lunes, 12 de mayo de 2014

Tres poemas de Matías Moscardi


los vástagos

goteaba la canilla de la casa
nos despertaba por la noche
pusimos un bol amanecía
desbordado compramos
cueritos nuevos por la tarde
buscamos en el garaje
las herramientas de mi abuelo
y tardamos en ubicar la llave
que corta el agua caliente
no la que corta el agua fría
cortamos el agua, desarmamos
los grifos, cambiamos los cueritos
pero no fue suficiente la canilla
seguía perdiendo nos pareció
que los vástagos eran el problema
estaban viejos su mecanismo
atascado compramos vástagos
nuevos y los colocamos ahora
directamente no sale el agua
de la canilla no entendemos algo
que se supone es transparente y vital
qué pasó en qué nos equivocamos
buscamos videos en youtube
no dimos con la respuesta volvimos
a colocar los vástagos viejos rotos
que con su gotear nos desvelan
pero al menos dejan salir
el agua


aviso de visita

ayer soñé con vos
hace varios días
pasa lo mismo

al despertar
olvido el sueño
no el hecho

de haber soñado
ni la certeza
de que seas vos

la parte alada
de ese roedor nocturno
resulta difícil

sin embargo
interpretar algo
cuya naturaleza

parece la de un cartero
obstinado
que todos los días

invariablemente
antes de golpear la puerta
antes de tocar el timbre

antes de preguntarse
incluso
si acaso queda

alguien vivo
en el domicilio
deja una

otra vez
un aviso de visita
jamás la carta.


all is lost

se trata de un yate
en medio de un mar
apacible y hermoso

un yate
que podría ser
tu vida

choca contra un container
flotando a la deriva
sin ninguna razón

comienza a entrar
agua a borbotones
y no hay diálogo

y no es divertido
pero tampoco dramático
no esperes música

ni tiburones
ni siquiera gritos
llantos

de acuerdo con el guión
podrás putear una sola vez
hay que elegir bien

y el mar
si viene tormenta
da miedo

mejor es cerrar
las heridas
aunque arda

lo único que se divisa
como paisaje
son unos peces brillantes

que vuelven inexplicable
más difícil de entender
la soledad

sobrevivir es aburrirse
la piel se curte con el sol
y duele

tampoco cambia nada
que pasen uno
dos barcos

ni prender
una bengala
porque no habrá nadie

que vea esa señal
en todo caso
resta incendiar

incluso
lo que queda
y aún así

es muy probable
que no alcance
y tengas que abandonar

tu cuerpo
en una tumba líquida
oscura, inmensa

y entonces
cuando todo
absolutamente todo

esté perdido
quizás quede algo
quizás

no.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Tres poemas de Ted Hughes


VISITA

Lucas, mi amigo, uno
de esos tres o cuatro que permanecen inmutables
como un yo aislado,
una piedra en el lecho del río
bajo las mudanzas, se hizo amigo tuyo.
Me enteré de ello, alarmado. Yo estaba sentado
en mi despacho derrochando la juventud cerca de Slough,
mañana y tarde entre Slough y Holborn,
atesorando dinero para sufragar mi salto a la libertad
al otro lado de la tierra, una caída libre
para deshacerme de la crisálida en el torbellino.
Los fines de semana reaparecía
en el Alma Mater. Mi novia
compartió supervisión y sesión semanal 
con tu rival de América y contigo.
Te detestó. Proyectó imágenes tuyas,
sin saber con qué inflamable celuloide
llenaba mi mudo e insaciable futuro,
mi gallina ciega, mi interna
antorcha de búsqueda. Con mi amigo,
pasada la medianoche estaba en un jardín
tirando puños de tierra a una ventana oscura.

Borracho, él estaba seguro de que era la tuya.
Medio borracho, yo no sabía que se equivocaba.
No sabía que se me sometía a una prueba
para ser el galán de tu drama,
gesticulando los primeros y sencillos movimientos
como con los ojos cerrados, para sentir mejor el papel.
Como un títere atado a las cuerdas
o las ancas muertas de una rana sacudidas por electrodos.
Me contoneaba con tales gestos, sólo observado y juzgado
por la oscuridad estrellada y una sombra.
Desconocido para ti y sin conocerte.
Intentando encontrarte y fallando y volviéndote a fallar.
Tirando tierra a un cristal que no podía protegerte
porque no estabas ahí.

