sábado, 20 de diciembre de 2014

Tres poemas de James Schuyler


UNA CIUDAD BLANCA

Mis pensamientos giran hacia el sur
una ciudad blanca
despertaremos abrazados.
Despierto
y oigo golpetear el radiador
como un corazón de metal
y veo que ha nevado.


DESDE EL CUARTO…

Desde el cuarto del al lado
el amigable golpeteo
de una máquina de escribir eléctrica.
Zumban moscas en el vidrio
de la ventana. Es la época
en que mueren. La casa
está pintada de gris. Los campos
se empelusan de
algodoncillo. Junto al
estanque, un castor roe
un árbol. Esos dientes, tan
filosos. El camino serpentea
colina abajo hasta llegar acá
después se aleja serpenteando.
El bosque está marrón.
El cielo es gris. Qué
silencio increíble en
esta colina rodea
el amigable golpeteo,
el zumbido de la muerte.


JUSTO ANTES DEL OTOÑO

en los intervalos quietos entre vientos de equinoccio
el silencio destella
o en un bosque de abetos
se muestra como troncos rayados, claros, oscuros
vistos entre ellos
todos iguales, cada uno diferente:
un bosque despojado de sus ramas más bajas
que yacen vagamente apiladas junto al sendero
musgosas, con liquen, pudriéndose.

El sol está en el cielo como si fuera su retrato.
A las áster las inclina una brisa
que para plantas más leñosas sería indigno notar.
Varas de oro erguidas como cúspides
o de otro tipo, que señalan en lenguaje gestual indio:
“Por aquí”.

Por la tarde temprano la luna sube al cielo
mientras el sol va hacia el oeste
su luz ingrávida se posa
sobre un zarzal de saucos y cerezos silvestres.
Parece que la luz los presionara
y los tironeara desde arriba
así como una lancha huye de la estela
que parece propulsarla
a través de ilusiones de verde
hechas por árboles negros reflejados en el agua astillada
que toma forma.

¡Maravillosa energía universal,
expresada en una estelar quietud!
La Vía Láctea desplegada
sobre la casa anoche
y las Pléyades
a la vista débilmente exclamaban:
“La mejor forma de ver las estrellas
es mirar un poco hacia un costado”
un universo en su red de espacio
debilitándose, concluyendo, continuando.


De Una ciudad blanca (Gog y Magog, 2012)
Traducción de Laura Wittner

jueves, 18 de diciembre de 2014

Tres poemas de Tiffany Atkinson


Madre en Sueños

Mi madre en sueños, vestida
como una refugiada con estampillas raras
donde van los ojos, dice con voz televisiva
bueno, muchacha, ¿por qué tardaste? Su frente
franqueada por el dolor cuando lamo sus párpados
para cerrarlos y la devuelvo por la ranura
de la casa de dos pisos
donde mi madrastra cruje con la estática,
las piernas cruzadas, purificada y al borde del inminente
parto. Tengo que devolver la piel de mi madre,
el lento cirílico de su mano iletrada.
Despertar enredada en ese cordón, o ahogarme
con las palabras que no lo van a cortar.


ACTOS DE DEVOCIÓN

Frances lava los autos de los maestros
para la semana de Ayuda Cristiana. Con los nudillos blancos
y entumecidos acarrea el balde al MG rojo
que maneja Robert—Rob, el técnico de laboratorio,
elegido por las monjas, sin dudas, por sus dientes de conejo   
y su timidez: Rob, para quien Frances es una vela
que arde por los dos lados. Las rodillas esmeradas se hincan
en la grava, y ella refriega las manchas que nadie
nunca soñó refregar hasta que el agua corre ferrosa.

Detrás del seto en los jardines del Rosario
una hermana silba. Frances piensa en una tarde
después de misa cuando, con la comezón del pecado, se deslizó
a través del portón a la zona de las monjas. Y ahí,
la monja vieja y loca que escupía tierra y discutía con los arbustos,
la que, se rumoreaba, estaba atada con una soga larga
a las canillas de la cocina, estaba posada como un barrilete roto
sobre la montaña de abono, capturada por un instante
en la mira del crucifijo de la colina vecina.
Cuando su mano alzada bendijo a Frances
estaba abriendo las piernas para mear, una curva dorada y sólida
como las que hacía el padre de Frances al costado de la cabaña el último verano:
el olor a cobre caliente, a hojas secas.

