Durante la dictadura chilena, treinta y dos niños y niñas fueron ejecutados y dos más desaparecidos (algunos de ellos eran bebés). En Niños (Ediciones Castillo, 2018), María José Ferrada los imagina soñando, jugando, viviendo, antes de que los monstruos los convirtieran en víctimas.
La siguiente es una
selección de ese libro-homenaje:
SERGIO
Esa primavera decidió que sembraría palabras en una maceta.
Que regaría con cuidado la semilla.
Pasarían las estaciones.
Las miraría florecer.
CARLOS
Cada vez que mira la luz de la lámpara
se pregunta si su luz hablará en el mismo idioma
que el de las estrellas de dos millones de años.
Si su lámpara en lugar de lámpara será un susurro antiguo.
Y se queda dormido así, sin apagarla.
CLAUDIA
Lleva una hora observando las formas de las nubes
y ha visto pasar dos elefantes,
tres pájaros
y una salamandra.
Se pregunta quién más las estaría mirando
desde alguna ventana.
Si otra niña como ella
vio pasar el desfile de animales blancos.
ORLANDO
Pasó toda la tarde dibujando insectos.
Los llevó al jardín y los dejó caminando en fila.
Del más pequeño al más grande.
Poco a poco se desordenaron: algunos se fueron por el pasto
y otros se subieron a las ramas del manzano.
Finalmente los perdió de vista. Así pasa con los insectos.
LUZ
Cuando crezca será coleccionista de sonidos.
Las hojas y el viento.
Los pasos de su papá al subir la escalera.
El nacimiento de los brotes en los maceteros.
El canto con el que la abuela la hace dormir.
Los guardará en una caja de fósforos.
Así podrá tenerlos siempre en el bolsillo,
y sacarlos cada vez que los quiera escuchar.
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