Diez años después de tu muerte
encuentro en una página de tu diario, como nunca antes,
el impacto de tu alegría
al saber todo aquello. Luego el impacto
de tus rezos. Y bajo esos rezos el pánico
de que tales rezos no creasen el milagro,
y luego, bajo el pánico, la pesadilla
que llegó rodando para aplastarte:
tu alternativa, la vieja e impensable
desesperación y una agonía nueva
revueltas en un infierno familiar.

De repente leo todo eso,
tus auténticas palabras mientras salían flotando
de tu garganta y lengua para plasmarse en la página.
Igual que cuando tu hija, ya hace años
entrando desnortada, mirándome a la cara,
perpleja,
donde yo trabajaba a solas
preguntó de repente, en el silencio de la casa
«Papá, ¿dónde está mamá?» La helada tierra
del jardín, mientras la cavaba con las manos.
A mí alrededor el gigante reloj de escarcha
de aquella medianoche. Y algo dentro,
en alguna parte, esperando no sentir nada.
Un pulso de fiebre. En algún lugar
dentro de la tierra entumecida
nuestro futuro intentando acontecer.
Alzo la mirada, como deseando alcanzar tu voz
con todo su urgente futuro
que me ha estallado dentro. Luego vuelvo a mirar
el libro de palabras impresas.
Llevas diez años muerta. Es sólo una historia.
Tu historia. Mi historia.


LA PARTE SENSIBLE

Tus sienes, donde se adensaba tu cabello,
eran la parte sensible. Una vez, como experimento,
dejé caer una lima en los electrodos
de una batería de doce voltios –y explotó
como una granada. Alguien te electrificó.
Alguien bajó la palanca. Te lanzaron
un rayo en el cráneo.
Con sus batas blancas y sus caras pálidas
revoloteaban de nuevo
para ver cómo te encontrabas, con tus correas.
Si tus dientes estaban aún intactos.
La mano calibrando en la palanca
de nuevo sin sentir nada
excepto una nada queriendo sentir
algún ramalazo de sensación. El terror
era la nube de tu ser
que esperaba esos relámpagos. Vi
la rama de un roble tajada tras un estallido.
Tú viste la pierna de tu padre. ¿Cuántos tirones
permitiste que te diera ese dios agarrándote
de los pelos brutalmente? Los informes
escaparon de regreso a las nubes. ¿Qué fue
lo que se vaporizó? Donde los pararrayos lloraban cobre
y el nervio se arrancó a la piel
como un niño abrasado
huyendo tras el resplandor de la bomba. Te dejaron caer
como un rígido pedacito de alambre
por los tendidos eléctricos de Boston. Las luces
del Senado se amortiguaron
mientras tu voz buceaba dentro
a través de la válvula de escape del sótano.
Y años después, apareció
expuesto como una radiografía
el mapa de tu cerebro, aún con manchas negras,
con cicatrices de tierra quemada
de tu retiro. Y tus palabras
erar rostros a contraluz
sujetándose las entrañas.


LAS GRUTAS DE KARLSBAD

Vimos a los murciélagos en las rutas de Karlsbad,
espesos como el tupido hollín de chimeneas
más grandes que catedrales. Nos convertimos en simples puntos

en el horizonte de su mundo completo
y de sus vidas exclusivas.
Presumiblemente el grupo entero era feliz,

tan feliz que no sabían que eran felices,
ocupados en su felicidad, llenos de ella
colgados del revés en sus cielos de piedra.

Miramos los relojes, los murciélagos de vanguardia,
sincronizados al minuto, empezaron a agitarse y dar vueltas
en la enorme boca de la gruta

que era nuestro anfiteatro, y donde ellos eran el drama.
Unos cuantos revoloteando se espesaron en un millón
hasta que la masa hirviente se liberó del imán

subterráneo. Los murciélagos comenzaron a brotar,
derramándose, humeando, engolfándose,
durante una media hora, un aguacero invertido

de varios millones de murciélagos. Un humeante dragón
surgido de la cerradura telúrica,
una gran serpiente celeste reptando hacia el sur,

hacia el Río Grande
donde cada noche capturaban sus toneladas de insectos,
cinco toneladas, dijo alguien.

