miércoles, 13 de noviembre de 2013

Carl Amery - El pez guía amputado

(fragmentos)

¿Cuán demoníaco era Hitler?

Ya de por sí la pregunta resulta sospechosa. Da a entender que el que la formula desea esconder un punto débil en su pasado político y que lo hace de un modo mítico-místico. Hay una anécdota del teólogo suizo Kart Barth, al que al parecer otros religiosos aseguraron después de 1945 que al encontrarse con Hitler creyeron estar viendo los ojos de Satán. Barth se echó a reír y les espetó que no querían admitir que políticamente habían sido unos necios.
   Y sin embargo, el muy serio Rüdiger Safranski no ha sido el único en redescubrir el “mal” absoluto como elemento de descripción útil. En el caso Hitler, la fórmula demoníaca al menos nos circunscribe a la pregunta: ¿cómo pudo ocurrir que la mayoría del pueblo alemán llegara a reaccionar ante este personaje, que fue un don nadie durante treinta años, con esas orgías de delirio?

*

  Propongo  que nos aproximemos a la cuestión de lo demoníaco desde una perspectiva de historia del arte, lo que nos permitirá una mayor libertad. ¡Consideremos por ejemplo las diablos de Jerónimo Bosch! Esos trémulos monstruos son muy variados, pero tienen una cosa en común: no están completos. Su terror, el espanto que que irradian es el de un ser tullido, incompleto, reducido a una mecanicidad monomaníaca. Y a eso, a la deformidad, tiende en último término, a mi entender, el carácter demoníaco de Hitler (en caso de haberlo).
  Pero, ¿qué le faltaba? ¿Cuál era su hándicap decisivo, e infernal en sus efectos? Aquí nos servirá un ejemplo extraído de la biología experimental.
  Hace años leí algo de un experimento que se hizo con peces de cardumen, esos diminutos seres brillantes que nadan en bandadas de a cientos, a veces miles, y que en un instante cambian de dirección conjuntamente: nudos en una red invisible de relaciones que parece vivir y funcionar como un supraorganismo. Los investigadores llegaron a aislar el cordón nervioso que les permite hacerlo: transcurre paralelo a sus flancos. Y, con la curiosidad falta de escrúpulos propia de la ciencia, extrajeron el vital órgano de la empatía a uno de ellos, convirtiéndolo en un lisiado. El pez maltratado, incólume exteriormente, fue devuelto entonces al cardumen natal y, se convirtió en pez guía.  
  Lógicamente, pues, como no percibía señales y sus miles de compañeros nada sabían de su estado, consideraron que sus decisiones solitarias, que ya no respondían a la conocida determinación colectiva, eran ejemplares. Únicamente él, secretamente lisiado, parecía saber por dónde ir, cuál era la derecha, la izquierda, el camino hacia arriba o hacia abajo, aunque en realidad no respondía más que a un impulso ciego, autista.

*

  Sí, él era el pez amputado que ya no percibía señales correctoras, el que únicamente seguía sus impulsos más oscuros. Y el gran cardumen alemán, desorientado por la derrota de la Alemania imperial, que trataba denodadamente de adaptarse a una paz democrática sin anexiones basada en los Catorce Puntos de Wilson, experimentó acto seguido la derrota de Wilson en Versalles y la llegada de una despiadada paz impuesta, con lo que se vio inmerso en aguas ignotas, frías y desiertas. Confrontado con formas hostiles, casi mortales de crisis económicas, desorientado hasta la médula, percibe la imparable rabia con la que este autista se lanza a lo desconocido, lo considera el poste indicador de la providencia, la salida de la miseria, la promesa de un futuro aún inimaginable, pero en cualquier caso glorioso. Y los haces nerviosos de estos millones de seres se acoplan a él.     


De Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?
Traducción de Cristina García Ohlrich 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Steinar Opstad - Los perros en Khao Lak


LOS PERROS EN KHAO LAK

26 de diciembre de 2004

Los perros olfatearon la marejada
y corrieron hacia lo alto por las laderas de la montaña
Miles de humanos murieron
pero ni un solo perro

Veinticuatro horas después vagan los perros
entre las ruinas del hotel de la playa
tan calmados como horas antes
de que la ola inundara la ciudad


