTA

 

Vicki duerme en el bosque

con gente muerta, pero

a la mañana siempre se peina.

Sus padres no la entienden.

Y ella no los entiende.

Ellos lo intentan. Ella lo intenta. La gente

muerta lo intenta. Algún día

                lo lograrán.

 



CLAUDIA 1923-1970

 

Su madre sigue viva,

                tiene 65.

 

Su abuela sigue viva,

                tiene 86.

 

“¡Las personas de mi familia

viven muchos años!”

 

                                —Solía decir Claudia

                                   riendo.

 

Qué sorpresa

se llevó.

 



MORGAN


Morgan quedó segundo en la elección para presidente

del centro de estudiantes en 1931.

Nunca lo pudo superar.

Después de eso nunca más se interesó

en las personas. No se podía contar con ellas.

Trabaja como guardia nocturno

en la misma fábrica desde hace más de treinta años.

A media noche camina bajo el silencio de las máquinas.

Finge que son sus amigas y que lo quieren

mucho. Ellas habrían votado

por él.

 



EL PANQUEQUE DE AMELIA EARHART

 

No pude encontrar un poema

para este título. Lo busqué durante años

y ahora me doy

por vencido.

 

3 de noviembre de 1970.

 

                                       

                                                                                                                                                                                                                                                                    De Cargando mercurio con una horquilla (Zindo & Gafuri, 2023)

Traducción de Sebastián Díaz Barriga


jueves, 22 de junio de 2023

Cuatro poemas de Leónidas Lamborghini

 


INTROVERTIDO

 

Como el que

quiere sacarse

esa pena

que lleva adentro.

 

Como el que

no puede

hacerlo.

 

Como el que

no puede

sacarse esa pena

que es él mismo

que lleva adentro.

 



EL FANTASMA

 

Como el que

una vez

escuchó hablar

de fantasmas:

 

y ahora mira a su alrededor

con aprehensión

pero allí

no hay nadie más que él.

 

Como el que

escucha ahora

hablar

a un fantasma:

 

y mira a su alrededor

con aprehensión

pero allí

no hay nadie más que él.

 

Como el que

lo ha escuchado hablar

y mira a su alrededor

con aprehensión:

 

pero allí

no hay nadie

más que él.

 



EL ESCARABAJO

 

Como el que

en la playa desierta

ve un escarabajo.

 

Como el que

lo fatiga

con obstáculos.

 

Como el que

en la desierta playa

se inclina

sobre las huellas

del escarabajo

y ve en ellas

su propia fatiga.

 



EL MENSAJE

 

Como el que

arroja

una botella

al mar.

 

Como el que

la arroja

vacía.

 

Como el que

la arroja

vacía:

 

y ese

es su mensaje.

 

 


De Circus (ediciones seré breve, 2023)

martes, 16 de mayo de 2023

Ariana Harwicz - Algunos fragmentos sobre escritura, arte y moral


La gran diferencia entre un escritor y un trabajador de la escritura (o un escritor profesional) es que el escritor profesional controla su obra. Se pone al servicio de la demanda. Que la novela no sea muy breve, pero tampoco muy larga, que se adecúe a un género, que no tenga demasiados diálogos, que sea latinoamericana, pero no del todo. Ese escritor inspecciona su escritura subido a una torre de control y con el agente literario al teléfono. En cambio, el escritor no profesional no puede controlar su corazón, tiene que hacer el libro que tiene que hacer, hasta las últimas consecuencias. Tiene que escribir lo que tiene que escribir. Aunque no sea el libro que le conviene, aunque destruya su figura de autor, aunque no sea lo que se espera de él, aunque le adviertan que así no tendrá muchas traducciones ni premios. Y, sobre todo, aunque lo puedan cancelar. La misión de la literatura no es separar al verdugo de su víctima o juzgar quién debe ser condenado a muerte, sino transgredir. Un poco como los que trabajan con material explosivo: nunca saben cuándo finalmente va a fallar y a explotarles la granada despedazándoles una mano.