Y así es como tenía que ser.
Cada noche ¿durante cuántos millones de años?
Un engranaje de relojería perfecto como un radar.

No estábamos seguros de si pasar la noche allí o irnos.
Estábamos donde jamás habíamos estado en nuestra vidas.
Visitantes, incluso visitándonos a nosotros mismos.

Los murciélagos eran parte de la maquinaria del sol,
conectados a la maquinaria de las flores
por la de los insectos. El significado de los murciélagos

lubricaba la infalible lógica de la tierra.
Requerimiento cósmico, en las alas de un trasgo.
Un reproche a nuestro revolotear participando a medias.

Pensamientos parecidos nos rondaban, cuando alguien gritó.
El dragón celeste de murciélagos estaba anudándose.
«¡Vuelven!
                        Observamos y vimos,

a través de los murciélagos, una vertiginosa cadena
de negros cúmulos, destellando
sobre el Río Grande. Los murciélagos tenían un problema.

Las alas por encima de sus cabezas como paraguas plegables
se emergieron desde lo alto
directamente a la cueva, la nube entera,

el desarrapado y vasto cuerpo del genio
que entra de nuevo en la lámpara. A lo largo del sur
la tormenta se deslizaba y resplandecía como una guerra.

Aquellos murciélagos tenían los ojos abiertos.
                                   A diferencia de nosotros,
ellos sí sabían cuándo apartarse

del amor que mueve el sol y las demás estrellas.


De Cartas de cumpleaños (Lumen, 1999)
Traducción de Luis Antonio de Villena

viernes, 2 de mayo de 2014

Tres poemas de Jerónimo Pimentel



3

Mi cerebro es la fruta que comió el primer hombre.
La receta dice: “hay medicina en las hojas”,
pero siento frío. Cae nieve negra y forma una capa de hielo
sobre la que bailan dos astronautas. No conozco el ritmo,
pero en el firmamento un buey mueve la cabeza
divertido por la música. Pasta, en verdad, y sus dientes
aprueban melodías. Come astros y defeca estrellas
a la manera de semillas que fertilizan la bóveda
dejándola apta para la contemplación.
Su respiro se vuelve inquietud en mi descanso campesino.
Parece un trato justo. Buscamos señales
pero no hay una sola. No hay metáforas tampoco,
solo un poco de fruta que mi Yo místico proyecta a través
de mi Yo ficticio (mi Yo material califica al ejercicio de ocioso,
mientras mi Yo agazapado bosteza y revela
así su oposición). Me gustaría proyectar otras cosas,
pero nadie puede escoger qué hacer
ni cómo hacer lo que no elige.
No es determinismo, solo un cauce religioso
saboteado por el espíritu de nuestro tiempo.
A nadie le gusta su tiempo. A nadie le gusta crear caminos
que expandan su fuerza mística. La mía está intacta:
muestra a un buey alegre los días de verano
en cuyas noches cae nieve negra (blancas escafandras
exigen otro nombre para su cómica plasticidad).
En los inviernos fríos el animal es un gusano, una larva
que se reproduce en el espacio hasta formar otra.
A ojos profanos es solo el amor de dos estrellas,
bosta que ama a la bosta, y el buey sonríe sacudiendo la cola
para que otras semillas resplandezcan
y otros niños como yo imaginen lo que sea
que sus ojos son capaces de fijar.
Nada me impide rendirle adoración, como a cualquier
objeto venerado por nuestra época (¿qué época?).
Algunas tardes incluso me enamoro de ella. Pájaro dice
que mi epifanía es un error de programación. Debe ser.
Cuando le rezo oigo el rugir de un motor y se alza el telón
de un teatro: soy un Hell Angel atravesando Arizona.
Los manubrios, anchos como un toro, me rodean
y se cierran a mi espalda. Ya no es una motocicleta,
sino una cápsula que navega por un país sin árboles
donde sólo es posible distinguir piedras, claros y vaqueros.
La vida es un sueño de Moebius donde todos vamos camino a duelo.
Las cajas de dibujo se funden en diálogos sin letras.
El silencio responde al silencio.
Primero, escopeta; después, resplandores indios.
El buey sonríe.
Some day I’ll come back.
Fin.