Traducción de Vitza Manrique Langseth

domingo, 10 de noviembre de 2013

Tres poemas de Juan José Rodinás


LOS APRECIADOS OBJETOS O ESTA CANCIÓN HUMANISTA

Nadie me espera, ni en mí, ni en ningún lado, lo que hay
es una bola de boliche rodando escaleras arriba y,
en un ejercicio de precisión mecánica, una turba de boxeadores
especulan con el precio de mi rostro apoyado en la nieve.
¿Tan poco hemos avanzado en la vida? Tango ufológico
practicado con las metodologías de una bala
cuya autopsia hemos acompañado con nombres propios:
Wendy o Joy, las marcianas en prosa. Una práctica de nudos
tejidos con neuronas y cuyo dorso es un paramecio tranny
que vuelve siempre hacia algo que ya no existe.
Los recuerdos queman, pero sobre todo te practican
un mal corte de pelo que no te deja dormir en la noche. En rigor,
también un odio como una máquina cumbiera y logarítmica
cuya respuesta es siempre el número que no apostaste.
¿Dónde será d’ir mañana? El tiempo se vuelve la piel
de un animal oblicuo y, más que impronunciable, inútil.
¿Quién nos regresará el sol de un tiempo refregado contra la lija
de las palabras muertas, de los rostros olvidados? No existe
abrazo alguno que haga bailar reggaetón a una piedra producida,
trabajada desde el eje del miedo. Habrá que llorar si se sabe
la clave electrónica que dice: llanto que avanza del centro inmóvil
hacia las afueras de una vida como un hostal campestre. Canastas
para comer sándwiches y cocacolas del tiempo (no en el tiempo).
Los instantes se descuelgan como la melena de un clavadista que,
debajo de la piscina estoica (o del sueño), se descubre como un orfeo
traducido al húngaro e indigno de un comic neonazi
elaborado muchos siglos después (de qué, quién sabe). La verdad
es que no estar hubiese sido más exacto que tanta carrera con vallas
donde el velocista arrastra su cabeza con las manos y le pide
a los ojos que rozaban la pista mostrarle algún camino
o, al menos, recordarle que nada tiene sentido alguno.
El modelo de la tierra puede aliviar al viajero promedio,
pero los menos vivos sabemos que cualquier recorrido se explica
como una masa apachurrada luego de un pogo con tijera en mano
cuya basura nadie vendrá a retirar por ti.   


PASAPORTE: ESOS AVIONES DE GUERRA SOBRE ISLANDIA

Al mirar en su rostro pensaba: amor + nunca también es un lugar:
una aguja vista de cerca para pensar los improbables.
Entonces, algún sentido tiene ejercer presión en el lenguaje
para encontrar las cosas, para decir las cosas en un círculo,
en círculo entusiasta sobre un yate abandonado
sobre una pista de hielo, junto a árboles de diseño surtido.
Silvana escribe: te enviaré postales desde un sueño que no habría tenido,
aunque lo tuve. Adiós, galerías donde los dibujantes elaboran tu retrato
para un film de largo aliento. Adiós, maquetas de ciudades
que se habrían fabricado lejos para un nosotros que se fabrica cerca.
En cualquier caso, un sueño donde se anticipó el adiós
en forma de una pareja de hombres calvos que miraban planetas,
abrazados, en una habitación con techo transparente al cielo.
Ahora, de momento, no hay nada muerto, pero Silvana
anticipa en sus labios lo que podría suceder: el abrazo nuclear para dos
sobre el viaducto del tiempo: un hombre enamorado de otro,
llorando: las almas se fabrican de manera industrial
y lo que existe es un vacío  donde nadie sabe, ni recuerda.
Nada sucede en mí, pero ciertos animales huyen 
porque saben que algo se esparcirá en muchas direcciones 
& que —de todo esto— apenas resistirá el polen amarillo de ciertas flores.
No hay método para entender la vida con personas,
pero tampoco en objetos, ni en nada que no sean palabras,
aunque tampoco las palabras saben mucho de la vida.
Quizás hay algo que puede revelarse, entre colinas y colinas
frente a un puente que nada une y permanece allí sobre el desierto.
La llave de una muñeca rota que no existe en el mundo
—& no es del mañana— sólo se puede desarmar en un lenguaje
que no existe, pero que traga todos los lenguajes
hacia un mundo vacío donde puede extinguir el mundo acumulado
desde un globo rojo que ahora se desprende y luego brilla.


