martes, 30 de diciembre de 2025

Horacio Castellanos Moya - Fragmentos de Cuaderno de Tokio

 


La sensación de estar untado al pasado, cual mantequilla rancia sobre pan viejo.



El hotel está ubicado al pie de la colina de Shibuya, en cuyas empinadas callejuelas pululan los llamados “hoteles del amor”, y también bares, discotecas, restaurantes, sexshops. Veo pasar a parejillas tomadas de la mano. Mi entrepierna suspira.



La literatura como oficio de hombres desesperados es la que cuenta.



En la noche, mientras duermes, alguien te usa. Te das cuenta en la mañana, al despertar: has sido usado sin tener conciencia de ello. Alguien te ha succionado; alguien te ha penetrado. Pero has dormido solo, con la puerta bajo llave.



“Un hombre debe tener muy firme en su mente que la muerte está siempre amenazando, y nunca ni por un solo instante olvidarlo”. (Yoshida Kenkō)



Qué grosería: dicen que Andrómeda tiene cien mil millones de estrellas y yo aquí tan solo. ¿Y si repartiéramos las estrellas de Andrómeda entre los seis mil millones de seres humanos? Nos tocarían quince estrellas a cada uno, y aún sobrarían diez mil millones. Con quince estrellas para mí solito quizá yo me sentiría mejor, con más luz, mejor humor y la tranquilidad de ánimo de tener quince estrellas a las que contemplar, a las que escuchar. O quizá no, quizá mi ansiedad sólo crecería, temeroso de que se me pierda una de las quince estrellas, o de que me abandone y se vaya a otra galaxia, o quizá más bien me carcomería la envidia, porque las estrellas de mi vecino pudieran ser más brillantes de las mías.



Tanto esfuerzo del espíritu para tratar de conseguir una recompensa de la carne. Idiota.



Noche de escritores en la embajada mexicana. Dos de ellos se presentaron como discípulos de Octavio Paz. No heredaron su talento, sólo el amaneramiento en la voz y los gestos.



Aunque sepas que el mundo es una ratonera, que estarás atrapado hasta tu muerte, lo único que le da sentido a la vida es siempre tratar de escapar, vivir la ilusión de que no te has dejado atrapar.



Viernes 13. Eres carne y gravedad. Lo demás es ilusión.



De Cuaderno de Tokio (Hueders, 2015)

lunes, 29 de diciembre de 2025

Siete poemas de Enza García Arreaza

 



cuando era niña

temía una invasión alienígena

aullaba en secreto cada vez que pensaba

en la nave nodriza

y además quería cogerme

a Fox Mulder

 

quizás por eso al mismo tiempo

temía que llegaran los hombrecitos verdes cabezones

o mis abuelos muertos a castigarme

con fuego eterno

porque había descubierto

mi centro de gravedad entre labios mayores

 

qué infeliz era

dios mío

gordita y libidinosa

hija de pobres y taciturna

además creía que era muy bruta

y que jamás obtendría un empleo en el FBI

 

 



quiero escribir un poema

sobre la utilidad de Brodsky en la vida real

 

pero antes debo revisar

cuántos dientes le quedan a mamá

primero tengo que suscribir

la belleza de un huevo hervido

y alimentar a un gato inútil y elástico

primero debo soltarme de papá

que habla

como si nunca hubiera tenido gonorrea en 1977

 

 



el hombre polilla me visitó anoche

mis padres ni se inmutaron y siguieron dormidos

desde entonces veo el futuro

es una cosa de algas que te ilumina

por dentro

y asesina a tus más lindos cachorros

 




papá solía dejarme en el carro

para que le cuidara el carro

se suponía que los ladrones

no se molestarían demasiado

en robarse un carro

si tenía una niña adentro

no es como si pudieran matarme

o llevarme con ellos

era como si yo fuese

algo importante y repelente

supongo que mi padre quería entrenarme

para ser un amuleto

 

 



mamá me roba la plata el sueño los gatos me roba los novios mamá se

queda con todo y tose mamá nunca se muere mamá quiere zapatos nuevos mamá

siempre sospecha mamá jode más que un carro viejo mamá nació para embrujar la casa

mamá fue bella y coge candela y no tiene futuro mamá se mueve como una medusa

químicamente pura y sin arco narrativo pura estela mamá acosa a los pájaros ignora los

planos celestes y asedia mamá escarba puja muge flota en el reverso y mata el arcoíris

     por

la cabeza mamá come culebras y afianza un imperio mullido mamá teme a la justicia y de

noche dice que el Miguel arcángel le pasa mano mamá aguanta la lluvia nuclear y decide

quién puede dormir

 

 



orhan está entrenando a lolita en el arte de la guerra. Los vi venir

desde las tejas de la casa vecina. Se comieron un grillo entre los dos y luego el sultán

lamió la cabeza de su blanca aprendiz. Envidio esa repentina comunión. Mis gatos saben

que pueden confiar el uno en el otro. Tienen un mundo donde yo no existo.

 

 



quiero tocar tu pelo

seas quien seas

quiero que las leyes del universo

me hagan insignificante

 

jajaja mentira

 

quiero despertar millonaria en Estambul

que a mamá no le falte nada

y que aparezcan

ballenas bonsáis

que uno pueda criar en una pecera junto a la cama




De Cosmonauta (La Poeteca, 2020)