4

El oeste: fachadas de cartón-piedra que esconden arenales donde nadie filmará nada; vagos mal afeitados duermen la siesta a la sombra de un cactus ornamentado con un sombrero puesto ahí para recordar a un sheriff que no se hará presente; las putas, sus tetas enormes, las tinas de cerámica blanca, las cubetas agujereadas, la sangre tiñendo de calor el suelo; el latón oxidado, la herida en la espalda, la arena con su profundo olor a mierda; relinchos de caballos sedientos quiebran la falsa calma vespertina; granjas atestadas de animales sarnosos y adolescentes con overoles abiertos y faldones levantados gimen haciendo el amor; trinches y palas se confabulan para esconder en sótanos secretos viejas bombas atómicas que no explotarán nunca; un cielo descubierto por el que ronda un buitre con la parsimonia de un ladrón de película muda; vallas pintadas de blanco por un muchacho que silba una canción con un espiga entre los dientes mientras su arrullo impregna de amor a las plantas que, resignadas, aceptan morir pisoteadas para que él y sus amigos se diviertan; una taberna de papel maché que arderá cuando Logan vuelva a reclamar su parte de la recompensa.

Un sonido de estampida se acerca y piensas: no pienses.

Un tiburón gigante se desliza por la tierra y engulle todo lo que encuentra a su paso. Su cuerpo ocupa el íntegro de la calle, por lo demás estrecha. No tiene lengua, esa es tu primera sorpresa. ¿Cómo engulle si no tiene lengua? Eso es lo que te preguntas y no te preguntas quién puede haber puesto ahí a un tiburón gigante deslizándose por el desierto como si este fuera otro océano escondido, de esos que no figuran en los mapas pues los lugares reales nunca lo están. Luego ves sus ojos hinchados a punto de llorar sangre y esos dientes caóticos solo comparables a las trampas que encuentras en una pirámide egipcia (puñales como perlas afiladas de donde fluyen litros de baba digestiva que vuelven lodo tu ciudad-desierto). No sientes miedo, solo te limitas a dar un paso al costado y el escualo sigue su rumbo de muerte: traga a una viuda de andar lento, a dos niños hipnotizados por el terror y a una vaca con propósito de ofrenda. Coges una taza de café, te acercas al abrevadero de las mulas y te echas un poco de agua en la cara repitiendo el ademán de quien acaba de despertar. Sale por fin el comisario, un gordo despatarrado capaz de matar moscas con su aliento: “¡Y ahora quién limpiará este desastre!”, se lamenta, a lo que una anciana sentada en un cobertizo contesta: “¡Esta noche todos comen pescado!”.

Disparos de fusil.


14

Atravieso las bajas alturas de Lima y recuerdo:

Farrar sostiene
que Barbour afirma
que vivimos en un mundo extraño y nuevo
en el que estamos vivos y muertos
a la vez.

El tiempo es una ilusión cósmica gigante.

[El primer verso es constante; que exista
es tan importante como indiferente
para la prosperidad del poema].

Atravieso las bajas alturas de Lima y recuerdo:
Según Barbour
este poema está escrito
y no está escrito
a la vez.
El silencio antecede al poema y Farrar ya es poesía.

[El mundo requiere una constante;
que la poesía exista
es tan importante como indiferente
para la prosperidad de la especie].
             Oh Bartleby, oh humanidad.