Frances escurre la esponja, los dedos le arden
con el encaje del jabón. Ahora ve el corte
que el óxido le hizo a su mano: las dos, tres, ahora cuatro,
gotas, como semillas de granada, atrapadas
en el puño de tela y retenidas para regocijo de la trama.


PRIMERAS MASCOTAS

Alguien comienza un juego que nos da
a cada uno un nom-de-guerre de estrella porno. El juego exige
los nombres de soltera de las madres, implica a las primeras
mascotas. Como paperas, casi todos las tuvimos.
Cómo rogué, y cuando por fin la tuve, el desamparo
de mi cachorrita me horrorizó. Pobre incontinente
a la que no pude amar —qué parecida a mí— acobardada, bruta,
siempre pegada a los talones de las cosas—

            —los perros me asustan todavía, como las babosas,
como los niños; el mismo conocimiento incierto de la especie.
Los sueños me liberan de camadas de cachorritos ñatos
que lloriquean y que yo no puedo alimentar, y llevo puerta
a puerta arrastrándolos en sus placentas—

y ‘Mitzi Farmer’ vive su vida de estrella porno
en cul-de-sacs como estos, duda casi siempre
entre qué es sexo, qué es pelea.
Se acuesta tarde con bichos peludos
Mínimamente cosidos para un abrazo. Su madre no llama
casi nunca. Mitzi se da maña con los animales.
 

De El hombre cuya mano izquierda pensaba que era un pollo (Ediciones Gog y Magog)
Traducciones de Inés Garland

martes, 16 de diciembre de 2014

Paul Virilio - Sobre el darwinismo de las imágenes


—Enrico Baj. El arte moderno y contemporáneo ha sido atacado desde todos sus flancos, y por grandes intelectuales como Antonin Artaud, Roger Caillois, Claude Lévi-Strauss o, más recientemente, por Cornelius Castoriadis, Jean Baudrillard, Gilles Lipovetsky, Umberto Eco o Norbert Lynton. Pero, para los que dirigen el sistema del arte, es como si esos ataques no existieran.
Es la forma contemporánea de la democracia, que no necesita recurrir a la censura porque los ataques no le causan ningún daño. Incluso parece que las críticas y acusaciones refuerzan el sistema del arte, como ocurre con el político, porque las críticas, al existir, demuestran que hay espacio, cabida, para todos. Pero se trata de un espacio puramente virtual, al ser sólo verbal y no poder llegar a controlar los recursos financieros, los patrocinadores o toda la ideología del arte oficial.
Los comisarios y los críticos complacientes no quieren confundirse con el público. El arte, como casi todo hoy en día, es asunto de expertos, y el resto queda excluido o, como mucho, puede apuntarse a las visitas guiadas, para enterarse de lo que hay. Giotto hablaba a todos.