BALADA PARA UN PERDEDOR ABSOLUTO EN VERSO RELATIVO

La madrugada es un niño rodando colina abajo
en mi cabeza que rueda colina abajo & cielo arriba abajo
donde se muele mi rostro de piedra sobre mi rostro de hueso.
De hecho, no sé si pienso esto que pienso: fracasé y soplé
y coloqué mi torso sobre una cancha de sangre
donde se acumulan los órganos del hombre que ya no pude ser,
que no sabría. Sobre el plumaje de un búho en el desierto,
las mujeres que no tuve, las que anhelé en la lluvia,
recorren un hospital psiquiátrico donde disparan
contra el laberinto vertical de mi cabeza rapada a los 16 años.
Esta muerte donde las islas de viento soplan
sobre los carrizos de agua de mi rostro quemado
en un pasaje directo hacia los huesos. Sin gracia, niño gris,
hombre concreto (la versión tangible de otros, esos sí,
triunfadores y etéreos, pero también hueco, vacío,
hambre de fondo, línea de arrastre de un símbolo inundado,
concreto máquina poema hombre poema cicatriz).
Y nuevamente herida. Nadie que me elija me elegirá.
Tengo el doble de años y una niña de niebla me esconde
bajo su mano (soy quien le venda su rostro,
quien la tortura sin que ella lo sepa para así comprenderla).
El cielo esplende como la copula masiva de un enjambre
de abejorros azules + la velocidad de las células
amarradas sobre mis ojos: hay avisos de curva que no hay.
Hoy, 6 de julio de 2012, mi alma es una cabeza rapada,
un desierto de neuronas sobre una isla de caballos
cosidos contra una nube de seda. Mamá, ya olvidé
cómo se escribía mi nombre. La escuelita de mi muerte
se abrasa con demasiados rostros desconocidos,
saludos cordiales, la desesperación de un animal
por convertirse en polvo.


 De Anhedonia (Gamar Editores, 2013)

domingo, 3 de noviembre de 2013

Yves Bonnefoy - Fragmentos de Lo improbable


La verdad, antes de ser un reposo es una larga violencia. Y el discurso sin peligro es sobre todo una retórica, es decir, una mentira, defecto con mucha razón reprochado a la poesía.


La mentira del discurso es que suprime el exceso. Está ligado al concepto, que busca en la esencia de las cosas que sean estables y seguras, purificadas de la nada. El exceso es el desmoronamiento de la esencia, olvido de sí y de todo, alegría así como sufrimiento por la nada.

*

El concepto oculta la muerte. Y el discurso es mentiroso porque saca del mundo una cosa: la muerte, y así anula todo. Nada es sino por la muerte. Y nada que no se pruebe con la muerte es verdadero.
  
*

¿Qué es la presencia? Seduce como una obra de arte, es salvaje como el viento o la tierra. Es algo negro como el abismo y que sin embargo tranquiliza. Parece un espacio entre otros pero nos llama y nos contiene. Y es un instante que va a perderse mil veces, pero que tiene la gloria de un dios. Se asemeja a la muerte…

*

Stéphane Mallarmé demostró el fracaso del antiguo movimiento de esperanza. Ya no podemos desconocer que no se puede escapar por el habla a la nada que devora las cosas después del Golpe de dados que ha celebrado lo irremediable.  

*

Una “teología” negativa. La única universalidad que le reconozco a la poesía.


De Lo improbable
Traducción de Silvio Mattoni

miércoles, 16 de octubre de 2013

Eduardo Padilla - Delta

DELTA

El domingo bajamos hasta el delta
con la idea de asistir a un matrimonio arreglado
entre dos antípodas.
Compraríamos víveres,
venderíamos pieles,
pasearíamos por la plaza a la hora desierta
y ajustaríamos el reloj de mi padre
con el reloj de la iglesia.

En algún punto del río llegamos a un remanso.
Un pato azulón nadaba junto al bote
con la magia particular de los patos,
esa forma de andar fácil sobre el agua.

“Qué pato tan guapo”, decía Sarah, mi hija,
mientras yo miraba absorto la estela
y asentía mansamente.
Años después Sarah me escribe para contarme
del fenómeno de la necrofilia homosexual
en el Anas Platyrhynchos.
“Uno de cada diez patos azulones es marica, y una lo entiende,
pues si te fijas, las hembras del ánade real son aburridas e insípidas,
su color es marrón, sin ese collarín blanco tan dandy que tienen los machos,
sin esa cabeza azul de ensueño. Leí también
que el pato azulón a veces coge por la fuerza, que de hecho
la violación es común y frecuente,
y que muchos de los estupros se dan en el aire
(me voy a hacer un tatuaje que diga
The canard may give a flying fuck, but I don’t).
En Holanda un hombre de ciencia
estaba ocupado escribiendo un ensayo
cuando dos patos azulones chocaron contra su ventana.
Los dos eran machos.
Al salir a observarlos el hombre dedujo que uno de los patos buscaba amor
al momento del choque,
mientras que el otro le huía;
ahora uno de ellos estaba muerto
mientras que el otro le picoteaba la cabeza.
Al comprobar que el otro estaba inmóvil y pasivo,
como los muertos bien suelen estarlo,
el pato activo montó el cadáver con gran energía,
soltando graznidos a metralla,
y desplegó su plumaje con pompa solar
como si estuviese posando para una insignia
o para la contracara de una moneda.”

