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martes, 27 de octubre de 2026

Eliot Weinberger - Abejas

 


La guerra comenzó en el frente occidental en agosto de 1914, cuando los alemanes invadieron Bélgica con el propósito de avanzar en la conquista de Francia. En Fraimbois las tropas detuvieron al cura del pueblo y prendieron fuego a las colmenas a su cargo. Cuando el cura preguntó por qué había que destruir las abejas, el oficial al mando contestó: «¿Qué esperaba? Es la guerra».

 


En el campo de batalla, las moscas revolotean por los cadáveres, pero las abejas vuelan sobre ellas, pues las abejas son almas.

 


En los libros de emblemas del siglo XVI, conocidos por el poema «Adiós a las armas» de George Peele, las guerras han terminado, el soldado ha podido envejecer con fortuna y la imagen de la paz es que «ya su casco hará de colmena a las abejas».



En Asam los muertos se transforman en abejas, salvo los niños fallecidos en la infancia, que se convierten en moscas en el mundo de los muertos. En Timor, los príncipes y los guerreros se vuelven abejas. En Borneo, las abejas se transmutan en personas, se casan con personas y se transmutan de nuevo en abejas.

 


En el Paraíso de Dante los ángeles revolotean como abejas.

 


Las abejas han de ser informadas de los hechos familiares relevantes, sobre todo de las muertes. Era habitual que las colmenas se cubrieran de negro o se giraran, que se dejara comida del velatorio o se enterrara un retal de la ropa del difunto frente a ellas. Se decía que, si no se avisaba a las abejas, morirían todas o abandonarían la colmena en busca de su dueño. Los apicultores solían sentarse junto a la colmena a leer cartas de la parentela ausente.

 


La especialista en abejas, Hilda M. Ransome, informa en 1927: «Hace poco, una mujer de Sussex dijo que la muerte de su bebé se debió a que había olvidado hacer partícipes a las abejas de su nacimiento».

 


Emily Dickinson:

Aún no tengo la fuerza

de anunciárselo a la abeja

 


Jonet Watson de Dalkeith era una bruja. En 1661 declaró que satanás se le había aparecido como un apuesto joven vestido de verde y con sombrero negro, y le había dejado una marca en el hombro. Al cabo de unos días, mientras se quitaba la ropa, una abeja singularmente grande se posó en la marca.

 


Los marineros escoceses sabían que si una abeja aparecía en su barco era una bruja.

 


El incesante murmullo de las abejas judías es el nombre secreto de Yahvé.



De Ensayos elementales (Anagrama, 2026)                                                                     Traducción de Aurelio Major

miércoles, 21 de octubre de 2026

Joseph Ponthus - Al matadero

 

Al matadero

Voy como quien va

Al matadero

 

Es quizá la culminación el paradigma la síntesis el símbolo e incluso

mucho más de lo que puede ser

La industria agroalimentaria

 

Sin embargo

Lo único que hago es limpiar de noche una cámara de despiece

porcino

Imagino que los despiezadores intervienen después de que los

matarifes hayan hecho su trabajo

 

El pescado las caracolas los platos precocinados y todo lo demás de

otros tiempos se me antojan hoy inofensivos majetes simpaticones

Aunque el curro fuera jodido

 

Aquí mi tarea consiste en limpiar una cadena de despiece

Quedan solo las huellas de la faena de la jornada de los obreros

Llego yo con mi manguera

Todo está rojo de sangre y blanco de grasa

Aplico el chorro a presión del prelavado

Un compañero aplica la espuma que lava

Yo enjuago

Un compañero aplica el producto que lava sin hacer espuma pero

que nos obliga a usar máscaras de gas debido al olor y al peligro

Vuelvo a enjuagar

Pulimos

Ponemos orden

Fin del tajo

 

La empresa de trabajo temporal me llamó a las cuatro y media de la

tarde del lunes para una colocación ese mismo día a partir de las

ocho

 

Como en todas las demás fábricas

A nadie le importa un pito quién sea yo

Dos brazos y sanseacabó

Nunca he agarrado una manguera de limpieza industrial

No sé ni limpiar mi casa

No pasa nada

 

La factoría es inmensa

Monstruosa

 

Un jefe me dice

«Cámara de despiece porcino»

Lo sigo

 

La puerta se abre

Y

La sala me parece tan grande como la totalidad de cualquiera de mis

antiguas fábricas

Sangre

 