—Paul Virilio. Al que ataca al arte moderno se le considera un nostálgico, un conservador. Se rechaza la crítica, cuando la crítica es el motor del arte y de toda verdadera renovación. Cuando Caillois y Artaud critican algo, la crítica forma parte del arte. No puede decirse que Artaud sea ajeno, extraño al arte. Cuando era joven, trabajé con Braque y con Matisse. ¡Son tantos los recuerdos, los objetos, las obras! No hablo por hablar, formo parte del oficio. Pero lo politically correct también llega al ámbito del arte. Me explico.
Ya no sólo el lenguaje debe ser correcto, sino que la imagen también debe ser “ópticamente correcta”. La imagen correcta es la que el sistema fabrica, en sus catedrales, en sus palacios del poder, que, en el caso del arte, son los museos. Las imágenes deben ser eficaces. Se da, así, una suerte de darwinismo de las imágenes que se impone desde la publicidad: las imágenes deben ser productivas, eficaces para la marca. El lenguaje “políticamente correcto” se ha extendido así a la imagen, a la óptica. Esta idea de una óptica correcta porque eficaz es una deriva que puede traer consigo la desaparición de la pintura, del dibujo, del grabado. ¿Qué es el darwinismo? Simplemente que los más fuertes sobreviven. Es lo que ocurre ahora: ante la imagen “eficaz”, “espectacular”, ante las proyecciones, los poderosísimos haces de luz, las video-instalaciones o la alta definición, cualquier otra figuración, cualquier otra sensibilidad óptica queda relegada, apartada en beneficio de lo que denomino el arte del motor, el arte de la motorización, que abarca también las pantallas los pixeles, lo digital. Los pintores ven reducidas las posibilidades de exponer, y lo que me resulta más intolerable es la eliminación de determinadas formas de arte en beneficio de otras más agresivas y violentas. Se elimina el pluralismo en beneficio del más fuerte. Se tiende así a eliminar el resorte del arte y la técnica de la pintura en beneficio de una hipertécnica hiperrealista. La alta definición y las imágenes de dimensiones desmedidas producen una eficaz atracción óptica, son terrific, como dicen en Estados Unidos, olvidando que el terror y el horror producen el mismo efecto.           

De Discurso sobre el horror en el arte (Casimiro, 2010)

lunes, 8 de diciembre de 2014

Tres poemas de Tomaž Šalamun


DOLMEN

Oh, la vista desde la ventana, al amanecer,
desde el décimo piso, el mar,
el faro y los vapores de Saint-Nazaire.
La misma vista: desde el Keller bar, al final de la Christopher
Street, los transatlánticos que se deslizan por el
Hudson como aquí por el Loire.
Acá olímpico y lento, allá
jugoso y fresco y negro,
el negro que lloró en mi regazo
me trajo hasta allá.
La boca de los negros es más sedoso rojiza que la boca
de los blancos, más blanda, más terrible, más
tierna y profunda. Más parecida al hocico
de los terneros del Carso, que mueren
inocentes aún antes de que los maten.
Eres tú mi piedra, Kosovel.
Resina, sogas, tablones,
alquitrán y el silencioso deslizarse de las gomas.
Se oye más que el chapoteo del mar.
Moneda que giras en silencio, caes
y te elevas en el alcohol, no eres tú quien sisea, sisea la nafta.
Por qué en bandadas y por qué gritan.
Se desgarran. La soda rasga la vista.
Hasta que no vuelva a reposar verde,
oh, peluche de bolitas.
Con las tiza apenas tocas el palo.
El mar tras el vidrio es el otro polo del choque y se lo
bebe. La gente en verdad se desgarra.
Se desgarra como si se desgarrasen pañuelos. Este continente es
Grande. Si te agarra los pulmones, te los puede
Aplastar. Aquí el atlántico
es macizo y gris, y se abreva
en el Loire. Las piedras, estriadas como la eternidad y
viejas. Junto al Hudson, fieras frescas,
una junto a la otra, desgarran montañas, ávidas,
el mar es muy joven aún para brindar calma