El pato azulón nos acompañó hasta que el río dio un nuevo giro,
y las aguas retomaron su vivo pulso.
Sarah y yo bromeamos sobre la cola metronómica del pato
y observamos su estela disolverse en la nebulosidad del bosque.
A media tarde llegamos a las orillas del pueblo,
donde el violeta de las flores
y el rojo de los ladrillos
anunciaban la mundana muerte y resurrección
de todas las cosas.

De Blitz (filodecaballos, 2013)

sábado, 5 de octubre de 2013

Cuatro poemas de Alda Merini


 HUIDA DE LOBA

A quien me pregunta
cuántos amores he tenido
le respondo que mire
en los bosques para ver
en cuántas trampas ha quedado
mi pelo.


Traducción de Delfina Muschietti


NUESTRO TRIUNFO

El pie de la locura
está manchado de azul.
Con él hemos emigrado
por montes de ascensión;
el pie de la locura
nada tiene de divino
pero la mente nos lleva
por las pendientes blancas
donde llora la nieve,
            medra el saúco
            gime el cordero.
Hemos cruzado puentes,
examinado reglas,
y cuando la oscura sombra
del delirio gravitaba
en la profunda nuca,
inclinábamos la cabeza
como ante una ley;
y hemos promulgado
la ley mosaica
desactivando minas
en altiplanos prohibidos.
Nuestro triunfo
baja de las montañas
como enorme cascada,
y nos hemos quedado
igual a aquellos ángeles
a quienes en un día de aurora
les brotaron alas.


ASEO

El triste aseo en la mañana,
cuerpos decepcionados,
carnes decepcionantes;
el negro hedor de las cosas infames
en torno al lavabo.
Oh ese temblor de carnes obscenas
ese oscuro frío
y la caída inhumana
de una enferma en el suelo.
Atolladero que la estratósfera
nunca conocerá, esta infamia
de cuerpos desnudos que arden
bajo la luz atávica del hombre.


Acaso es preciso que nos pique
            una abeja venenosa
            para enviar mensajes
            y rogar a las piedras
            que te iluminen.
            Por ello he bajado
            a los jardines del manicomio,
            por ello entraba en la noche
            a los recintos vedados
a robarme todas las rosas,
y luego…
antes de morir en mi día
o en mi noche, larga noche
de soledad ausente,
oh devastados jardines
donde sola vivía
porque luego estaría
aún muerta de horror;
pero en la noche, oh la noche
en los jardines del manicomio
donde a veces hice el amor,
en una gruta horrenda,
con un desesperado como yo.


Traducciones de Guillermo Fernández

jueves, 5 de septiembre de 2013

Dos poemas de Mark Strand


XXX

Hay un camino que cruza el desfiladero,
un río junto al camino, un bosque.
Si hay más, aún no lo veo.

Puede decirse, sin embargo, que ha sido
un siglo sorprendente cuando menos para la moda;
las valientes modelos retienen las lágrimas

al pensar en los millones de judíos y serbios
asesinados por Hitler. El fotógrafo mantiene firme
el pulso mientras reflexiona

sobre los mujiks despachados por Stalin.
Subieron y bajaron las faldas. Los pechos se estilaron
y pasaron de moda, cambió el largo del pelo.

Pero el camino que serpentea en el desfiladero
está cubierto de nieve y el río fluye bajo el hielo.
Los esquiadores se mueven, como los secretos,

entre los árboles del bosque aprisionados en cristal.
El día forma una fabulosa jaula de frío alrededor de mi cara.
Cada vez que respiro escucho algo quebrándose.    


XXXII

Acá, disminuidos por las montañas y un cielo de fuegos
y rocas redondas, en la academia de las revelaciones
cada año más pequeña, nos vemos por fin

como algo menor y nos disgustan la ostentación
de la abundancia, las descripciones increíbles, pues basta
una  simple naturaleza muerta –rosas en un vaso de azur.

La idea de ser grandes es inconcebible aun después
de almorzar con Harry en el Lutecia. Aun después
de leer  La muerte de Virgilio. La imagen de un dios,

de una persona platónica que no respira ni sangra
y alumbra cuartos enteros, continentes enteros, como el sol,
no va con nosotros. Tenemos un creciente apetito de minucias,

de un pedazo de nosotros, de un trozo del mundo;
de un entendimiento siempre inconcluso, fragmentado,
con grandes imperfecciones, con tal que dure.



 De Puerto oscuro
Traducción de Elisa Ramírez Castañeda