miércoles, 10 de junio de 2026

Tres poemas de Osvaldo Bossi

 

IGLÚ

 

Un chico solitario

y miope, riega el patio

de tierra, y escribe.

 

Bajo la sombra de

un árbol, saca su cuadernito

de noche, de viento

 

y escribe. ¿Lo que dicen

los pájaros, si es que algo

dicen? ¿Lo que pasa

 

en su corazón? Adentro

en la cocina, bajo las chapas

de cartón, la casa hierve.

 

Pero si escribe, el mundo

de inmediato se enfría.

Como si estuviera en un

 

iglú. Es tan hermoso.

Si escribe, el árbol, el patio,

los hermanos, las tías, la madre

 

misma, desaparecen.

¿Para eso escribe, entonces?

¿Para estar solo?

 

 


ALLÍ DONDE ESTÉS

 

Mis hermanos

esparcieron tus cenizas

entre los canteros

 

de la plaza San José.

Ahí querías estar, al aire

libre, entre los niños

 

que suben a los

toboganes, bajo el sol

o la lluvia, de cara

 

al cielo. Ningún

encierro por favor.

No quiero

 

que me encierren

en una cajita

para siempre, decías.

 

Así estás mejor,

junto al pasto, entre

las flores. ¿Pero estás,

 

estás ahí realmente?

Y si es así ¿por qué

no voy un día

 

a visitarte

y te converso un poco?

Madre, muchacha mía,

 

niña sola. No vaya a ser

que estés ahí, y en medio

de los largos días

 

me estés esperando.

Si es fría la vida

a veces, no quiero

 

imaginar lo que serán

tus noches allá

en la plaza vacía, sin

 

tele, o un plato

de comida sobre la mesa

o la llama del calentador…

 

¿Quién puede decir

que tiene una respuesta

para todo, incluso

 

para esto? Pero lo mío

no es arrogancia, es

miedo. ¿Y si no estás?

 

Ni en la placita San José

ni en ningún

otro lado? ¿Y si salgo

 

a buscarte

como un niño asustado

entre las flores?

 

 


OFICIO DE TONTOS

 

Siempre supe que era un tonto.

Que la juventud, la belleza

no eran para mí. El corazón

abriéndose una y otra vez, sin

 

ninguna clave de seguridad.

Si fuera inteligente, si fuera incluso

sabio, no escribiría poemas.

La poesía es para los tontos.

 

Solo ellos hacen sonar su tonta

musiquita. Pasa una mosca volando

y ya están ahí, cantando no sé

qué canción. Sobre todo ahora

 

que la poesía está en cualquier parte.

Un frasco de mermelada, una canilla

abierta, las uñas crecidas del amado…

En fin, nada se salva de su obstinada

 

guitarrita. A veces creo que es una

bendición, pero también lo contrario:

no ver las cosas como las ven

los demás. O verlas como si estuvieras

 

con una copita encima, siempre.

Para los piolas, la fama y el dinero.

Para los tontos, la poesía pequeñita

y hermosa de Sandro Penna… Es que

 

los poetas piensan con el corazón

o no piensan nada. Alegres o trágicos.

O ni una cosa ni la otra. Encienden

una lámpara en el fondo del mar. No

 

saben nunca dónde dejaron las llaves.

Pero descubren ecos, correspondencias

secretas, entre su casa y la panadería.

Ahora bien, si tenés sed, no le pidas agua

 

a un poeta. Te escribirá un poema

sobre el agua, tan fresco y reluciente

que te dará más sed. Si no fuera así, no escribiría

poemas. Porque la poesía es para los tontos.

 

Una persona razonable no escribe, en

medio de la noche oscura, versitos.

Mirame a mí. Te fuiste para siempre

con tu bolso y tu látigo, y aquí estoy:

 

contando, como un niño, las sílabas.



De Agüita clara (Gog & Magog, 2020)

No hay comentarios:

Publicar un comentario