HUELO CABALLOS EN POLONIA

huelo caballos en Polonia, ruinas en Elblang
huelo agua, sangre, enormes tablas colocadas sobre estantes
en Tatra desaparece Juergen, con antorchas y perros los sacaron cuando ya no
respiraba
frescos en Campo Santo, cada día descargo ocho toneladas
las calles de Manhattan huelo, salpica el vapor, con la cabeza golpeo contra los
techos de los taxis
huelo gas, huelo ventanas heladas a través de la ventana del jet de Lufthansa
epopeyas serbias huelo, en De
ani, en Ravenna
huelo tierra al pie de Hilandar, duermo en Janina
mimetismo huelo, huelo Monterey
huelo los abrigos repugnantes de los años cincuenta, toco el piano
béisbol huelo en Brooklyn, el esperma de un cherokee
huelo leña para el ferrocarril de la línea Ko
ani ardaklija, espero congelado
huelo el papel del masajista, del cristal, de los físicos, de la basura
huelo al contraerse mi estómago en Nabrežina
todo lo he olido, las manos, huelo cal, me sumergí en el sánscrito, huelo sufíes
huelo el terror de las culturas regionales, ángeles huelo
la piel blanca de las amigas de la familia, huelo verbo
huelo vanitas, apilo la lengua en carretillas, humo Mancini
allí la vieja Baubo corre al monte
huelo concordance des temps, contrabandeo Afganistán
las carreras entre Cassirer y Fátima, huelo una puta sobre espaldas militares
gute nacht liebe Barbele huelo, el cadáver de Pippa
huelo mudarse de ropa, un fósil, huelo la salida del sol
la Penguin selection, las hormigas dejan su olor
huelo catedrales, impasibles proletarios
Femme de la señora Mann-Borghese, huelo adulación
huelo astucia y crimen
huelo transgresión, huelo, duermo


Pour un jeune Chalamoun qui se vend dans la rue

¡Dientes blancos y pesados!
Membranas que penetran en mis ojos como
sables. Ruego a tu alma para entregarle
mi alma. Estoy cansado de
tomar, quisiera obsequiarme.
Tu te rends compte? ¿Que alquile otro
loft donde secar almas? Ya
así me cuesta bastante esa práctica
hotelera. Soy un profesional y tú también
eres un profesional, sólo que
tu tarifa es un papel blanco.
Cada oveja y cada vaca es un capital.
Y yo quiero mis ovejas, mis
vacas, no esos hediondos animales
de los campesinos de Alsacia. Mis animales son
historia porque dan leche. Tú, en cambio,
desechas tu papel y luego
las vitrinas tienen el aroma de tu alma que
los libros exhalan como si fueran
manzanas. OK, obséquiame tu cuerpo, pero eso
cuesta. Mi oficio es no
dar el alma. Sólo tomar el dinero y no
dar el alma.


De Poesía Eslovena Contemporánea (Ediciones Gog y Magog, 2006)

viernes, 21 de noviembre de 2014

Cuatro poemas de Daniel Freidemberg


Noviembre

Lluvia lenta y charcosa, hoy.
Dos autos rojos sobre el gris
                          y, por supuesto, taxis.
Hace un año, mi padre, su
gran cuerpo indefenso en una clínica de extramuros,
                          me daba algo a saber. Soy
ese que pasa ante vidrio iluminado, ante
plástico blando, hierro pintado y mármol
como quien oye otra agua atrás, ¿palabras?
(“Oro”, una palabra: tres letras en papel fluorescente).
Ahora, arribado a esta planicie del cosmos, puedo ver
                              algunas cosas: charcos,
hojas de paraíso en la luneta de un dodge,
dos “o” y una “r” fluorescentes, mármol, plástico y
cielo entre el agua, etcétera,
                   como quien dice “esto era todo”.
                   ¿Esto era todo? Uno: ni azar ni error,
ni el cumplimiento del mandado de nadie. Dos:
saliva agolpada en la boca, tensión muscular.
Tres: manchas, rostros (¿igual que pétalos
en una rama húmeda?). Cuatro: esta ciudad
                                    vulgar en la que vivo
es la misma en que amé y no creí ser amado. Cinco:
de la violenta madrugada, estas paredes
tienen fosforescencias como de mar, una
palabra me inquietaba, o dos. Seis:
lo que llamaba “el corazón”. Siete: la carne,
eso que está, no el alma, eso que al final
se retira y se aplana, territorio de nadie.



