miércoles, 7 de enero de 2026

María José Ferrada - Niños

 

Durante la dictadura chilena, treinta y dos niños y niñas fueron ejecutados y dos más desaparecidos (algunos de ellos eran bebés). En Niños (Ediciones Castillo, 2018), María José Ferrada los imagina soñando, jugando, viviendo, antes de que los monstruos los convirtieran en víctimas.

La siguiente es una selección de ese libro-homenaje:



SERGIO

 

Esa primavera decidió que sembraría palabras en una maceta.

Que regaría con cuidado la semilla.

Pasarían las estaciones.

Las miraría florecer.

 

 

CARLOS

 

Cada vez que mira la luz de la lámpara

se pregunta si su luz hablará en el mismo idioma

que el de las estrellas de dos millones de años.

Si su lámpara en lugar de lámpara será un susurro antiguo.

 

Y se queda dormido así, sin apagarla.

 

 

CLAUDIA

 

Lleva una hora observando las formas de las nubes

y ha visto pasar dos elefantes,

tres pájaros

y una salamandra.

Se pregunta quién más las estaría mirando

desde alguna ventana.

Si otra niña como ella

vio pasar el desfile de animales blancos.

 


ORLANDO

 

Pasó toda la tarde dibujando insectos.

Los llevó al jardín y los dejó caminando en fila.

Del más pequeño al más grande.

Poco a poco se desordenaron: algunos se fueron por el pasto

y otros se subieron a las ramas del manzano.

Finalmente los perdió de vista. Así pasa con los insectos.

 

 

LUZ

 

Cuando crezca será coleccionista de sonidos.

Las hojas y el viento.

Los pasos de su papá al subir la escalera.

El nacimiento de los brotes en los maceteros.

El canto con el que la abuela la hace dormir.

Los guardará en una caja de fósforos.

Así podrá tenerlos siempre en el bolsillo,

y sacarlos cada vez que los quiera escuchar.

Dos poemas de Martín Rodríguez

 


mi padre toma el hacha

rompe en pedazos esa maceta vieja.

la casa era de una familia de militares

que la habían habitado antes.

dentro de la maceta entre la tierra pusieron alambres

las flores crecieron así

los militares ponen alambres en todo lo que crece

mi padre rompe la maceta abre la tierra y corta las raíces

para llevarse un pedazo de planta intacta a la nueva casa.

sudábamos los dos

parecíamos rompernos abrirnos el cuerpo

él da el último golpe                      ya está —dice

quedaron en el suelo la tierra y los alambres deshechos.

levantó un pedazo de planta intacto verde al sol

y dijo mirándome con odio y ternura a los ojos

—sólo esto nos llevamos

 

 


cuando rompían y hacían un agujero

en la pared para arreglar un caño

me quedaba a la noche

con la luz que entraba de la calle

mirando ese agujero

 ¿qué bichos podían

andar por ahí?

una rata

en el agujero donde los plomeros

buscaban la fisura

los caños que filtran el agua,

una rata con

un tajo en la piel

que se escapaba

en el frío interior

del agujero

que miraba toda la noche y

apoyaba las manos en la pared, sentía

el agua corriendo adentro,

y después de muchos días

venían y tapaban con cemento

pintaban y dejaban

adentro a la rata

con el tajo

a mí afuera




De Poesía mundial. 1998-2018 (Ediciones Neutrinos, 2024)