Esta época lee mal porque lee desde la identidad. Los pro-wagnerianos ven a Wagner como Dios. Los anti-wagnerianos lo ven como un nazi. El problema es que Wagner no es ni solamente Dios, ni solamente un nazi, sino las dos cosas a la vez. Si se elimina la ambigüedad en un artista, se lo destruye.


¿Por qué el escritor debería acoplarse a la mentalidad de su tiempo? Las mejores obras han sido transversales, oblicuas: se adelantaron al pensamiento de su época, o retrocedieron. Si se aplican los límites de la vida civil a la ficción, qué sentido tiene el arte. Es como una copia mala de la vida. El arte es una visión, y las visiones son siempre proféticas.


Qué depravación el discurso que vuelve a las mujeres inocentes por naturaleza, ovejitas sin maldad, seres sin fanatismo, ni odio, incapaces de actos macabros. Así no se las defiende ni respeta, no se hace justicia, no se consigue la igualdad y la emancipación. Pero, sobre todo, se las niega. Las mujeres que torturan niños son mujeres también. Ilse Koch era mujer, nacida de una mujer, y creaba objetos con la piel de los prisioneros en Buchenwald y Majdanek. Marie Curie era mujer y salvaba a los soldados de amputaciones con las radiografías en el campo de batalla.


Y bueno, ya que estamos, volvamos a Theodor Adorno: el arte no tiene que tener ninguna función. El arte no es el ministerio de justicia, ni el social, ni el de la mujer, ni el de la igualdad, ni el de la familia. De vuelta a Rimbaud: “El arte es la pérdida de la moralidad, la literatura no tiene que tener la finalidad de hacernos mejores personas”.



De El ruido de una época (Editorial Marciana, 2023)

lunes, 6 de marzo de 2023

Claudia Masin - Poesía y reparación

 


¿Cuándo, cómo surge aquello que nos enferma? La palabra, o mejor dicho, el habla es —al principio de la vida— desobediencia. Con el paso de los años, con la tarea de amansamiento y de adaptación que se realiza sistemática e implacablemente sobre cada uno de nosotros, esa potencia de revuelta del habla primaria se va perdiendo. Ciertos modos de vinculación con la palabra —la poesía entre ellos— le devuelven ese carácter primero: el de la insumisión.

 


¿Cuál es la enfermedad que a todos nos atraviesa, más allá de las historias personales? Aprender desde muy temprano a aceptar lo injusto, lo cruel, lo violento, aprender a establecer un sistema de jerarquías: dónde depositaremos el odio, quién o quiénes no serán nunca merecedores de amor o compasión. Eso es lo dado, lo que entendemos como natural, aunque de natural no tenga nada. Ese es el discurso del Amo, monstruoso, dañino, incluso letal a veces, el discurso que creemos propio y es dictado, el que hay que desactivar para que advenga otro que no esté montado en el odio y el miedo. Estoy convencida de que si la poesía no es desobediencia, si no es cuestionamiento de lo dado, no es nada. O mejor dicho, es otra herramienta de alienación, de sometimiento, mera repetición de un discurso que aniquila la vida, o digámoslo claramente: mero palabrería que sostiene un edificio ya suficientemente provisto de materiales que lo sostengan.

 


Las historias que contamos en los poemas no son idénticas —a veces son opuestas— a las historias que contamos acerca de nuestra vida como si fuera cierta y no la construcción que es, la farsa que es, la fachada que nos permite movernos por el mundo, la fachada del yo soy, yo pienso. La poesía, como dice Juan L. Ortiz, rompe la función comunicacional del lenguaje, y para hacer eso tiene —necesariamente— que anclar en zonas pantanosas: el sueño, el inconsciente, la infancia, lo que desconocemos de nosotros mismos, lo que deseamos sin saber que lo deseamos, lo que tememos sin saber que lo tememos. Tiene que anclar en el cuerpo.