Noviembre (VII)

El gran cuerpo inocente de mi padre, su
pesadez translúcida, la piel
                         extensa y pálida humillada
por la ciencia médica. Enceguecía el
verano, la basura al costado de los rieles
pugnaba por manifestarse. No hay
                                 cuervos en este paisaje:
cerveza tibia y revistas de fútbol.
¿Pasó algo desde aquellos días? ¿Volví?
Ahora que miro esta planicie del cosmos,
es verano otra vez: motores detrás de la luz, la luz
como si para siempre, como
                                quien avisa “es así” ¿es así?
Soy el que, más papel que carne, gira
dentro de un cubo, ante una ventana. No estoy
                           en esta escena que creció a su modo
entre las ruinas de un planeta ocupado, ¿no estoy?
Papel o carne, me repito, arruinados, tratados mal,
desperdiciados no sé a cuenta de qué (saliva agolpada en
la boca, tensión en los músculos): no el alma, la carne, los
                                                     gestos que me hacen,
fuera de toda razón, de toda belleza, en mi fin.
Alas rasantes sobre un mediodía plúmbeo, palabras.



Abril (II)

El que escribió en lo alto una estrella, y ve
alta en la noche una estrella, ¿la misma?,
el que pronuncia estrella, el que pregunta
a qué escribir cuando todo está dicho, sabe
que no es verdad o se lo dice para
no enmudecer. Es-tre-lla, esa voz va tocando,
como quien da un paso y otro, las sílabas
¿para que no se apaguen? ¿para que
no se termine un mundo al que cantar?
                                                ¿Para tocar,
nada más, algo que, al ser tocado, cante?
Eslletra escribe estrull escribe esoquesigueahí.



Enero (IV)

Como arrojado por el
mar del mundo, un cuerpo,
respira, encallado
contra una puerta
de vidrio y metal.
Dilema del que
quiere entrar
(o quiere salir)
en lo político y
en lo moral.
Árida, la mañana
de verano
se demora
sin solución
(ni en lo político
ni en lo moral).
Sin solución, la
luz, entera,
de la mañana,
sobre todo.
Oscuro, enorme, un
cuerpo, arrojado
como resaca
de una mar, acá.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Dos poemas de Matías Heer


MORÓN, PARADOJA DE LOS GEMELOS

Camino a la par de un escarabajo.
Vamos lento por el sendero de tierra,
surcamos la dactilografía antigua
de unas camionetas y las nubes
evolucionan su genética hacia el sur.
En pocas pisadas, sin ningún esfuerzo,
me adelanto al escarabajo: él ya envejeció
su velocidad. Al cabo de quince minutos, 53 pasos,
estoy en la estación fumando un cigarrillo
que me llevó encender un par de movimientos
como buscar el encendedor en ocho bolsillos
y encontrarlo en el primero que revisé, errores
en los que el escarabajo fue sesgando su carrera absurda,
se dio vuelta por la sacudida de una bicicleta y ahora
mueve con ligereza sus patas y aquieta
su ritmo hasta abrazarse.


NEC VACUUM, TOUT PLENUM

Agarro un diente de ajo, casi no huele
lo aprieto, quiebro la piel seca
lo pelo y lo pico y justo ahí
una enzima, la alinasa, actúa
sobre la alina y la convierte en alicina
que, al perder su átomo de oxígeno,
se reduce a disulfuro de dipropenilo,
y apesta. Prendo la hornalla, llama
más azul que amarilla, poco monóxido.
Meto el ajo en la sartén, otro pedo,
polímero con cebolla y pollo
y el bisulfuro volátil del ajo se evapora,
por lo que ya no huele tanto. Lo salteo.
Espero, me corto las tumbas de celuloide.
Ya. Apago la hornalla y vuelco el salteado
en una fuente de vidrio, dióxido de silicio,
carbonato cálcico y carbonato sódico,
borato sódico…tsssssssssssssssssss…
                …una célula receptora del cerebro
envía un msje a la de óxido nítrico:
en tiempos de Tiberio un hombre llegó a su corte,
en Capri, traía un jarrón traslúcido en forma
de pato, “ajá, y entonces”, lo dejó caer,
se cubrieron las caras, el vidrio, sin embargo,
no se rompió. Tiberio, pues, preguntó de qué
estaba hecho, el hombre de la túnica blanca, sucia
sólo dijo “martiolum”. Silencio. Lo mataron,
destruyeron su taller, violaron a su mujer,
todo para resguardar las inversiones del palacio.
Marcabrú, también, dejó caer verso sólido
en palacios, y a la verga, lo mataron.
Eppurse muove. Tocan: es ella.
Atravieso el oxígeno del comedor desierto
hasta la puerta, abro, pasa, la miro,
el cerebro envía una señal al corpus cavernosum,
músculo esponjoso del pene, que libera
óxido nítrico que lo relaja y deja
que la sangre entre en los tejidos y lo hinche.
El mismo óxido nítrico de la memoria,
el mismo de los caños de escape.
La vida es la combinación adecuada.
Ella descubre que estoy al palo, veo
su vulva inflamada y el charco in crecendo
cual nubes montan montañas. Me pregunta
cómo le hago para estar siempre al palo
“buena memoria, Xotchil, buena memoria”
y comemos el salteado.

