Me entrené desde los siete años para tener un día la lengua
en mi poder. Y sin embargo, cada vez que voy a escribir, es como si fuera la
primera vez.
No doy pan a nadie, sólo sé dar palabras. Y duele ser tan
pobre.
Cuando no estoy escribiendo, no sé cómo se escribe, así de
simple.
Escribir siempre me ha sido difícil, aunque partiese de lo
que se llama vocación. La vocación es diferente del talento. Se puede tener
vocación y no tener talento, es decir, se puede ser llamado y no saber cómo
ir.
El arte no es pureza, es purificación, el arte no es
libertad, es liberación.
Pero ya que hay que escribir, que al menos no aplastemos con
palabras las entrelíneas.
¿Quién me obliga a escribir? El misterio es ese: nadie, y
sin embargo la fuerza me impele.
Me sentía peor que una mendiga porque ni siquiera sabía qué
pedir.
Haber nacido me ha estropeado la salud.
Todo escritor es un actor innato. En primer lugar,
representa profundamente el papel de sí mismo.
En todo, en todo tendrás a tu favor el cuerpo. El cuerpo
está siempre a nuestro lado. Es el único que, hasta el fin, no nos abandona.
De Todas las crónicas (Siruela, 2021) Traducción de Elena Losada y Teresa Matarranz
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