 


Lejos de ser un acto intelectual, la escritura es esa violencia que se siente físicamente, no es algo que hacemos, es algo que ocurre, que le ocurre a nuestro cuerpo, como la enfermedad, como la cura, algo que se produce como un fenómeno climático, como una inundación o un alud, con esa misma potencia y sin que medie una voluntad capaz de decidir cuándo llega, cuánto permanece, cuándo se va, qué deja en pie, qué demuele.

 


Tendemos a identificar el momento en que escribimos un poema con el momento en que comienza la escritura. Pero ¿es el acto de escribir lo mismo que la escritura? Creo que la escritura es mucho más que la acción concreta de escribir. Un poema puede comenzar muchos años antes de su escritura. Porque un poema nunca es propio, nunca nos pertenece. Escribe Mary Oliver: ningún poema trata sobre uno —o alguno— de nosotros. El poema forma parte de un largo documento sobre la especie. Cada poema trata sobre mi vida, pero también sobre la tuya, y sobre cien mil vidas que están aún por venir. Que lo escribiera una persona no es ni de lejos tan importante o interesante como el hecho de que nos pertenezca a todos. Un poema —dije antes— es una conversación, y no sólo una conversación que entablamos con quien eventualmente lo leerá. Es también una conversación con nuestras lecturas, con los muertos, con los ancestros, con los seres amados, con los desconocidos, con todo lo que existe, animado e inanimado, con nosotros mismos pero no como entidad separada: nosotros mismos como indiscernibles de lo otro que nos constituye y nos moldea. Esa conversación se materializa en el acto de escribir, pero no podemos saber cuándo se ha iniciado, y definitivamente puede continuar mucho tiempo después de que haya sido escrito el poema que intenta traducirla, puede continuar hasta nuestra muerte y más allá.



De Curar y ser curados. Poesía y reparación (Las Furias, 2022)

jueves, 2 de marzo de 2023

Cinco poemas de Roberta Iannamico



CADA VEZ QUE SALGO

 

Una pared

que da justo

a la puerta de mi casa

dice te amo

cada vez que salgo

la leo

en diagonal

está

la esquina del chapista

con el chapista

siempre

en el medio del portón

las partes de arriba de la pared

tiene puntas

de botellas rotas

para que los gatos

no hagan nido entre los fierros

parece un palacio

 


 

PIEDRAS

 

Había unas piedras

grandes y bestias

en un camino

en la montaña

las piedras son tan duras

que no necesitan piel

aunque el agua les imprime

una piel suave

y el viento

cierta piel de gallina

a la sombra son frías

y son calientes al sol

hay una con forma de zapato

o de cabeza de perro

y otra con forma de sapo

que es una de las formas más comunes

entre las piedras

un árbol creció sobre una piedra

se adhirió a ella

tomó su exacta forma

la raíz no podía penetrar

como en la tierra

era un árbol que vivía de la lluvia

o del aire

o del amor a su piedra.

 

 


INVIERNO

 

Hoy cuido del fuego

actividad por la que puteo

pero que también

me tiene enamorada

lo alimento

aprendo a darle cada vez más

lo que lo hace arder.

 

 


LLUEVE

 

Hoy llueve finito

sin parar

es un día de invierno en medio del verano

una lluvia de invierno

con ese recogimiento

esa serenidad resignada

adentro de la casa

laten las vidas

de todos los que la habitamos

late la casa viva

calentita por dentro

mojada por fuera

como una semilla

que va a germinar

 

 


DANZA

 

Tenía cientos de árboles

en frente mío

de distintos colores

de distintos tamaños

de distintas formas

todos moviendo sus copas

por el viento

el viento demostraba su poder

y ellos respondían

cantando y bailando

devotos.




De Rosa. Poemas 1997-2021 (Gog & Magog, 2021)