De 30.30: poesía argentina del siglo XXI (Editorial Municipal de Rosario, 2013)

jueves, 6 de noviembre de 2014

Tres poemas de Dirceu Villa


desinfectología

viva. los automóviles los decoradores pésimas fiestas & esos motivos de sonrisa
amarilla
viva. la increíble deprimente hostess lounge girl el día cinco o diez del mes
en q
te pagan
una
miseria.

viva. los granos de azúcar rondando de la cuchara al café el zapping
compulsivo
fafnir el kurupyra (q no borra las huellas) dibujados casi vivos en las sábanas

            es lo q te mereces por haber sido tan vago
            es lo q te mereces
            por haber sido              tan                 vago


¿Dónde estará Moby Dick?

¿Dónde están los arpones,
            dónde está el mástil, la popa,
la escotilla, la cubierta,
la proa al fin, el alto puesto,
de observar ballenas
que expulsan chorros de agua
por el cráneo?

Mi pierna, ¿estaría aquí?
—era parte de este cuerpo
            que ya no es parte de sí mismo.

¿Pero dónde están mis hombres,
            mi navío, dónde están mis botes,
mis barcos, dónde el oleaje,
            dónde estará Moby Dick?


courage de luxe

el mismo dios que te dio tus leyes en conserva papá mamá
te dio los trolos los putos las tortas
te dio las computadoras y las plagas de egipto
te dio manos y pies y un cuerpo perfecto
o te dio una serie de defectos en la metafísica y el cuerpo
el mismo dios que te dará al polvo y que te dio
la bomba en sueños floridos del pecado de oppenheimer
y que dio la llave para las puertas y las metáforas
el dios que se dio el nombre acaso o que se dio
todas las imágenes o el total vacío en una explosión sin sonido
al centro del universo
el dios que te dio tu estupidez crasa que se arrastra
de tu mente como los brazos de un orangután
que te dio parís para que parieras un asno por las calles
un asno al que se le dio el gorro frigio y frigide barjot
ese mismo dios uno solo y muchos
de un solo nombre y muchos
que te dio la patria el ejército y hippies desertores
la bolsa de valores y los juguetes de la ciencia poetas y platón
él que se acordó de darte una religión para que jugaras a ser dios
te dio el agua pura y cristalina y la contaminación
dulce veleidad romántico-amorosa una verga un argolla
o te dio los dos y te dejó albino como un dios en un triclinio
el dios que dio el deseo y el desánimo el intelecto las manos juntas en una plegaria
la sublimación que dio al darte como opción el poder garchar o pensar
ese mismo que se dio un nombre de mujer primordial gaya la alegre
ese dios que dio el sexo de los ángeles como en un lance de dados
que jugaba y sigue jugando bien al dar la duda
el dios que recibió a empédocles en el agujero más caliente de la tierra
sumergido con el coraje de cogerse a las montañas y el dios
que dio el cristo de regalo para la cruz
que te dio su imagen y semejanza
es bueno que lo recuerdes: a dios le gusta dar.

De Bicho de siete cabezas: selección de poesía brasileña contemporánea (Detodoslosmares, 2014)
Traducción de Martín Palacio Gamboa