De Al norte de los ríos del futuro (Ediciones Liliputienses, 2013)

jueves, 1 de mayo de 2014

Dos poemas de Monserrat Álvarez


PETER PUNK

Peter Punk te espera detrás de las esquinas
—en cualquier esquina, esta misma noche—
para mostrarte su miembro mientras ríe a carcajadas
y un relámpago de gozo se desmaya en su cerebro
Él no tiene futuro ni responsabilidades
sólo goza y se abandona en los brazos de su madre,
esta gran prostituta que es la ciudad de Lima
Ella lo pisotea con el mayor desprecio
pero él sigue aferrado a su fláccido seno
Él la odia y la ama y la busca en su pasado,
donde no tiene futuro ni responsabilidades
(hace ya más de treinta años que no tiene nada de eso).
Yo lo conozco bien, tú también lo conoces
se nutre del veneno que las calles le ofrecen
y luego lo vomita y blasfema y maldice
Madre, tú amaste mucho a este pobre hijo débil,
lo amaste demasiado, al más débil de todos,
que una noche esperó tu regreso detrás
de aquella esquina con su chaveta implacable
y la clavó en tu cuerpo con rencor y con odio
La clavó trece veces en tu pálida sangre,
con odio y con amor, riendo a carcajadas
—oh placer infinito—. Recemos por su alma.


PORTRAIT OF THE ARTIST AS A YOUNG POUND

Me sorprende que me comparen tanto
con Ezra Pound últimamente
En verdad no conozco a este sujeto
ni he leído una sola línea suya
No sé quién sea este tal Ezra Pound
pero sospecho que era mal encarado,
viejo, de áspera barba,
cáustico, feo, sardónico, bilioso
No comprendo por qué me comparan con él
No sé si se han dado cuenta, señores
de que yo soy una joven-mujer-muy-atractiva
I’m a soft, sweet child
Una criaturita
Y no ese viejo
al que imagino que encontraban, borracho,
durmiendo en alguna escalera
envuelto en un mugroso abrigo verde-hormiga
Supongo que era tosco y mal encarado
y que no hubiera sabido tratarme
Ni siquiera hubiera sabido, supongo,
abrirme la puerta del coche cuando fuera necesario
Supongo que no habría sabido cómo
apartar la silla para que yo me siente
ni cómo cederme el paso
ni cómo contestarme
Supongo que nos habríamos divertido enormemente 

sábado, 19 de abril de 2014

Poesía de guerra en Croacia


ESO

Eso que te has apropiado
eso que deseas apropiarte
no te pertenece:
árbol de olivo
espuerta de trigo
escudilla de fruta
mar y tierra croatas.

(Srécko Diana)


CRISTO EN CROACIA

En ninguna parte como en Croacia
has sido tantas veces
de nuevo atormentado.
Te quedaste sin pierna
una esquirla de metralla
te atravesó el corazón,
te rompieron un brazo,
quebraron tus costillas,
ardiste todo el día en Mostar
en la iglesia de San Pedro y san Pablo.

El que compone el crucifijo,
recoge sus partes
de ruinas y cenizas
y cura heridas
también fue herido,
sin brazo ni pierna
y el corazón perforado.

En Croacia, Cristo,
es donde mejor has sentido
cómo mata el cohete,
cómo arden las aldeas,
se destruyen las ciudades.

Y cuánta falta hace la resurrección.

(Krešimir Šego)


NOCHEBUENA 1991
A Željka Čorak

                Campanas inaudibles desde torres agrietadas.
Sobre las iglesias destruidas las nieblas tejen:
la ovejita, el pesebre, el pastor.
Los ángeles adornan los ennegrecidos pinos.
                Nochebuena. Por caminos helados crepitan.
los arbustos de vidrio. El luto centellea.

                Cementerios cubiertos de escarcha.
En las ventanas chamuscadas flores de hielo.
Casas vacías reúnen voces de ausentes.
                En las manos de las viejas
en los fríos cuartos cae la nieve. Cubre al niño Jesús.
Los muertos están cerca, cubiertos por bolitas
oscurecidas. Las estrellas brillan por todas partes.

(Adriana Škunca)


INSTRUCCIÓN A LA CÁMARA
(Lederer[i], precognición)

Si caigo,
filma:
que al mundo
partan
imágenes vivas
de muerte
(1991)
(Igor Zidić)


DE LOS RESCOLDOS

Guirnalda
de humos
negros
lleva a Croacia
al Cielo

(Igor Zidić)




[i] Gordan Lederer, camarógrafo de la televisión croata, muerto mientras filmaba en el frente de Kostajnica en agosto de 1991.


De La hora del horror: 
Poesía de guerra en Croacia 1991-1994
Traducción de F. J. Juez Gálvez