Por todas partes

Lo primero

La sangre

Mis ojos tratan de comprender la disposición de la sala y sus

espacios

Y veo

Jirones de cochino

Por todas partes

 

Y no solo jirones

Caretas costillas manitas y grasa de cochino tan característica

Por todas partes

Me digo

Pero qué te pensabas alma de cántaro

Te han dicho que tendrías que limpiar un matadero

 

El jefe me entrega una manguera

Me muestra una parte de la línea de producción

Y me dice

«Tu área será esta

Hasta dentro de dos horas que otro tío aplicará la espuma»

 

Pongo en marcha la manguera

Este trasto es una pesadilla

Me aplico

Intento ir todo lo rápido y bien que buenamente puedo

Vuelve el jefe

Obviamente la estoy liando parda

 

Trago sangre

En sentido literal

Y la noto en la boca

Sangre de cochino

Aspersión y salpicaduras del chorro a presión

 

Durante la pausa en el vestuario

Espejos muy viejos y deslucidos

Cada uno se mira y se limpia en silencio

Unos compañeros de limpieza cuentan que en el espacio donde

trabajan ellos

Los del turno de día no han quitado su mierda

Comprendo al hilo de la conversación que ellos limpian el lugar

donde los animales esperan antes de ser sacrificados y que cuando

hablan de mierda lo hacen en sentido literal

Me considero afortunado con mi sangre de cerdo

 

Creo que he limpiado bien

Pero con eso no basta

 

El jefe comenta que me he dejado un trozo de grasa translúcida del

tamaño de media tira de beicon en un engranaje oculto por una

placa

 

Las puertas se abren

Veo

Cientos y cientos de cochinos colgados

Cochinos despiezados de todas las maneras bajo todas sus formas

Y muchas más cosas que me mortifican cuando cierro los ojos

 

Los compañeros me enseñan el trabajo pacientes y resueltos

A mí el inútil de la limpieza

Y me ayudan fraternalmente cuando el jefe no está

 

Cuando terminamos

Vuelvo al vestuario

Me lavo la cara otra vez

Me lío varios cigarros en el infinito pasillo que te saca de la fábrica

Cojo el coche

Pongo la radio muy alta a toda pastilla con canciones como Viande

de Mon Dragon Ville Portuaire de Taulard o Correspondance de Pour

X Raisons

Circulo en la noche para reunirme con mi esposa que duerme

El perrillo sale de su letargo y me hace fiestas

Me olisquea todo el cuerpo

Lo saco a pasear

Con trocitos de salchicha en el bolsillo por si hace pipí y caca en la

calle

Las cuatro de la mañana

La ciudad duerme

 

Ha cumplido y se merece sus trocitos de salchicha industrial

Tengo hambre y me zampo una salchicha que ha quedado

 

En menos de una hora los matarifes entrarán a trabajar

Yo me habré reunido con mi esposa

Y empezará mi noche


De Desde la línea (Siruela, 2021)                                                                                 Traducción de Regina López Muñoz

domingo, 4 de octubre de 2026

Clarice Lispector - Aforismos encontrados

 


Me entrené desde los siete años para tener un día la lengua en mi poder. Y sin embargo, cada vez que voy a escribir, es como si fuera la primera vez.

 


No doy pan a nadie, sólo sé dar palabras. Y duele ser tan pobre.

 


Cuando no estoy escribiendo, no sé cómo se escribe, así de simple.

 


Escribir siempre me ha sido difícil, aunque partiese de lo que se llama vocación. La vocación es diferente del talento. Se puede tener vocación y no tener talento, es decir, se puede ser llamado y no saber cómo ir. 

 


El arte no es pureza, es purificación, el arte no es libertad, es liberación.

 


Pero ya que hay que escribir, que al menos no aplastemos con palabras las entrelíneas.

 


¿Quién me obliga a escribir? El misterio es ese: nadie, y sin embargo la fuerza me impele.

 


Me sentía peor que una mendiga porque ni siquiera sabía qué pedir.

 


Haber nacido me ha estropeado la salud.

 


Todo escritor es un actor innato. En primer lugar, representa profundamente el papel de sí mismo.

 


En todo, en todo tendrás a tu favor el cuerpo. El cuerpo está siempre a nuestro lado. Es el único que, hasta el fin, no nos abandona.



De Todas las crónicas (Siruela, 2021)                                                                           Traducción de Elena Losada y Teresa Matarranz